UN DEPORTE LLAMADO ODIO

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Vamos a dejar claro este asunto desde el principio: nadie se va con la mentira de que las marchas homofóbicas son “por la familia”. El discurso del odio es claro aunque le llamen “rezos” y “libertad de expresión”. Tienen derecho a rezar a la Pacha Mama si quieren, pueden marchar y expresar su desacuerdo ante la igualdad y la libertad consagradas en la Constitución, pero si quieren llamar “familia” a su odio a lo diferente esperen una respuesta.

La gente que marchó por “la familia” difícilmente leyó la iniciativa del Presidente, menos aún sabe que la ley no es más que la formalización legal de lo que dice la Constitución y las sentencias de la Suprema Corte, que el derecho de los homosexuales al matrimonio es irreversible, como lo es el de los negros a ser libres, los indígenas a ser ciudadanos de primera, las mujeres a ser iguales frente a los hombres, de los niños a ser niños protegidos, educados y amados… y todo eso por la sencilla razón de que son seres humanos.

¿Alguien puede afirmar que ser mujer es malo? Pues fíjense que esa era la idea detrás de las limitaciones sociales a las mujeres. Su permanente histeria, su locura innata, su impureza corporal cada luna, su inestabilidad, su debilidad física, sus limitaciones intelectuales, el hecho de haber sido formada de la costilla de un hombre y de haber sucumbido a la palabra de Satanás, todas estas verdades evidentes y de todos conocidas, la hacían claramente inferior. ¿No está usted de acuerdo? Yo menos. Son tan verdad y tan evidentes como los prejuicios y la ignorancia de los machistas (hombres y mujeres por igual) que querían mantener el poder y un paisaje a su alrededor libre de estrógenos ¿Por qué lo querían así? Por imbéciles y miedosos, por negarse admitir sus errores, porque no querían sentir amenazadas sus incapacidades.

Por supuesto quienes afirmaban que las mujeres eran humanos de segunda nunca se llamaron a sí mismos “misóginos” u “odiadores de mujeres” ¡Por favor! Claro que no. Decían que tenían la responsabilidad de educar a sus hijos y el derecho a hacerlo como les dictara su conciencia, que eso era lo normal y lo debido, que dios lo había mandado así y un largo etcétera de estupideces.

Pues así de ridículas y criminales son las “verdades” homofóbicas que reclaman un trato de segunda para los gays, porque una minoría de ignorantes y odiadores no los quiere ver. Si pudieran, harían retroceder el tiempo para asegurarse que sus temores irracionales se vean aplacados a toda costa, incluyendo el Coco y La Llorona. No hay nada que respalde afirmación alguna sobre el supuesto peligro que para la sociedad y las familias representa el matrimonio gay. Ninguna. Lo que sí sabemos es que el maltrato, la violencia intrafamiliar, los vicios, la violencia sexual, la sevicia y otro largo etcétera de cosas sí sabidas y evidentes, se dan en hogares “normales” desde siempre.

Así que contesten de frente y sin más la gran pregunta ¿Por qué es malo ser homosexual? Suerte con eso.


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