De última hora…

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Antes, mirábamos el cielo y nos preguntábamos qué lugar teníamos en las estrellas. Hoy, miramos hacia abajo y nos preocupamos por nuestro lugar en la tierra

¡Vaya que ha sido un mes movidito! El mundo, el país, el estado, nuestra ciudad… ¿Cuál es la diferencia? ¿Decimos vivir en un lugar que amamos y sentimos muy nuestro, o en su defecto, decimos que estamos en ese lugar por necesidad y queremos alejarnos cuanto antes? ¿Dónde estás tú, en donde amas o en donde quieres alejarte? Se preguntarán a qué viene esta pregunta; pues bien, desde hace unos meses he notado, y me ha hecho prestar mayor atención una amiga, mi comportamiento y forma de hablar.

Me he dado cuenta cómo muchas veces las costumbres y formas tan arraigadas nos hacen olvidar los valores con que crecimos y caer en incongruencias enormes entre nuestro decir y hacer, y muchas veces entre nuestro decir, cuando se trata de otros, que en el mismo decir, cuando es a nosotros.

Como ciudadanos, ¿qué actitud queremos tomar y qué estamos dispuestos a hacer para vivir en armonía y en un lugar pacífico?

Sé que muchos me tildarán de loco y de soñador; prefiero serlo, y pensar y actuar de esa manera; cambiar mis palabras y sobre todo mis hechos. Enfocarme en lo bueno y darle a las personas el beneficio de la duda.

¿Cuántas veces hemos repetido que todo el mundo merece la oportunidad de empezar de cero?, ¿cuántas veces la hemos dado? Cambiar requiere práctica y no es fácil, pero si empezamos en las pequeñas cosas creo podremos lograrlo; un paso a la vez.

Sabemos la importancia de decretar, de pensar positivamente; casi todos hemos leído de esto y lo repetimos. Sabemos también que la energía se encuentra en cada acto nuestro y del mundo. Cuando nos volvemos conscientes de esa energía tendemos a hablar de forma diferente.

Todos tenemos problemas en la vida, pero no tenemos que darles toda nuestra energía. Como me decía esa amiga querida, cambia la palabra y deja de tener problemas; mira a esos que llamas problemas como
situaciones que la vida te pone para aprender y crecer.

Hay tantas distracciones en la vida que solemos olvidar nuestra única razón para estar aquí: amar y cuidar a los demás. Imagínense un mundo así, en el que todos amamos y buscamos dar la mano a nuestro prójimo.

De Última Hora les platico que no quise ponerle nombre a todas las situaciones que, desde mi parecer, movieron el mundo de una manera especial. No es nada más Cataluña y su independencia; o las elecciones y los miles de candidatos independientes; o las cajas de seguridad.

Sé que hay muchas otras situaciones que a cada uno de nosotros y nosotras nos distraen: un amor o desamor, el trabajo, dinero, familia. Tengamos la absoluta certeza de que todo, aunque ahora no entendamos, es para nuestro bien.

Démonos a nosotros mismos el beneficio de la duda. Compartamos de nuestro amor y dejemos de juzgar. Creo que si iniciamos este ejercicio ahora en noviembre, para el próximo mes tendremos más práctica para sentarnos en la mesa con nuestros seres queridos.


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