ABORT! ABORT! ABORT!

ABORT! ABORT! ABORT!

Por Ana Hernández

Anoche mientras navegaba el site @HarvardBiz di con un artículo que iniciaba con la siguiente oración: “Dont´ feed the trolls”.

En el texto narraban la historia de un hombre que fue presa de una avalancha de mensajes negativos, de esos que al recibirlos, carcomen el alma.

Nadie está exento de convertirse en el manjar de los trolls. Nadie, ni tu, ni yo, ni Bono, ni el potrillo. No está padre ser el desahogo de un cuentahabiente de redes sociales. Por ejemplo, hace unas semanas, a la hija de unos amigos míos a quienes aprecio muchísimo, la estuvieron molestando fuertísimo. Mi consejo en estos casos, siempre es el mismo, no responder, ignorarlos, jamás reaccionar, ni de forma positiva, ni negativa, simplemente perdonar y olvidar lo que te escribieron.

Ha habido casos muy polémicos donde a través de Twitter, Instagram y Facebook, la gente emite decisiones fuertes, opiniones racistas, juicios equivocados, criterios pensados al aire… pierden la cordura y hasta la educación. Lamentablemente la imagen que construyes a lo largo de tu vida, la puedes destruir en un twitt, así de cruel es la ciber vida.

¿Te has dado la oportunidad de seguir a un troll?

Hazlo durante un semestre, sigue a un molestón. Veras como en cuestión de días cambia el tono de sus mensajes y a las semanas se envalentona; ya que como no escriben su nombre real, ni su foto personal, se sienten ultra poderosos. Así, con este sencillo ejercicio podrás ser testigo de cómo con el tiempo endurece sus ataques, luego estos decrecen y el troll desaparece.

Para mi, es apasionante observar el comportamiento de los humanos, sobre todo, en la era digital. A mis amigos, compadres, sobrinos y personas a quienes aprecio, jamás dejaré de enviarles el siguiente WhatsApp cuando lea que se están enganchando con un troll: Abort! Abort! Abort!

P.d. La oscuridad ofrece más lecciones que la luz.


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