Carlos, Remberto y las expectativas

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Por Adriana Varillas

Hace días vengo pensando que, sin duda, la expectativa es un elemento común entre los candidatos electos al gobierno de Quintana Roo, Carlos Joaquín González, y a la presidencia municipal de Benito Juárez (Cancún), Remberto Estrada Barba.

Sin embargo, hay un abismo entre lo que se espera de uno y otro, antes de que entren en funciones, en septiembre próximo.

De uno, se espera todo; de otro, se espera nada. He ahí la desventaja del primero, frente al segundo.

Joaquín González –pese a su origen priista- generó una sumatoria de esperanzas entre los sectores que integran una sociedad hastiada, que el cinco de junio pasado salió a votar en contra de Roberto Borge y de todo aquello que representase la continuidad de su gobierno, del cual hasta el propio PRI se quiere desmarcar a estas alturas.

La confianza hoy, está de su lado, pero la exigencia para Joaquín, será mayúscula. Debe serlo.

Apenas asomen las fallas y aparezcan los tropiezos, con o sin razón, sus yerros serán magnificados, aumentarán dudas y le restarán confianza entre quienes apostaron por el cambio que ofreció para modificar el rostro del Quintana Roo que hereda y que describió durante dos meses de campaña:

Corrupción, opacidad, autoritarismo, impunidad, exclusión, censura, intolerancia, inseguridad, incertidumbre jurídica, sumisión de los poderes Legislativo y Judicial ante el Ejecutivo, fractura del Estado de Derecho, violación de Derechos Humanos, entre otros.

Si no cumple con la odisea de darle la vuelta a ese enfermo esquema por el cual ha transitado la entidad, a los ojos de la gente Carlos habrá fracasado, porque de él se espera mucho y se comprometió a dar mucho. Injusto o no, es así.

Ante esa ecuación, lo peor que podría hacer Joaquín González es dar entrada a quienes le sugieren bajarle a las expectativas, preparar excusas, salidas fáciles y caer en mediocridades.

Alguna vez Nelson Notario, un maestro cubano de la Carlos Septién, nos dijo algo así como: “Uno sabe que el horizonte es inalcanzable, pero siempre hay que empeñarse en llegar a él”.

El panorama para Remberto es, en cambio, más generoso, pese a su circunstancia.

La confianza hoy, no está de su lado y la resignación de la gente es mayor al nivel de exigencia al que deberían someter a su próxima gestión.

La juventud no es su pecado, pero sí su inexperiencia. Su trayectoria está marcada por la inconstancia. El único cargo público que concluyó fue el de regidor, desde el que no hizo gran cosa. Abandonó la diputación en el Congreso Local –sin resultados sobresalientes, excepto la Ley de Bienestar Animal- para contender por la diputación federal que dejó –sin iniciativas relevantes- para ser candidato a la presidencia municipal.

Con esos antecedentes, pocos creen que sea capaz de hacer gran cosa en su nueva encomienda. Con excepción de sus amigos, su familia y de los miles que en Cancún recibieron despensas de las fundaciones ligadas al senador Jorge Emilio González, “El Niño Verde”, desde el 2012, lo más que se espera del gobierno de Estrada Barba son más despensas, quizá transformadas en programas sociales que mantengan cautivos a los electores.

Lo que haga mal se diluirá en la resignación del colectivo –bastante apático para exigir la rendición de cuentas- que no espera más allá de alguien que sobre su espalda viene cargando el pesado y vergonzoso estigma de haber comprado sus triunfos –las diputaciones y la presidencia municipal- a punta de despensas, mochilas, lápices, relojes, tarjetas de descuento y gestiones varias, como militante del Partido Verde (PVEM), sancionado por el Tribunal Federal Electoral, al comprobársele este tipo de prácticas.

Paradójicamente y contrario al caso de Carlos Joaquín, a quien las altas expectativas que despertó lo hacen vulnerable, a Remberto Estrada la ausencia de esperanza acerca de su gestión, le abre enormes posibilidades.

Lo que haga bien, será ya una sorpresa que le gane simpatías, le dote de credibilidad y le sume puntos, siempre y cuando no sea una simulación o el maquillaje de realidades del que Paul Carrillo se volvió experto.

Las señales que ha enviado hasta ahora, no dan para el optimismo, es cierto.

Insistir en que continuará con la política de Carrillo de Cáceres, incorporar a su equipo a polémicos ex funcionarios ligados a Borge o co-gobernar con grupos de facto, confirma que hay magras expectativas de que Remberto se distinga por algo diferente a lo que sólo ha dado resultado en las inserciones pagadas que aparecen en portadas de periódicos o se escuchan en noticiarios de radio y televisión.

La percepción que generan estas decisiones en algunos círculos de poder, es que Estrada Barba gobernará como un verde dinosaurio, con la inexperiencia de su juventud y las añejas mañas del sistema. Ojalá estén errados.


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