¿Cuál es tu deseo?

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Últimamente me ha invadido el deseo de poder decir que sí siento el cambio. No me gusta sentirme pesimista. No hablo de algo externo, no me refiero al actuar de los políticos, ni la forma de llevarse de las instituciones. Hablo de la propia gente que me rodea.

Desde el año 2000 México ha sido otro, sí. Más abierto, más participativo, un poco más proactivo y también más crítico. Sin embargo, creo que aún no nos hemos detenido a realmente descifrar qué papel jugamos en nuestro propio entorno. ¿Qué relación queremos tener con nuestro México? ¿Cuánto estoy dispuesto a tolerar? ¿Qué necesita pasar para llegar a un punto de inflexión entre la realidad y lo que quiero alcanzar? Y no hablo de Ayotzinapa, o Tlatelolco, sucesos que por supuesto nos quitan a marchas forzadas el velo de los ojos.

Hace 207 años se luchó por la Independencia de nuestro país. ¿Ahora cómo nos vamos a independizar de un sistema político obsoleto? ¿O de una clase gobernante que dice ser ciudadana pero juega con las mismas reglas de siempre? Me rehuso a decir que nos hemos reinventado, aunque por supuesto celebro los avances alcanzados.

Pero la realidad es que ya no deseo que sean los políticos los que cambien. No. Hoy mi deseo específico es aún más sencillo, es que tú y yo ciudadanos, nos demos cuenta de nuestra importancia en lo que criticamos, en el día a día que vivimos. En esa posibilidad de cambio de enfoque, pero sobre todo de actuar. Si voy a defender la idea de ‘no más corrupción’, entonces tendré que llevarme hasta la tumba esa acción. Porque sólo así, verdaderamente así le daremos la vuelta a la situación. ¿Estás dispuesto a perder el ‘status quo’ de lo ya conocido?

¿Quién quiere qué hoy en día? Navegamos con bandera de ingenuos, pero realmente todo el tiempo estamos toreando al prójimo para sólo cumplir nuestros caprichos. Los ciudadanos hablamos de querer un mejor país, un mejor estado, una ciudad segura en donde vivir. Pero cuando yo esté bien, no me importa cómo estás tú o el resto de la sociedad.

Si yo tuviera hoy el poder de concederte un deseo, ¿cuál sería el de cada uno? Sólo pongo una condición para cumplírtelo: tiene que ser extremadamente específico y detallado. Piénsalo, analízalo…

Yo quiero que cada septiembre me retumbe en los oídos y la consciencia si verdaderamente estoy haciendo algo por mi país y por mi gente. Por qué ponerme un sombrero, bigotes, escuchar mariachi y tomar mucho tequila o cerveza sí me dan una identidad. Una que a mucha honra celebro, que me genera orgullo y me mueve todas las fibras de mi ser. Porque mi país está lleno de gente muy trabajadora, innovadora, creativa, que sabe lo que quiere a pesar de estar en una cubeta de cangrejos. Porque aunque nunca lograran salir de ahí, los mexicanos saben cómo armar la fiesta en donde estén y encuentran siempre la forma de salir adelante.

Tenemos la costumbre de quejarnos, de aparentemente no hacer ‘nada’ hasta que de repente hacemos ‘todo’. Porque cualquiera que se apropie de un símbolo nacionalista para reforzar su discurso nos hace click. Porque no hay mexicano que no tenga tatuada la cultura mestiza ‘al grito de guerra’ en su alma.

Por eso mismo ve pensando bien qué quieres, qué esperas de tu entorno, porque falta poco para que antes de que siquiera tú te lo hayas imaginado y lo tengas muy claro, tan claro como ese deseo específico que te pedí pensaras hace rato, pronto vendrán y te dirán qué necesita México, qué necesitas tú y que alguien es ese remedio y te lo van a prometer hasta el cansancio. Hasta que te lo creas. Hasta que creas que eso es lo que querías.

¿Sí sabes a lo que me refiero, no?

¡Viva México ca…!

 

 


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