Elecciones: las preguntas correctas

Elecciones: las preguntas correctas

Se acercan tiempos electorales y las noticias están repletas de supuestos candidatos rumbo al 2018 (aunque, por ejemplo, Margarita y Anaya se subieron al ring desde hace más de 6 meses).

Los tiempos políticos que hoy enfrentamos están llenos de escepticismo, de señalamientos y poca credibilidad. Por una parte tenemos a una ciudadanía que poco a poco busca involucrarse, que quiere ser partícipe, pero no sabe del todo cómo hacerle. Hoy la democracia es más latente que nunca, aunque pareciera que en completo detrimento de la propia gobernanza, pues los ciudadanos ya no se mueven ni en el espectro partidista para actuar y tampoco lo hacen como una sociedad civil cien por ciento organizada. El sistema político mexicano sufre completamente de una crisis de identidad.

Por otra parte, la elección futura de un presidente de Estado, 128 senadores y 500 diputados, en conjunto con otras 30 elecciones estatales, merma el último año de un gobierno federal, en donde todo se detiene para definir “la agenda partidista y política”. Se crean supuestos partidos, los minoritarios relucen en el espectro sabiendo su juego “como moneda de cambio”, los candidatos independientes empiezan a dar de qué hablar con declaraciones poco concretas en torno a sus futuros planes, y así sucesivamente.

Encima de todo esto, se ha vuelto indignante entre la población los 6 mil millones 778 pesos aprobados para los partidos políticos el próximo año, además de los aproximados 5 mil millones que se repartirán para los 30 estados con elecciones locales. Ok, el monto indigna… pero, ¿el análisis no debería centrarse en cómo y para qué se va a usar ese dinero? Es un hecho que la democracia tiene un costo. Sin embargo, éste debe solventarse para ejecutarse en unas elecciones íntegras, con procesos verdaderamente democráticos, pero sobre todo: transparentes.

Las elecciones en México siguen siendo un tema escabroso, en el cual aún no se sabe cómo eliminar la red de corrupción del dinero ilegal que circula en torno a los candidatos y que aún no tiene forma de ser sujeto a la rendición de cuentas, con el fin de atar a los siguientes servidores públicos.

No solamente son los procesos en los cuáles nos debemos enfocar a analizar y auditar, siempre se nos olvida revisar la verdadera sustancia que les da origen: su marco jurídico. Además, no sólo en México, sino también en el mundo, se carece de un análisis de fondo, con tal de proceder a la inmediatez de un juicio o comentario que sea sensacionalista. Seguiremos padeciendo de los problemas de un sistema democrático cuestionando su viabilidad en tanto que no exista verdadera información estadística;

-¿Qué significan coyunturalmente los resultados electorales?

-¿Cuánta participación ciudadana organizada existe en torno a una elección? ¿Ésta es estable? ¿o tiene picos durante las elecciones? Por lo tanto ¿es real esta participación, o es un acto electoral?

-¿Cuántos nuevos partidos se registraron?

-¿Cuántos nuevos candidatos existen?

-¿Cuál es el comparativo internacional del costo de nuestra democracia en torno a sus resultados?

Los millones presupuestados por sí solos no dicen mucho. Es fundamental que cómo ciudadanos empecemos a hacernos las preguntas correctas previo a la indignación.


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