De todo como en botica

De todo como en botica

Hace unas semanas, motivado por mi amigo Vicente Alvarez Cantarell, surgió la idea de plasmar en letras lo que pasa en la preparación de un ironman, y en particular, para mantener el puesto #1 en México y hoy ya el #180 del mundo en la distancia de Ironman 70.3.

Es difícil hablar de uno mismo, y más aun escribirlo. Sin embargo, este contenido no sería motivo de atención alguna si se tratara de un atleta de alto rendimiento dedicado al cien por cien en el deporte, pero en realidad la idea nace desde un origen distinto.

Nace desde la posibilidad de toda persona para ser y hacer todo aquello que se proponga. En nuestro caso, tenemos varias facetas como la de triatleta de largas distancias, pero por otra también tenemos la función de papá múltiple, de abogado, de autor de artículos especializados en propiedad intelectual y cápsulas de opinión televisadas, de maestro universitario, de lector empedernido y de romántico de bolsillo.de todo como en botica2

Es así que un día de mis días, resulta bastante completo, ya que puede empezar a las 4:15 de la mañana para salir a rodar unos 70 kilómetros de bicicleta y regresar a casa para bañarme, vestirme y terminar de arreglar a mis hijos (que son trillizos) en un récord de 12-15 minutos para estar a tiempo en su escuela sorteando a todos con quienes compito para llegar a tiempo a la puerta a las 7:25 y no nos regresen a los críos por arribar tarde.

Una vez entregado el paquete triple en el colegio, aprovecho un espacio de una hora sagrada para leer y tomar un buen café, o bien, para desayunar de trabajo o con mi pareja, y comenzar la operación del despacho (Alhen Abogados) a las 9 de la mañana en punto aprovechando el tiempo al máximo, para pasar por los hijos a la escuela y llevarlos a comer, cambiarse de ropa, hacer tareas y comenzar el tercer turno, el de chofer.

En efecto, una vez cambiados y con tareas terminadas, comienza la peregrinación a clases de música, matemáticas, lenguaje, natación, karate y todo aquello que con el pasar de los meses se nos atraviesa y se nos hace interesante, para que los hijos aprendan y tengan más herramientas para el futuro; y mientras tanto, el teléfono inteligente se convierte en oficina constante.

Entre clases o una vez terminando éstas, se abre el espacio justo para ir a correr o a nadar y en ocasiones a dar clases en la universidad, según corresponda, y dependiendo las distancias o tipo de competencia pueden irse los niños conmigo o esperarme para llegar a preparar la cena, bañarlos, tomar medicinas (siempre hay alguno que tiene que hacerlo) jugar un rato a espadas, luchas, leer un cuento mágico, empijamarlos y acostarlos a dormir.

Una vez que esa hazaña se logra, nos ponemos a contestar correos o escribir algún artículo sobre propiedad intelectual en Cancuníssimo, o para agendar la fecha y hora de grabación de la siguiente cápsula en Sipse Noticias, o bien, para versar o prosar derrochando el poco talento literario con el que contamos.de todo como en botica

A la par, es probable que nos encontremos haciendo algún diplomado en línea sobre derechos de autor en el entorno digital, que tomemos clases de baile o que organicemos mesas de análisis sobre temas de derecho, o bien, nos encontremos planeando nuestro siguiente maratón, ironman o viaje de placer o de negocios.

Lo importante en este ritmo de vida es permitirse además, gozar lo que haces al máximo; hacer que te guste tanto, que no puedas dejar de escribir artículos o de estar ranqueado en el primer lugar de Ironman 70.3 en México; que aproveches todo el momento de disfrutar a tus hijos y sacarles todo el jugo que se pueda, y que siempre tengas tiempo de bailar, de versar y prosar con la mujer que amas. Esos son los equilibrios acelerados del ahora, pero con ellos se muestra, como dice el slogan de Ironman que en esta vida “Todo es posible”.


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