De última hora

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Estos últimos días estoy seguro que todos hemos sentido el dolor y desesperación de tantas personas por los desastres naturales que se han vivido, tanto en nuestro México como en Florida, Cuba, Puerto Rico e islas del Caribe.

Han sido momentos difíciles, y a su vez, es maravilloso ser testigo, observar y ser parte de cómo en un santiamén todos, hombres y mujeres de cualquier edad, filiación política, religión, estado civil, preferencia sexual, profesión o nacionalidad, nos unimos física o espiritualmente para apoyar y dar lo mejor que teníamos, y levantar así nuestras ciudades, nuestras personas.

Muchas voces han repetido sin cesar esta maravillosa fuerza que tenemos los seres humanos cuando, sin importar nada y sin pensar en lo que obtendremos a cambio, nos damos para ayudar. Los mexicanos nos jactamos de la solidaridad, ingenio, generosidad, entrega, valor y trabajo incansable que fluyen en estos momentos difíciles.

Recuerdo que en los primeros días todo emanó de manera absolutamente desinteresada. Los mensajes vía Whatsapp o a través de los medios electrónicos llevaban una sintonía en la que todos estábamos conectados. Fueron pasando las horas y, sin darnos cuenta, los intereses empezaron a ser parte de los mensajes; la información que circulaba empezaba a ser más molesta que de ayuda; leíamos notas que, sin ningún fundamento, empezaban a abatir a muchos voluntarios.

Muchas personas seguían viviendo en carne propia los estragos, del huracán primero, y terremoto después, cuando algunas cabezas empezaron a querer sobresalir y mostrarse como líderes, sabios y conocedores.

Esperemos que las cosas cambien y en algunos meses la ayuda siga fluyendo desinteresadamente, porque es en esos momentos, cuando todo ha pasado, cuando más necesitarán un abrigo, un sentido, un abrazo.

Esos días admiramos la labor incansable de los integrantes de la Marina, del Servicio Militar, de las diferentes corporaciones policíacas, Bomberos y paramédicos, que se unieron para prestar sus voluntades, y sin olvidar el cuidado de sus estados y ciudades, ayudaban al prójimo en desgracia que sufría los embates de la fuerza de la naturaleza. Sin equivocación puedo decir que todos admiramos su entrega y valentía, espero lo sigamos haciendo cuando hayan pasado unos meses y nos los encontremos en nuestras ciudades cuidando el tránsito, luchando contra el narcotráfico, parando nuestros automóviles para revisión, y dejemos de pensar en ellos como en sinvergüenzas o personas sin cultura, ni educación.

Hace unas semanas discutía acaloradamente con una amiga acerca de nuestras fuerzas armadas, y en especial, de los policías y agentes ministeriales. Es tan poco lo que conocemos, y tanto lo que criticamos, que me vi avasallado por ella, pues con una pasión que no le conocía, me hizo entender mucho del riesgo y trabajo que llevan a cabo nuestros conciudadanos; es tan fácil criticarlos y ponerlos en el papel de malos e ignorantes o en el de corruptos y violentos.

He escuchado cómo nosotros, me incluyo, hablan de la forma agresiva en que encaran determinada situación cuando, a nuestro entender, pudieron hacerlo en una forma pacífica y educada.

Cuántos videos nos distorsionan su actividad, haciéndoles parecer como lo peor que existe. Terminamos la conversación sin llegar a ningún acuerdo; días después me acerqué a ella para agradecerle la manera en la que me hizo ver una realidad muy escondida. Empecé, ante cualquier pensamiento negativo, a ponerme en los zapatos de los policías, ¿qué haría yo ante esa situación? ¿cómo actuaría? Definitivamente el estrés y el miedo de no regresar a mis hijos, mi casa y mi pareja, cada día me podría convertir en un ser más violento de lo que soy, me vi actuando un poco más como ellos, y sólo era el principio.

Empecé a investigar, y los sueldos bajos, los castigos ante las acusaciones, la falta de herramientas para ejercer bien su trabajo (léase armas como herramientas), balas, vehículos, chalecos de protección, etc.

Días después asesinaron a una pareja de servidores públicos, a unos policías, cuando se encontraban con su familia en su día libre. No llevaban guardias, ni personal que los cuidara. Curiosamente este asesinato ocurre cuando se informa de la orden de aprehensión de Mauricio Góngora, una vez más una acción violenta ante una positiva.

De última Hora y a partir de ese momento, empiezo a no juzgar tan libremente a nuestros conciudadanos, policías, judiciales, agentes ministeriales, militares, marinos, hombres y mujeres que están para defendernos y arriesgan su vida por la nuestra. Su labor no es marchar en los desfiles o levantar escombros después de un desastre natural, actividades por las que los admiramos. Su labor es la del día a día en la que se enfrentan a otras fuerzas en inferioridad de condiciones, y por esa labor son denostados por nosotros.

Intentémoslo todos, hombres y mujeres de cualquier edad, filiación política, religión, estado civil, preferencia sexual, profesión o nacionalidad, pensar un poco diferente.

Gracias a ti por hacerme escucharte, y ser capaz de ver ahora de una manera diferente


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