Ay Trump…

hillary

La campaña en Estados Unidos se está poniendo buena. Ahora que se destapa el escándalo sobre Trump, que vomitó las obscenidades más misóginas que uno pueda concebir (excluyendo las ablaciones y la lapidación en el Islam), diciendo que por ser una estrella las mujeres se dejaban hacer lo que él quisiera, y describió de modo extremadamente gráfico los alcances de su poder sobre las mujeres, a las que llamativamente llama “perras”. Las muestras de su brutal misoginia no son nuevas: Trump tiene una larga serie de acusaciones de abuso y comentarios lascivos y despectivos contra las mujeres. No sólo es un patán, es un acosador y un prepotente y nos deja claro que es justo como lo imaginábamos.

El copetudo (¡tú no Peña Nieto, no ésta vez!) de Nueva York fue tan cuestionado que un grupo importante de senadores y numerosos miembros relevantes del Viejo Gran Partido se han deslindado públicamente de él, lo han llamado a renunciar a la candidatura y dejado claro que no van a votar por él, algo nunca visto en los Estados Unidos.

Según la percepción generalizada, que comparto, el debate de ayer fue fiel reflejo del debilitamiento del güero machista, después de llamarse listo por no pagar impuestos federales en 20 años y una larguísima lista de desaguisados. O sea, aparte de gandalla, transa, una fichita pues. No es distinto a cualquier cacique bananero, jeque árabe o cualquier policía tercermundista, salvo en que no tiene ninguna “coartada”, porque en términos generales, Trump recibió una formación envidiable, nada le hizo falta y de hecho vivió en las mejores condiciones posibles del mundo contemporáneo. Lo mínimo que debemos aportar es lo que recibimos y el honesto intento de hacer un mundo mejor, no andar por la vida como gallo encrestado creyendo que las gallinas son todas suyas, que el maíz es todo suyo y el corral también.

Sin embargo, por increíble que parezca, de todos modos cierto sector en Estados Unidos seguirá votando por él. En un agrio artículo en el Washington Post, un referente de la comunidad cristiana de Estados Unidos criticaba a Trump duramente, pero dejaba claro que la mayoría de la comunidad votaría por él. Sí, con todo y que el misógino éste sacara el cobre, su postura contra el aborto y el matrimonio gay le han granjeado el apoyo de los conservadores. Increíble, pero cierto. No hacía falta más que ver los comentarios, en los que muchos lamentaban a Trump, pero no querían a una viejita enojona y liberal porque dios no quiere a los gays.

De esta amarga vivencia algo tenemos que entender: este comportamiento de los políticos (¡de quien sea!) nos deja claro el uso que le dan al poder. Si así ve a las mujeres blancas ¿cómo verá a los latinos? No es cuestión de sexo, sino de cómo es que este animal se ve a sí mismo: como capaz de “hacer lo que quiera” si puede hacerlo, porque es una “estrella”… imagínense si fuera presidente.

¿Ha conocido a alguien así? Pues ya ve una de las razones por la que estamos como estamos: porque la gente vota por brutos que a fuerza de su ignorancia y pobreza ética e intelectual, ve a los demás como objetos o personas de segunda, y por “los demás” me refiero a todos menos a él.
Entre una abuela enojona y un misógino subnormal no parece haber una buena alternativa, según los votantes más cerrados. No es así: el gobernante debe saber que no llega al poder para hacer lo que quiera. La próxima vez que vaya a votar revise cómo se ha comportado su candidato y no olvide seguir a los políticos en ejercicio, para evaluar sobre todo, cómo se ven a sí mismos: si como servidores o como “listos” por no pagar impuestos. El resto es mucho menos importante.


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