LA INSPIRADORA HISTORIA DE UN HOMELESS EN MIAMI BEACH

Por Piero Menor

Ocean Drive, una de las calles mas representativas de la ciudad de Miami y destino de miles de turistas que llegan hasta este rincón de Florida atraídos por su arquitectura Art Deco, sus lujosos restaurantes y sus hoteles imperiales. Pero lamentablemente no  todo es glamour en la calle más famosa de South Beach. En Lummus Park, el parque que rodea esta mítica calle miamense, suelen amontonarse muchas personas sin hogar aprovechando sus amplias y cuidadas zonas verdes para vivir.

Uno de estos homeless (personas sin hogar), y seguramente el más conocido por los residentes de la zona es David Kahmann, un artista californiano que llegó a Miami Beach hace 13 años procedente de Santa Cruz, California. A diferencia del resto de personas indigentes que merodean el área, David trata de salir adelante vendiendo obras de arte que él mismo construye con las hojas de las palmeras que visten la zona.

Pero la historia de Kahmann va mucho más allá. En 2001, cuando aún vivía en California, David vivió una de los episodios más duros de su vida al perder a su mujer y su hijo en un fatídico accidente de tráfico causado por un conductor ebrio. Este acontecimiento empujó a David a tomar la decisión de abandonar la tierra que lo vio nacer y buscar un nuevo destino. El único matiz es que se propuso llegar hasta allí caminando. “Salí con 4 dólares en mi bolsillo y comencé mi camino rumbo a Miami. Era una dura travesía pero sabía que el Señor no me abandonaría. El camino me hizo muy bien, no perdí ninguna comida y llegué bien hasta aquí”, nos cuenta David visiblemente emocionado.

Después de caminar más de 4,800 millas durante cuatro meses y medio, Dave, como le llaman sus allegados, llegó hasta Miami Beach. “Me tocó vivir tres huracanes, en el desierto, se me metieron serpientes y escorpiones en mi saco de dormir, pero todo fue muy bien y llegué sano y salvo a mi destino”.

Tras llegar hasta el sur de Florida y vivir en la calle unos meses, David juntó el suficiente dinero para moverse a un apartamento y comprar un perrito al que llamó Jeremiah, su inseparable amigo hasta el día de hoy. Pero el destino le tenía preparada otra mala jugada a David, esta vez fue un problema de salud de su perro que necesitaba una operación de corazón si quería salvar su vida.

David no se lo pensó dos veces y empleó los escasos ahorros que tenía en salvar la vida de su mejor amigo, un gesto que le trajo nefastas consecuencias ya que no pudo seguir pagando su apartamento y tuvo que volver a vivir a la calle. Desde entonces David y Jeremiah viven en Ocean Drive, entre la calle 12 y la 13 donde Dave mantiene su improvisado taller.

Las noches son duras, la época de lluvias hace mella en su estado de salud aunque peor son las redadas de la policía de Miami Beach que limpian la zona de personas sin hogar alegando que vivir en la calle va contra la ley. El buen hacer de David durante los más de diez años que lleva viviendo allí le han permitido conocer gente bien conectada que le avisan cuando esto va a suceder. “Entiendo lo que hace la policía, muchos de los homeless que viven aquí se pasan el día borrachos, orinan y vomitan en ocasiones en la vía pública y molestan a los turistas, entiendo que la policía trate de prevenir estas situaciones”, nos cuenta Dave quien reconoce que cada noche pasa miedo pensando que en cualquier momento puede ser arrestado.

La delicada situación de Kahmann no evita que dedique gran parte de su tiempo a ayudar a los demás. Todas las madrugadas camina hasta la calle 70 por la playa  durante más de dos horas y señala a lo largo de la playa los lugares donde las tortugas ponen sus huevos, facilitando así la tarea de los operarios. Dave también ofrece agua de coco de forma gratuita a los barrenderos que a primera hora de la mañana limpian el barrio. Sus obras de caridad son apreciadas por la comunidad y es habitual ver a los vecinos ofrecerle comida y ropa.

Entre tanto David sigue sobreviviendo con el único ingreso que le da la venta de sus obras de arte, algo que también le ha acarreado problemas. “Me han arrestado más de diez por vender mi arte en la calle, se necesita una licencia que obviamente no me quieren dar, el problema es que cada vez que me detienen pierdo todas mis pertenencias y tengo que empezar de cero, eso por no hablar del pánico en el que entra mi perro”.

A pesar de todos los problemas, David mantiene la calma y se muestra positivo respecto al futuro. Su filosofía de vida le hace sentir que haciendo obras por los demás podrá revertir su situación.  “Si alguien no puede pagar lo que se lleva no importa, sé que el dinero no es lo más importante, lo único que les pido es que hagan tres obras de caridad a cambio de mi arte, una por un familiar, otra por un amigo y una última por un desconocido”, asegura.

Ante la pregunta de cómo ve su vida en los próximos años, David reconoce que le gustaría ser un artista reconocido y por supuesto, recuperar su apartamento donde poder vivir con Jeremiah. No tenemos ninguna duda que el destino le terminará dando todo lo que le ha quitado.

Si visita Miami y quiere conocer a David y comprar alguna de las 80 piezas que construye con las hojas de las palmeras, lo puede encontrar en Ocean Drive entre la calle 12 y la 13.


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