Corrupción, crimen y armas por la vaquita marina

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La primera vez que escuché lo de la vaquita marina pensé que era un tema meramente ambiental. Después de pasar varios fines de semana en San Felipe, Golfo de Santa Clara, Mexicali, Tijuana y Ensenada (toda la zona de influencia del tópico) sé que es un retrato a escala de todos los problemas de México: crimen organizado, corrupción, pobreza, conflictos políticos…

Las vaquitas marinas están en peligro de extinción y sólo existen en México. Quedan menos de 30. Se han muerto sobre todo porque quedan atrapadas en las redes de los pescadores de totoaba, un pez que mide lo mismo que la vaquita.

Está prohibido pescar totoaba pero muchísima gente lo hace. Resulta que los chinos piensan que el “buche” (vejiga natatoria) de la totoaba es afrodisiaco y en el mercado negro pueden pagar hasta 100 mil dólares por cada uno. De ese dinero, unos 4 mil dólares le llegan a los pescadores. Compárelo con los 25 dólares que reciben por kilo de camarón.

El mercado ilegal de buches, según información de inteligencia federal, se ha engarzado con el de la droga: comparten rutas de tráfico y corrupción. A veces por tierra a Mexicali o Tijuana, y de ahí a las comunidades chinas de Estados Unidos y luego a China misma; o a través de la Ciudad de México por aire o Manzanillo por barco para que lleguen a Shanghai, Hong Kong y Pekín. Aparentemente, líderes de pescadores en las comunidades de San Felipe y Golfo de Santa Clara se coordinan con representantes de la mafia china en México para mover la mercancía.

Para evitar la pesca ilegal de totoaba, desde hace tres años el gobierno federal prohibió todo tipo de pesca en la zona. Para tratar de calmar la ira de los pescadores les preguntó cuánto ganaban y les da mes a mes ese dinero.

Pero la ira sigue. Muchos pescadores se quejan de que los líderes a quienes acudió el gobierno para repartir esas compensaciones las asignaron también a personas que no pescan. Eso ha generado problemas de ingobernabilidad en la zona y protestas que se han tornado violentas.
También sigue la pesca ilegal: hay quien la hace por sistema y hay quien si ve la oportunidad no rechaza un dinero extra. Como siempre, muchos sólo quieren pescar dentro de la ley y no la pasan bien económicamente.

Al lado de esta olla exprés, un grupo internacional de prestigiados ambientalistas, agrupados por la Semarnat, se despertó tres semanas todos los días a las 3 de la mañana, alistó sus equipos y se hizo a la mar a lentísima velocidad para buscar una aleta de apenas 17 centímetros, que es todo lo que la vaquita muestra cuando sale a respirar. Trabajan, literalmente, de sol a sol.

Las quieren ubicar, capturar y llevar a un refugio para reproducirlas y salvar la especie. Ya capturaron dos: una la soltaron por joven y la otra se les murió tras liberarla y pelear tres horas por revivirla. Veterinarios, ambientalistas y funcionarios lloraron. Y la operación de rescate está, por ahora, suspendida.

Pero no lo demás: el reto de salvarla y los conflictos políticos y criminales que circundan un asunto al que el gobierno mexicano le ha metido 2 mil millones de pesos.

SACIAMORBOS

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