EL ARTE DE GANAR UNA ELECCIÓN

EL ARTE DE GANAR UNA ELECCIÓN

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Por Ileen Colín del Río

Noches de paz son las que inundan la sensación del ambiente en vísperas de un año nuevo. Sin embargo, en algunas partes del estado (y del país) se prepara el entorno -de forma sigilosa y silenciosa- para lo que será una espectacular guerra. La más costosa de todas… una guerra electoral.

 No se derramará sangre propiamente, pero sí dinero y mucho esfuerzo. El costo de la democracia para el 2016, de acuerdo a información publicada por La Jornada, tendrá en Quintana Roo un incremento de casi 35%, y con 259 millones de pesos, se desarrollará este escenario en nuestro territorio.

 En los bunkers de los partidos políticos se habla en términos de guerra, de un líder y de un estratega. Por ahora todavía no existen los candidatos (recordemos que la democracia todavía no entra en el juego hasta febrero). Lo que ahora preocupa es la defensa de un reinado, de un legado. La lucha se centra en dos vertientes, el más fuerte ó el más apto. El más fuerte tiene un ejército, el más apto tiene un equipo con el que forma consensos.

 En los tiempos de monarquías, se creía que si un príncipe dedicaba más tiempo al arte de los refinamientos, es decir, a mejorar las artes y lo social, que en mejorar las armas, perdía su Estado. Por ende al organizar propiamente un ejército, con súbditos y no mercenarios, se lograría extender el territorio como bien lo hizo Alejandro Magno. Anteriormente no se ganaban elecciones, no se buscaban consensos, se ejercía el poder con el uso de la fuerza.

 Mientras que en la actualidad los gobiernos surgieron como un conjunto de reglas, que básicamente establece: quién esta autorizado para tomar decisiones colectivas –que si bien no necesariamente soy buenas, pero sí en beneficio de la mayoría-, y el procedimiento para transformar esas reglas en acciones.

 Las guerras y los ejércitos servían para proteger a las monarquías. Las elecciones hoy son el arma de los gobiernos para lograr continuidad. Por eso se basan en la estrategia militar: el objetivo para ganar se logra al perpetuar el mandato y aumentar el territorio –como aumentar el número de votos por un mismo partido-. Pero hay una diferencia sustancial que no hemos observado.

 La guerra no es, ni debe ser una actividad continua. Una guerra se lucha y se termina. Y entonces se dedica uno a reinar sobre la paz, solo así prospera una sociedad. Entonces el inicio se marca con la contienda electoral y forzosamente debe terminar con un candidato que resultó ganador. Lo siguiente es dedicarse a formar gobierno, por ende consensos.

 Bajo esta premisa me atrevo a decir que el más fuerte ganará las elecciones con el mejor ejército. Pero, solo el más apto logrará formar un gobierno. No se puede poner a un ejército a gobernar. Mucho menos en tiempos actuales. Nuestra sociedad necesita un mediador, que su forma de gobernar sea a través de la solución de conflictos sociales.

 En nosotros recae si esta guerra se extiende más de los seis meses que debería durar, puesto que no olviden que quien procede con cuchillo en mano, se verá obligado a tenerlo siempre a su lado.


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