El 3 de 3… Carmen, Denisse y Carlos

denisse

La periodista Carmen Aristegui y su equipo de investigación lanzaron –la noche del domingo pasado- una nota sobre el plagio en que incurrió un estudiante llamado Enrique Peña Nieto, al momento de presentar su tesis para titularse en una universidad privada.

El problema –al margen de que el plagio es una acción deleznable y además un delito- es que aquel joven dejó de ser cualquier muchachillo tramposón y hoy es presidente de un país. El nuestro.

Un país en el que –hay que decirlo- buena parte de los universitarios hace lo mismo e incluso, paga porque otros elaboren sus trabajos o de plano compran la tesis hecha en sitios perfectamente ubicados en los que se falsifican hasta actas de nacimiento.

¿Mal de muchos, consuelo de tontos? No. Simplemente habría que revisar nuestra doble moral.

Recuerdo que un maestro de la Septién –allá en la CDMX- nos contaba que supo de casos, en universidades privadas –sobre todo- en los que había alumnos que entregaban trabajos a los que anexaban –para dar la impresión de mayor volumen- fragmentos de novelas, cuentos y hasta fotocopias de historietas.

Por supuesto quienes eran descubiertos, quedaban reprobados. Pero la sola acción, el solo intento, ya nos dice mucho.

En Cancún, en una universidad carísima y de alto prestigio, había estudiantes que para sus trabajos sobre recuperación de playas, en la carrera de Comunicación, entregaron como su análisis, las copias de boletines de prensa de la Semarnat… sí, sí, con todo y fecha, dependencia y hasta folio.

La anécdota nos la confió un escandalizado colega que dio clases ahí y prefirió abandonar la escuela, imposibilitado para reprobar a sus alumnos que, eso sí, se esmeraban en la carátula de los trabajos, colocándole corazoncitos, colorcitos y detallitos cool.

Y pensar que alguno de ellos pudo o podría llegar a ser alcalde, diputado, gobernador… Peña logró ser presidente.

De no haber obtenido su título profesional –a través de un texto que se nutrió del robo de ideas de otros autores, plasmadas en otros libros- quién sabe si Enrique, hubiera podido ostentar, 25 años después, el cargo que hoy ocupa.

En un país lleno de tramposos, que ve en la tranza una habilidad plausible para salir del paso y demostrar que se es más listo que los otros, el pecado del joven Peña abona a la vergüenza nacional, tolerada o normalizada, pero hasta ahí. Dará para eternos memes, eso sí.

Cambiar para no cambiar…

Vámonos con Denisse, quien se estrenó anoche como la primera mujer periodista en ocupar el noticiario estelar de Televisa. Una silla vetada para las mujeres durante 45 años.

Bueno, eso es lo que nos vendió la empresa de Emilio Azcárraga Jean, como parte de la evolución de la televisora, la nueva imagen y los “riesgos” a tomar en la crítica transición que experimentan los medios de comunicación en México y en el mundo.

Lo que yo vi fue un noticiario reducido, en tiempo y lucimiento. Le quitaron media hora y con ello, la posibilidad de cumplir con el contenido que Maerker busca ofrecer según sus palabras: Más narrativa, contexto, análisis, reportajes. Incompatible con 30 minutos de duración que, efectivos, deben ser quizá 20, descontando comerciales.

Desinflar ese espacio, pareciera llevar la intención de inflar otro. Carlos Loret fue colocado –sí, con media hora menos, pero con dos horas y media suficientes para desplegar su conocido talento y frescura- como la opción real para informar desde temprano, marcando agenda, con espacio para aportar un contenido diverso, amplio, con entrevistas de mayor profundidad.

Ejemplo. Ayer, Loret tuvo al secretario de Educación, Aurelio Nuño, en entrevista. Personaje de coyuntura por el problema magisterial, el regreso a clases y de paso, el plagio en que incurrió Peña, cuando estudiante. La pregunta obligada fue el plagio. Loret la hizo y el funcionario se evadió, pero dio nota, declarando una insensatez.

Maerker, con el limitadísimo espacio que posee –en tiempo- ni siquiera pudo tener una entrevista. Menos hablar del plagio.

En fin, a Loret lo colocan pues, sin que se haya dicho, como el titular de lo que será el verdadero noticiario estelar de Televisa, que cambió entonces de horario y de conductor, sólo.

El noticiario más fuerte ya no estará en el espacio nocturno, sino “Al despertar”, claro, con un formato diferente. Pero entonces que no nos vendan la telenovela de que una mujer subió al trono noticioso.

El ajedrez de Carlos

Con bombo y platillo, el gobernador de Quintana Roo, Carlos Joaquín, anunció la semana pasada que había presentado una controversia constitucional contra Roberto Borge, aún jefe del Ejecutivo estatal, por las modificaciones legislativas que impulsó dentro del Congreso, para blindarse.

A la fecha, son varias las personas –en su mayoría, abogados- que no alcanzan a comprender cómo ninguno de los 20 litigantes que asesoran a Joaquín González, le previno de que carece de personalidad jurídica para promover ese recurso, aunque sea el gobernador electo.

No es autoridad, no ha entrado en funciones. No puede hacer lo que hizo. Simple. Bueno, puede hacerlo, pero muy probablemente no le admitan la demanda –aunque en la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) le hayan recibido el escrito- o quizá la desechen.

Ayer en Chetumal, Joaquín González reconoció que no, que no tiene competencia, ni facultad para promover la controversia, pero que esperará a entrar en funciones –en septiembre- para ratificar su demanda. Insólito. ¿Quién lo asesorará?

Seguro que es él mismo o los mismos que le hablaron al oído para convencerle de que aliarse con el Partido Verde Ecologista (PVEM) le garantizará una tersa relación con el Congreso.

El pacto hecho entre el dirigente del PRD, Emiliano Ramos y el PVEM, a través de Remberto Estrada, para que ambos partidos se desistieran de las impugnaciones que presentaron sobre la elección de gobernador y de presidente municipal de Benito Juárez, fue palomeado por Carlos Joaquín.

Si bien el PRD podía desistirse del juicio a través de su representante ante el Instituto Electoral de Quintana Roo (IEQROO), existe jurisprudencia –paradójicamente lograda por un juicio promovido hace años por el PVEM- la cual establece que para que proceda el desistimiento, el candidato agraviado –en este caso Julián Ricalde- debió ser quien retirase el recurso.

En teoría, el Tribunal Federal Electoral, tendrá que pedir a Ricalde Magaña su aval; de no tenerlo, desechar el desistimiento. De no hacerlo, el candidato –que integra el equipo de transición de Carlos Joaquín-, tendría que tramitar un juicio para la protección de sus derechos políticos, ante el agravio que le ha causado el PRD.

Mas allá de lo jurídico… ¿Cuál es el mensaje que envía el gobernador electo al proponer, operar o aceptar, que el PRD retire la impugnación hecha contra un partido acusado desde hace cuatro años, de comprar votos a través de la entrega masiva de despensas?

El dirigente del PRD justificó el acuerdo, en “aras de la estabilidad política”. ¿No será en aras del 2018?.

¿Nadie le recordó –por si lo ha olvidado- que el pacto con el Verde lastima a muchas y muchos cancunenses que atestiguaron la coacción del voto y que diariamente se sienten burlados al toparse con alguna de las mochilitas repartidas por el PVEM, como recordatorio de que las elecciones se pueden comprar con dádivas y despensas?

Ese tipo de tratos traiciona a las y los electores, daña la democracia, confirma cómo pactan los partidos, a espaldas de la ciudadanía y abona al descrédito de los políticos y a la desconfianza ante las promesas de cambio que se quedan en el discurso.

¿Dónde la congruencia? ¿Dónde la diferencia entre quien se va y quienes llegan, si pactan igual a favor de la impunidad?


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