Antonia & Arturo Aguirre

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45 años de amor y unión familiar

Abrazados y con el amor en los ojos que tanto los caracteriza, Antonia y Arturo Aguirre nos recibieron en la sala de su residencia en Cancún, para contarnos un poco sobre cómo llegaron a este destino y sobre lo mucho que les ha dado decidir venirse a vivir al paraíso.

Arturo siempre se dedicó a la hotelería, por lo que Cancún parecía ser la tierra prometida. La familia llegó a principios de abril de 1980, venían de otro paraíso, Acapulco Guerrero, y con dos hijos, Alicia de 11 y Arturo de 5.

Arturo: “En ese tiempo yo llegué a trabajar al Hotel Calinda, llegamos con un gran entusiasmo y como todos los que llegaron a Cancún esos días, con el deseo de sobresalir, de tener un mejor estilo de vida”.

Antonia: “Nuestros primeros días aquí fueron bonitos, a pesar de que los primeros dos meses estuvimos viviendo en el hotel. Hasta que por fin nos mudamos a la ciudad, en la Bonampak, cerca del Británico y empezó nuestra vida”.

la relevancia del turismo

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Antonia nos cuentan que el proceso para venirse a vivir aquí fue muy emotivo, difícil por dejar a toda la familia y amistades, pero al mismo tiempo hermoso porque no conocían playas como las de Cancún, era algo tan sorprendente, que los deslumbró.

Antonia: “Las primeras playas que conocimos fueron las de Tulum, cuando las conocí dije ‘aquí me quedo’ y míranos, 36 años y seguimos sin querer irnos”.

Los Aguirre se conocieron gracias a lo único que los trajo a Cancún, el turismo. Ambos, en su juventud trabajaban en el Hotel Hilton. Cuando se conocieron fue amor a primera vista y tras tres años de noviazgo, se casaron. Era el periodo de los 70, y a pesar de que eran muy jóvenes, Arturo ya sabía lo que quería, así que le dijo “o te casas conmigo o ahí muere”, recuerda entre risas. Para ese entonces Antonia tenía 20 años y él 21, “éramos realmente jóvenes, pero estamos enamorados”, nos dice mientras ve a su esposo como quien ve un hermoso amanecer.

Poco después de que empezaron a salir, Antonia se pasó al Marriot cuando se abrió en Acapulco, Arturo siguió en el Hilton y después se pasó a los Holiday Inn. Trabajó para empresas muy importantes, antes de venir a Cancún, como el Hyatt, vivieron en Puerto Vallarta, mientras él trabajaba en el Sheraton, hasta que por fin llegaron a Cancún. Ella dejó de trabajar poco antes de venir.

Cancún, una vida en el paraíso

Cuando llegaron, les sorprendió la tranquilidad y la seguridad, y es lo que actualmente extrañan, para ellos era una época en la que podías dejar la puerta abierta y no había protectores en la ventana, se sentía la libertad y se disfrutaba más de la naturaleza.

Arturo: “Algo que nunca podré olvidar y que hoy me da tristeza, es que en la Laguna Nichupté por las tardes había flamingos, era un espectáculo verlos darle color al azul del cielo y a los distintos tonos de verde del agua. En cambio hoy… bueno, es bonito recordar”.

Como familia, los Aguirre solían visitar las playas, ir a Isla Mujeres, comer mariscos en la Zona Hotelera, disfrutar de los atardeceres en la laguna, en fin, toda una vida en el paraíso.

Antonia: “Nos encantaba ir a las reuniones en la casa de los amigos, con la familia de Ernesto Catalán del Sheraton, con la familia Monroy. Éramos realmente pocos, en Cancún antes no había tantos habitantes, era muy pequeño, entonces éramos más unidos porque nos conocíamos entre todos, salías a las calles y veías mucha gente conocida”.

Tropical Incentives

Al poco tiempo de llegar a Cancún, a Arturo le llegó una grandiosa idea: tenía el sueño de una compañía que se dedicara a dar servicio a empresas de incentivos a congresos, convenciones a corporativos, pues Cancún se estaba convirtiendo en el centro de atención para estos eventos; quería una empresa que se encargara de toda la logística de eventos turísticos, actividades en general, transportación, fiestas temáticas, en fin, todo lo que un evento pueda necesitar, desde los bocadillos, hasta la parte audiovisual. Y así nació Tropical Incentives, una empresa que se dedica a este segmento de mercado del turismo en Cancún.

Arturo: “Tropical empezó en 1984, fue un arduo trabajo, noches de desvelo, pero los resultados fueron maravillosos, ahora tenemos otros servicios de expansión como en Vallarta, Los Cabos y la Ciudad de México. Incluso teníamos pensado abrir en Panamá y Costa Rica pero no fue posible, pero la idea está cocinándose en el horno”.

Tropical Incentives está considerada como la primera y más exclusiva DMC (Destination Management Company), del Caribe y de México, lo cual deja con mucha satisfacción y orgullo a Arturo, pues la empresa sigue avanzando, tiene una excelente reputación en el mercado de incentivos en el turismo mexicano y con los mejores proveedores.

Pero para que Arturo llegará a este punto, tuvo que pasar por muchas cosas, él ve al Turismo como una vocación. Fue bell boy, recepcionista, cajero, división de cuartos hasta que llegó a subgerencias y ahí incursionó en los DMC, y eso es lo que más disfruta de su trabajo, el darle a los clientes que los visitan mucha atención y toda la calidad posible. “Vendemos el destino, eso lo tenemos muy claro, cosa diferente a la hotelería que busca vender sus hoteles en lugar del destino”, agregó.

Antonia nos cuenta que se siente orgullosa de él, a pesar de que fue duro no tener a alguien que le ayude con sus dos niños, el esfuerzo valió la pena. Admira su tenacidad y su visión en los negocios que lo llevó al lugar donde está hoy.

Fundación Jorge Alann

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Los Aguirre han aprendido que lo que la vida te da, de una u otra forma tienes que regresarlo.

Antonia: “La verdad es que ha sido una gran bendición que uno de nuestros nietos, Jorge Alann, haya nacido con autismo. Es cierto que se nos presentaron dificultades y fue todo un suplicio el ir y venir a México y a Guadalajara. Pero de no ser por eso, no abríamos abierto la Fundación Jorge Alann”.

Arturo: “Con la fundación nos dimos cuenta de la cantidad de niños que hay en el estado en esta situación. Esto nos orilló a sembrar esta semillita y dijimos vamos a hacer algo por los demás. Hay familias que tristemente no pueden costear un tratamiento y para los cuidados  necesarios, por eso nos sentimos muy orgullosos de poder ayudarles, porque sabemos y entendemos su situación”.

La Fundación nació a raíz de que toda la familia estaba en busca de especialistas que diagnosticaran y dieran un tratamiento adecuado a Jorge, en el transcurso se encontraron con que hacía falta información y capacitación sobre el Autismo a familias, además de resultar costoso su tratamiento. Poco a poco se han ganado el respeto de la comunidad de Cancún, su nieto día con día los motiva a seguir, trabajando en muchas actividades altruistas, ofreciendo conciertos, como la Noche Azul y en estas fechas el Congreso de Autismo, donde van a traer a ponentes de Bélgica, Inglaterra y México, para que hablen un poco sobre el autismo, sin duda un evento del que seremos partícipes con mucho gusto.

Definitivamente los Aguirre son un claro ejemplo de que los lazos familiares, los valores y el amor a Dios, dan como resultado una vida plena y feliz, donde aprendes de los obstáculos que te pone la vida, y de que con amor, los resultados positivos vienen por añadidura.

Arturo: “La verdad es que no tenemos nada mas que agradecerle a Dios, por la vida, por el trabajo, por nuestra hermosa familia, y por habernos traído a Cancún, no pensamos lograr tantas cosas, no fue fácil pero fue como hacer realidad un sueño, como dijo mi esposa, ‘yo aquí me quedo, aquí va a ser el repunte de nuestras vidas’ y así fue”, finalizó.

Antonia: “Yo le agradezco a Dios que nos ha dado todo, sin merecer tanto”.


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