HOLA UBER

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Sin duda el tema de la semana fue Uber. Y con razón. Ojalá las notas hubieran sido que comienza un nuevo servicio y ya. Pero esto es México y donde haya un problema hay una mafia y la demostración la tuvimos esta semana.

Las agresiones tumultuarias a conductores particulares confundidos con operadores de Uber, que terminaron con remisiones al corralón y autos dañados, debe ser corregida por el Estado ya y los afectados resarcidos de los daños, amén de que deberían estar andando ya las carpetas de investigación (antes llamadas averiguaciones previas): los taxistas nada tenían que hacer “cazando” y ya de paso, tampoco marchando, que pretender un monopolio no está amparado por la libertad de expresión.

Si alguien más hubiera bloqueado el acceso a la Zona Hotelera, los primeros en llorar serías los taxistas porque su fuente laboral se vería perjudicada. Si de algo sirvió, fue para que enseñaran el cobre.

La conducta vergonzosa de los taxistas, así en general, es la demostración de la miserable subcultura de avance económico que hay es nuestro país, que confunde la prebenda con el derecho y el buen servicio con el sacrificio. Desde siempre la tónica ha sido el servicio deficiente, caro y en unidades en mal estado. Es la visión mediocre de quien no ve a sus clientes como un mercado a cuidar, porque nadie se lo va a quitar.

Acostumbrados al monopolio, los diversos sindicatos de taxistas en el estado ven la competencia no como un hecho económico, sino como un delito de lesa majestad. En resumen, medran con la necesidad básica del transporte y desprecian cuando les da la gana al usuario, o sea, casi siempre, pues de otro modo tendríamos un negocio pujante, eficiente y digno.

Hay que señalar que estos moditos mafiosos empezaron hace más de un año. Se añadió a la Ley de Tránsito, Transporte y Explotación de Vías y Carreteras del Estado de Quintana Roo el artículo 31 bis, expresamente redactado para que el mero servicio de transporte sin concesión se prohibiera, independientemente de si se pactaba entre dos particulares o del medio usado para la transacción, como una aplicación electrónica, o sea Uber.

Es una vulgar trampa para evitar la competencia. Unos días antes (junio del año pasado) la Comisión Federal de Competencia Económica había emitido una opinión formalmente dirigida al Jefe de Gobierno del aún Distrito Federal, pero aplicable a todos los estados, dejando claro que la regulación de servicios como Uber no deberían atentar contra la competencia y a su vez, limitarse a aspectos como la seguridad de los usuarios y en todo caso, su inclusión favorecería el interés general porque ese tipo de servicios son una opción eficiente para los usuarios y satisfacen la necesidad básica de transporte.

Para variar, nuestra Legislatura se limitó a proteger los intereses de sus amigos y nosotros salimos sobrando.

Claro que la nueva Legislatura, de la que hablaremos largamente en próximas entregas, tiene la obligación de componer este entuerto. Esperemos que no estén esperando a que el nuevo Gobernador mande la iniciativa, por favor, que no es mucho pedir a quienes les pagamos para cuidar de nosotros. Empiecen a dar la estatura.

Claro que el trasfondo es el interés mezquino del PRI que controla a los sindicatos de taxistas, los cuales le sirven electoralmente como es de sobra conocido, salvo por casos concretos de operadores y socios que también se han visto perjudicados por las mafias de los sindicatos. Uber también representa para ellos una opción.

De modo tal que la Ley debería llegar mucho más lejos que la mera inclusión de Uber y hacer obligatorias cosas como la evaluación del servicio, la obligatoriedad del mismo, la expresa prohibición los monopolios así como la exclusión de un sindicato que nada tiene que hacer controlando una actividad empresarial, ésta que debería estar en manos de todas las compañías que quisieran concurrir. La idea es que beneficie a los usuarios que al final puede ser cualquiera, y empecemos a transformarnos por algún lado en la ciudad y estado del Siglo XXI que todos queremos.


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