Carlos Marín

coleccionables2

Apenas había cumplido la mayoría de edad cuando Carlos Marín, “El Chino”, como todos los conocemos, llegó a Cancún desde su natal Mérida, Yucatán. Era 1988, recién había terminando la preparatoria y optó por venir unos meses a Cancún, mientras decidía qué hacer con su vida.

Comenzó trabajando en la Joyería Colonial, propiedad de unos amigos de Mérida, que en ese entonces estaba en Plaza Nautilius y trabajó con ellos durante seis meses. Luego decide viajar a Miami para estudiar mercadotecnia y relaciones públicas, pero lo cierto es que, en el fondo, siempre extrañó a Cancún, así que, apenas terminó su carrera, regresó a vivir definitivamente al paraíso.

De vuelta en  Cancún conoce a Manuel Gómez y éste lo invita a trabajar en el famoso  Splash. “Fue mi primer trabajo en un restaurante…. entré como host un día pero, platicando con Manuel, me ofreció visitar hoteles  para promocionar el lugar, lo que acepté sin pensarlo, pues eso fue lo que estudié y quería desarrollarme en esa área.”

Manuel y Chino trabajaron juntos cerca de dos años, en una época en la que Cancún comenzaba a ser la meca del turismo en México; cuando se celebraban eventos únicos y de talla internacional, como el primer “Festival de Jazz”, que se celebró en los 90’s y que no se parece en nada a los que se hacen actualmente. “Era un evento fabuloso al que llegaban muchos afroamericanos de alto poder adquisitivo, porque era un festival de una élite importante… había mucho glamour y trajes largos y coloridos. Incluso, nos tocó atender al famoso guitarrista Carlos Santana… era algo espectacular”.

LA EDAD DORADA DE CANCÚN

Para Chino ésta fue una época de mucha fiesta y diversión. Como restaurantero, vivió días de locura. Abrían a las 3 de la tarde y no paraban hasta las 3 de la mañana y había filas para entrar a los restaurantes. Era una época en la que el “all inclusive” no operaba como hoy en día y los turistas salían de sus hoteles para conocer el destino.

Fue una etapa padre de mi vida, porque era muy joven. Terminaba de trabajar y me iba de reventón…”, recuerda con nostalgia. 

 

Tras varios años trabajando para Splash, el lugar cierra por problemas del dueño y Chino entra a trabajar como publirrelacionista, por breves temporadas, en algunos antros de Cancún. Durante este proceso conoce a Rafa Aguirre, de Grupo Mera, quien le ofrece un espacio en la marca y entra a trabajar, directamente al restaurante Pat O’Brien´s, como responsable de ventas y relaciones públicas.

A Chino le tocó todo el cambio, pues en esa época, el restaurante con ambiente tipo Nueva Orleáns, se “tropicalizó” para adaptarse al estilo caribeño de Cancún. Además de la comida,  se incorporaron  shows de entretenimiento, baile de meseros, concursos entre los comensales y mucha música en vivo. Aquí en Cancún, la gente quería fiesta, pero el lugar también conservó parte de su esencia tranquila, con un piano bar.  En ese lapso, al Chino le toca el segundo Festival de Jazz, en cuyo marco organizó un sin fin de fiestas en el “Pat” y en el deck de la Plaza Flamingos.

Fue una época experimental, pero trascendente. Nos toco traer a los primeros grupos de spring break y empezamos a atacar el mercado de estudiantes en varias partes del mundo. Creamos los primeros grupos y ahí empezó el concepto de las “barras libres”, algo que no existía y que resultó tan práctico y lucrativo,  que hasta la fecha sigue vigente”

Pat O’Brien’s se prestaba para todas las celebraciones: Mardigras, St Patrick´s day, fiestas temáticas etc. También para conciertos de artistas, cómo 50 cents y Dj´s  internacionales. En sus mejores momentos, cabían ¡hasta 14 mil personas por noche! Eran tiempos gloriosos.

SU GRANITO DE ARENA

coleccionables3

Pero no todo eran fiestas y tragos de tequila. Trabajando en Grupo Mera, a Carlos también le tocó ver una parte muy interesante del turismo en Cancún, donde todos los empresarios se unían y se dedicaban a la promoción del destino. “Me tocó ir a muchas ferias de turismo, donde no había competencia… todos nos promovíamos a todos, recomendábamos los parques y a otros restaurantes… Además de vender nuestras marcas, vendíamos a “Cancún”, el destino… Estábamos enfocados en crecer y en promoverlo de manera importante”.

Chino confiesa que lo que más conserva de esta etapa de su vida son las amistades que hizo. Para su fortuna conoció a gente muy buena en el camino, personas muy comprometidas y eso, al final del día, le enseño mucho.

Tras los años gloriosos, a Chino ya no le animaba tanto desvelarse. En esta etapa de su vida, empezó a madurar y en él reinaba el compromiso de tener metas más claras, ser más organizado y, sobre todo, aprendió a hacer negocios en cualquier lugar.

Todo el mundo estaba enfocado en la fiesta pero, aún en un antro, yo estaba buscando negocios… Algunas veces, incluso hice contratos en servilletas o en las blondas de los vasos…  ¡y hacia que el cliente los firmara! Hasta que una vez, perdí uno de esos papeles improvisados y mejor empecé a armar mis carpetitas de contratos”.

El Chino siempre fue claro con lo que quería y nunca permitió que la fiesta o el alcohol lo rebasaran. Siempre supo diferenciar cuando estaba trabajando y cuando simplemente podía divertirse.  Eso, comenta, es algo que le gustaría que los chavos de ahora entiendan. Es trabajo… sí, muchas veces rodeado de alcohol y de fiesta, pero al final del día, es un trabajo.

MARGARITAVILLE

La de Pat O’Brien’s fue, sin duda, una época fenomenal, pero la vida de Chino cambió cuando Margaritaville aparece en su vida. Grupo Mera estaba buscando oportunidades de negocios y nuevas ideas de lugares para ofrecerle al destino, por lo que hicieron una encuesta y fue cuando el nombre de Margaritaville, una exitosa franquicia del cantante Jimmy Buffett, salió.  Por cosas del destino, a Carlos le toca hacer el acercamiento con la marca y Jimmy Buffet viene a Cancún.

“Desayunamos con él… era muy amable. Le mostramos todo lo que éramos como grupo y las marcas en general y cuál era la visión de la empresa. Al final, él quedo encantando con nosotros y nos invito a conocer el primer Margaritaville, en Key West, Florida . Así, ese día salí del desayuno, pasé a mi casa por mi mochila y pasaporte  y me subí a su avión. En el camino nos hicimos grandes amigos, pero Jimmy me dijo que teníamos que pasar por una prueba final: conocer a Sunshine”

coleccionables1

Sunshine era la mejor amiga y consejera de Jimmy. Era ella quien le daba el visto bueno a sus negociaciones. Una mujer muy espiritual, que se manejaba por las “vibras”. Chino cuenta que hizo buena amistad con ambos, así que los invitó de nuevo a Cancún y planeó un viaje con dos propósitos: que ella conociera el lugar donde Margaritaville Cancún abriría sus puertas y, por supuesto, que descubriera las maravillas de nuestro destino. “Hicimos un viaje a la biosfera de Sian Ka’an y los llevé a conocer y a disfrutar de sus paisajes paradisiacos. Después de ese viaje y de muchas citas con abogados, finalmente nos dieron la concesión de Margaritaville”

Chino  se quedó como director de la marca en México y recuerda una anécdota que ciertamente lo avergonzó pero que, al mismo tiempo, le dio una buena lección de vida. Cuenta que en una convención,  Jimmy Buffet se le acerca y le preguntó: “¿ya leíste mi  libro?” (A Salty Piece of Land, o Un Pedacito de Tierra Salada). Chino, que no lo había leído, le dice que sí, pero Jimmy revira y lo cuestiona nuevamente: “¿encontraste algo interesante?”. Al ver la cara de preocupación del Chino, Jimmy supo de inmediato que no lo había leído y le explicó que uno de los capítulos de la obra se titulaba “Chino, the local fisherman” y que estaba dedicado, ni más ni menos, que a sus experiencias con el mismísimo Carlos Marín.

DE MERA A TV AZTECA

En Octubre del 2008, Chino cerró un importante ciclo en su vida al dejar el Grupo Mera, en el cual colaboró por 17 años,  pero un gran reto estaba por llegar… Un buen amigo lo recomienda con Rebeca Uribe, Directora General de TV Azteca Quintana Roo y, cuando se reúnen por primera vez, de inmediato hacen “click”. Era una oportunidad increíble, con grandes retos, en una industria totalmente ajena a la gastronomía y a los bares.

“Nunca imagine trabajar en televisión”, dice Chino, pero, siempre optimista, aceptó entrar en lo que ahora es una gran experiencia enriquecedora para su carrera. Lo que más le emociona es la parte social de la empresa, en la cual ha tenido retos como el Juguetón, en el que se colectan miles de juguetes para las zonas más marginadas del estado. “Hemos regalado miles de sonrisas, con el equipo”. Además, ha organizado  conciertos masivos, para más de 30 mil personas, en varios municipios del estado, entre muchos otros logros y valiosas experiencias.

Carlos Marín, “El Chino”, considera que, sin duda, es una persona bendecida por la vida y, ahora que ha cumplido ya ocho años en Azteca, está convencido de que “la aventura apenas comienza”.


Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Diseñado por Octopus Agencia de Marketing Digital