Dinastías femeninas, desde el fondo de su corazón

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Lourdes Zúñiga hilvanando una herencia

Como abuela, Lulú vive el momento más grandioso que le pudo brindar la vida: “amo a mis hijos, pero nunca imaginé lo que sentiría por mis nietos; para mí, lo más importante es poderles transmitir todo aquello que va tomando importancia y mayor sentido en la vida; el sentido valioso de las cosas, y lo entiendo en una frase: ‘el que no vive para servir, no sirve para vivir’; deseo que sus acdinastías femeninas, desde el fondo de su corazón las ornelasciones sean encaminadas a ser mejores personas cada día y ahí van a encontrar la felicidad; amar lo que hagan es lo que los hará felices, y lo que más deseen deben buscarlo con amor. Que aprendan a enfrentar los retos, tropiezos o errores, viéndolos como oportunidades de crecimiento”.

“Fuimos siempre la familia más grande de Cancún, tanto por mi lado como por el de mi esposo. Somos personas con valores profundos y eso nos hizo más fácil la vida. Pertenecemos a las primeras generaciones que hemos
hecho cosas por Cancún, como fundar la Universidad La Salle y crear la Asociación Gilberto. Ahora mis nietas, María y Eugenia Ornelas, están a punto de seguir sus propios pasos empresariales y eso me llena de gusto porque así como ellas empiezan a ver su futuro, yo por mi parte sigo planeando el porvenir”, nos dice Lulú.

El puente ahora entre las nietas y la abuela, es Roxanna Martínez, su primogénita, quien está al filo de continuar con el trabajo de su madre, haciendo efectiva la herencia moral de la familia a sus hijas, ya que el nuevo proyecto debe tener un objetivo primordial: ayudar a la gente de las comunidades con trabajo para que todos ganen y seguir apoyando el objetivo de la Asociación Gilberto. Ver en vida la transición de una vocación es la parte que disfruta Roxanna, además de crear una empresa por sí misma, algo que aprendió de su esposo José Carlos, quien hoy es luz que ilumina su camino.

Addy Joaquín Coldwell,  el corazón de una madre

Para Addy Joaquín, pertenecer a una de las familias más legendarias de Cozumel es un privilegio, ya que además, tuvo el mejor regalo de Dios: tener a sus padres con vida por mucho tiempo. De su madre, doña Miguelina Coldwell, aprendió que “cuando crees que tu corazón ya no puede querer a nadie más, descubres que siempre hay lugar para albergar más amores; más allá de sus hijos, nietos y bisnietos, como le tocó vivir a ella”, recuerda a propósito de las cinco generaciones que le tocó ver a su mamá.

La mujer es el eje de los valores y el pilar de la formación de un hogar. Todos los días le doy gracias a Dios por dejarme ser bisabuela, tanto por mi hija Rosy, como por mi hija Addy, quien también tuvo la fortuna con su nieta Valentina, de ver cinco generaciones, pero a su nieta Isabela no, por eso le estamos transmitiendo quién fue su tatarabuela”, nos comentó.dinastías femeninas, desde el fondo de su corazón addy

Rosy Ruiz piensa que su madre es una estampa grande en su vida. “Admiro su amor y su entrega; tuvo tres hijos y a todos nos dio cariño y atenciones, como nuestro chocolate a mano con molinillo y no en licuadora. Cuando me hice mamá de dos hijos maravillosos, comprendí muchas cosas; me uní más con ella espiritualmente, pero como ella dice, la base de esta familia fue mi abuelita Miguelina, porque no hay día que no la recordemos por sus palabras, actos o cariño”.

Y la dinastía continúa con Rosa Laura Lechón, a quien después de escuchar todo lo anterior, le da orgullo. “Pertenecer a esta familia representa retos y reafirma mis valores. Tengo muy buena escuela, un legado precioso y se lo estoy transmitiendo a Isabela, mi hija; al ver a mi abuela y a mi madre, pienso en lo hermoso que es ser mamá; es el amor más puro”.

Para Addy, Rosy y Rosa Laura, doña Miguelina es un espíritu viviente porque fue toda bondad y tuvo una impresionante capacidad de amar; mucha gente les sigue agradeciendo sus detalles, “si para nosotros fue lo máximo, saber cuánto amor dejó regado por ahí, hace más fuerte su legado y su presencia en nuestros corazones”, coincidieron las tres.

Mariana Jamit: Ser madre, un acto personal

“La educación de los hijos es la responsabilidad más grande que tienen los padres y la realización de toda mujer es la maternidad; creo que ser madre es una oportunidad de transmitir los valores que hemos aprendido de nuestros padres, y cuando llega el momento de enseñarles eso, tienes que dar lo mejor de ti porque el crecimiento no se detiene. En mi caso, mi mamá nunca me dijo cómo debía ser madre; doña Esther me dejó hacerlo según mi criterio, y nunca se ha metido ni para bien ni para mal, pero siempre ha estado atenta a lo que hacemos, tanto yo como mi hermana Daniela, quien está iniciando con Marian su rol de madre”, nos dice Mariana.dinastías femeninas, desde el fondo de su corazón las jamit

Aunque doña Esther Jamit no participó en la charla, sólo en las fotos, su personalidad quedó plasmada en las palabras de sus hijas, porque como madre ha hecho un trabajo libre, dándoles la confianza y seguridad de ser y hacer, tomar sus decisiones y respetarlas; sin embargo, como abuela se ha volcado en cariño hacia sus nietas. Para Daniela, su madre es ahora otra persona, mucho más sensible y cariñosa, y no porque no lo haya sido con ellas, sino porque no hay día que no pregunte o pase con sus nietas: María Fernanda, María Andrea y Marian.

Para Mariana, “saber que lo que he vivido le ha servido a Daniela, me da mucho gusto y me genera una responsabilidad distinta, pero a la vez, me permite recordar esos momentos de inexperiencia”. Por otro lado, la convivencia entre primas es tan fuerte, como la unión entre Mariana y Daniela, y ambas coinciden que la oportunidad que tienen de verlas crecer juntas es lo más maravilloso que experimentan como madres y hermanas.

Paty Lavalle generación de amigas

“Actualmente vivo la maternidad como el momento más feliz de mi vida pues me permite divertirme con mis hijos; conversamos con mucha madurez. Los veo realizados y disfruto de sus triunfos y veo crecer a una nieta preciosa. Creo que a eso se resume mi vida”, nos dice Paty.

Para su hija Jennifer Lavalle, actualmente está pagando todo lo que hizo en la pubertad, dicho de otra forma, “ahora entiendo a mi mamá, no por tener hijos, sino porque en la adolescencia es cuando los hijos empiezan a juzgarme; ‘que no te pongas esto o aquello’, pero además de ser jueces, hemos aprendido a ser amigos con su debido balance, y es ahora, que definitivamente entiendo mejor a mi mamá”.dinastías femeninas, desde el fondo de su corazón las lavalle

Aunque para Pamela Lavalle, la más pequeña de las hijas de Paty, la maternidad es una parte importante en su vida, por el momento su prioridad es realizarse plenamente en lo profesional; ella pertenece a la generación que, hasta cierto punto, le teme un poco a esta etapa, pero al mismo tiempo, al observar el ejemplo de su madre y su hermana con su sobrina Jimena, la vida la está preparando para enfrentarla y admite que quizá, en un par de años, esté lista para experimentar la maternidad.

Y la que sorprendió a todas fue Jimena, quien no tiene como meta en la vida ser mamá; para ella está su realización como persona y los objetivos profesionales, aunque si se presenta la cigüeña ¡ya qué! Su objetivo es firme. De su abuela admira lo mucho que la consiente; de su tía que es muy ‘buena onda’; y de su mamá tiene una opinión muy clara: “es mi mejor amiga”.


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