Los reclamos de Roger Waters

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Como seguramente sabe, Roger Waters dio un concierto gratuito en el Zócalo Capitalino, donde el ex integrante de Pink Floyd demostró por qué se le considera un activista. En pleno concierto, la iluminación desplegó “Renuncia Ya” y el cantante dijo “Señor presidente, la gente está lista para un nuevo comienzo. Es hora de derribar el muro de privilegios que dividen a los ricos de los pobres. Sus políticas han fallado. La guerra no es la solución. Escuche a su gente, señor presidente. Los ojos del mundo lo están observando.”

El hartazgo del mexicano promedio se hizo patente. Las consignas contra Peña Nieto arreciaron. Nadie lo defendió, al menos no en el concierto. De las 170 mil personas presentes, ningún grupo representativo abandonó el concierto, tampoco le rechiflaron al artista. Antes bien sus comentarios fueron ampliamente bien recibidos e hicieron amplio eco en la prensa y las redes.

Pero como era de esperarse, los eternos corifeos del gobierno (el que sea, con tal de que se moche para los chescos) salieron airados a exigir al expulsión de Waters por interferir en asuntos políticos. Los peñachairos, en un exabrupto tan típico de todos los incondicionales y los fanáticos, pedían la cabeza de un fuereñero que le sacó la lengua a su dueño. Estoy seguro que si el presidente hubiera sido otro sus corifeos hubieran dicho lo mismo. Es hilarante, porque como platicábamos aquí mismo hace unas semanas respecto a la visita de Donald Trump, la petición de renuncia del presidente dejó de ser sueño guajiro de los fans de López Obrador, para convertirse en la postura necesaria para muchos que antes se reían.

Esta postura chovinista de pedir la expulsión de los extranjeros es absurda. Tan absurda como si los estadounidenses nos recriminaran las críticas a Trump. Es necesario que vayamos entendiendo que el mundo es uno y las consecuencias de nuestros actos pueden reflejarse muy lejos.

Y al final la reflexión es una: si hasta un cantante inglés se da cuenta de lo mal que están este país y los actos de sus gobernantes, de manera muy seria nosotros tenemos que cuestionarnos sobre nuestros actos políticos. Debieron pasar muchas, muchas cosas para que pedir la renuncia de un presidente pareciera lógico. El sexenio se acabó desde Ayotzinapa, el gran reformador se convirtió en bufón y de las portadas enaltecedoras pasamos a una proyección gigante pidiendo su renuncia. Pasaron los sexenios de Fox, el ridículo que además creó un mártir político que ahora hasta partido tiene; el de Calderón, gris y enano en todo sentido, otro sexenio perdido que se sumió en la violencia demencial buena para nada, salvo para tratar muy mal de legitimarse.

Pasaron una reedición tras otra de la matanza en Tlatelolco, en un país que se regodea imbécilmente en su tradición autoritaria y es capaz de llamar estadista a vulgares caciques, como Salinas y Díaz, en un afán de sentirse más a gusto consigo mismo.

Pasaron la enorme dosis de pereza de los que no van a votar, de los que no se informan, de los que no se toman la molestia de preocuparse por su entorno un poco.

Waters pidió al presidente que escuche a los ciudadanos. El mínimo deber es tener algo que decir. Que así sea.


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