Badi Burad: El médico que creció en El Crucero

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Fotografía: Fátima Toledo/Moonlight Photography

En 1980 comenzó la historia de Badi Burad Domínguez en Cancún. En la zona de El Crucero, sitio al que llegó a establecerse hace 37 años, dio sus primeras consultas, y a pesar de ser uno de los galenos más reconocidos de la ciudad y las satisfacciones que ha obtenido, decidió no mover su consultorio de esa ubicación. “Recuerdo que cuando llegué sólo había una carretera que iba hacia Puerto Juárez; de un lado estaba una gasolinera y del otro, todo era terracería”.

Radicando en Mérida, Badi Burad aceptó la invitación de su primo Adib para venir a Cancún. “Pensé que ya todo estaba establecido aquí, pero la realidad era otra. A mi primo no se le olvida que le dije ‘qué joda me pusiste, aquí no hay nada’”, comentó en la charla que concedió en su consultorio, de la avenida Tulum.

Hombre nacido en Campeche, pero peninsular de corazón, afirma que el comienzo no fue fácil, porque se tuvo que adaptar al Cancún de principios de los 80, cuando no había suficientes caminos ni medios para llegar a donde estaban los pacientes; además, en los primeros meses estuvo solo, hasta que su esposa Renee lo alcanzara meses después, una vez que pudo adquirir una casa.

“Como todo comienzo nada fue fácil. Recuerdo que al ingeniero Lara, encargado de la construcción de lo que hoy es el Centro Comercial El Crucero, le pedí que me apoyara metiéndole velocidad, y rápido hizo el primer local, que fue precisamente el que me tocó ocupar”, expresó sonriente.

Médico general egresado de la Universidad de Yucatán, Badi Burad recuerda cuando  era una aventura llegar a los domicilios alejados del centro de la ciudad. “La gente me venía a buscar para las visitas domiciliarias. ¡Imagínate!, hasta en bicicleta me llevaban a las casas que estaban muy alejadas de aquí, y sólo se llegaba por unos caminos de veredas”, expresó, recordando que en aquel entonces se contaba con galenos como el Dr. Salatiel, el Dr. Sobrino y el Dr. Villajuana.

Un lugar que era muy frecuentado por los habitantes de esa época era el café de Pepe Calderón, sobre la avenida Tulum. “En las noches salía a caminar por la avenida Tulum. Frente al Palacio Municipal estaba el café, punto de reunión para platicar; incluso, hasta el presidente municipal en funciones, Amaro Santana, llegaba a charlar  con todos”, cita Burad.

De esos años recuerda una anécdota muy especial: una tarde, un señor le pidió que le acompañara a ver a su esposa embarazada, pues estaba próxima a dar a luz manifestando mucho dolor. “Estaba anocheciendo. Nos fuimos caminando por una vereda. No sé exactamente cuánto recorrimos en distancia y en tiempo, hasta que llegamos a una choza de lámina y cartón. No había luz, sólo tenían veladoras, y en lugar de cama, una hamaca. Ahí estaba la mujer retorciéndose de dolor. Yo, como médico general, nunca había estado en un parto, pero con la ayuda del esposo asumí el reto. Tenía la adrenalina al máximo. Lo bonito es que todo salió bien.  Fue un niño el que nació”, menciona con  satisfacción.

EL PASO DE LOS HURACANESbadi burad el médico que creció en el crucero

Como toda persona que lleva más de 25 años en Cancún, el encuentro con los huracanes fue inevitable, y en su caso, vivió el paso de ‘Gilberto’ (1988) y ‘Wilma’ (2005). “Cuando ‘Gilberto’, recuerdo que salí temprano de la casa. Mi mujer se encontraba en Estados Unidos y sólo estaba la señora que nos ayudaba con la limpieza. Estaba nublado y comenzó a llover un poco. Ya en el consultorio empezaron a comentar algunas personas que se decía que iba a entrar un huracán. Como en esos años no se tenía tanta información ni previsiones como ahora, seguí trabajando. Recuerdo que una señora hasta me llevó unas veladoras. Cuando salí, después de la una, me fui a la Plaza Mexicana, y ahí estuve con unos amigos hasta las seis de la tarde, que fue cuando comenzó a llover fuerte y a entrar el viento. Ya en la casa me habla mi esposa y me pregunta que cómo estaba y que subiera las cosas al segundo piso porque decían que estaba entrando un huracán. Ese  lo pasé en casa, en la calle Cherna. Realmente fue una experiencia bastante fuerte”, recordó.

Cuando ‘Wilma’, se encontraba con su familia en un departamento de Playa Linda, por Puerto Juárez. Como experiencia recuerda que durante tres días tuvieron que soportar el ruido de los cables de unas torres que, por la fuerza del viento, chocaban entre sí.

LO BUENO Y LO MALObadi burad el médico que creció en el crucero2

Badi Burad considera que Cancún es una ciudad pequeña que experimentó “un crecimiento tremendo y eso ha hecho que tenga problemas de una gran metrópoli, como el tráfico, gente de diferentes lugares, sin sentido de identidad; muchas veces no sabes ni quién es tu vecino”.

En retrospectiva se manifestó contento por haber visto la evolución de la ciudad; ver a su gente crecer, haber atendido a tres generaciones y, como un triunfo personal, haberse mantenido en el mismo sitio, la zona de El Crucero, donde nació Cancún, pero que con el paso de los años fue convirtiéndose en un lugar por muchos considerado como inseguro, pero que en su caso particular, le ha dado grandes resultados y guarda gratos recuerdos.

Añade que sus dos hijos son orgullosamente cancunenses. Su hija nació en la clínica del Dr. Palma y su hijo en la clínica del Dr. Felipe Cortés Sobrino.

Además de ejercer con pasión la medicina, el deporte es otra de sus grandes aficiones. En su juventud practicó basquetbol y llegó a representar a la Universidad de Yucatán en competencias nacionales; ya en Cancún practicó el tenis y el softbol, y más recientemente el golf, por insistencia de Francisco López Mena, de quien guarda un especial momento cuando colaboró con él, siendo director de la Cruz Roja en Cancún, a principios de los 90. “Siempre me decía ‘¿por qué no juegas golf?’ a lo que le respondía  que no me gustaba, hasta que una vez me dijo que ya había pagado mis clases, y así comencé”, concluyó.


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