¿Empatía, crítica o realismo?

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Es una realidad que en México se celebran mayormente los triunfos inmediatos y las cifras sin fondo. Pocos logros tienen un carácter sostenido y sobre todo que permitan comparativos. Esto genera siempre desconfianza sobre las cifras emitidas.

Aunado a esto, en los últimos sexenios durante la época del informe de gobierno, se leen y escuchan un sinfín de comentarios negativos en torno a las campañas de comunicación de nuestros presidentes: “porque lo buena cuenta”, de Enrique Peña Nieto y “para vivir mejor”, de Felipe Calderón. En ellos se exaltan exclusivamente logros, los cuales siempre terminan siendo objetos de críticas o parodias, puesto que nunca hay nada que celebrar… según varios analistas.

¿Acaso lo que indigna es el formato? Es decir ¿causaría menor rechazo si no apareciera la imagen del presidente en estos anuncios? Anteriormente el informe de gobierno presidencial era un acto meramente protocolario y extremadamente técnico. El México de antaño gozaba de una investidura presidencial como ya no existe en la actualidad. Nuestro país luchó por un modelo democrático basado en la alternancia en el año 2000 y con ello, eliminó la forma tradicionalista de vivir la política y abrió espacios de crítica (más que de diálogo, diría yo).

Pero hoy ¿cuál es el punto medio entre crítica, aprobación e indignación? Estoy de acuerdo en que a veces no resulta verdaderamente complicado emitir un análisis político que realmente tenga fundamento. En estos días hablar de política es muy fácil, basta con arrojar un nombre de un político y clavarle una daga con algún rumor en puerta o encontrar una fuente que puedas citar, de preferencia con algo malo. Porque así nos han acostumbrado los medios a leer ‘noticias políticas’. Porque leer que algún político está haciendo algo bueno, en automático se toma como una especie de censura o una forma de ‘chayo’. En tanto que hablar de ciencia política, esa es otra historia muy distinta. Tratar de explicarle a la gente la lógica del análisis genera aburrimiento, si no es que primero te toman por pedante.

Recuerdo una vez que de forma casual me hicieron un supuesto examen, el cual consistía en preguntarme los nombres de las esposas, amantes, hijos reconocidos -o no- y chismes en general de los políticos del momento (¡ah claro!, porque el momento cambia cada dos años, si bien les va a los contendientes). En ese momento sentí una frustración enorme: años de estudio para que en eso se redujera mi conocimiento. ¿Alguna vez alguien me iba a preguntar qué pasaba en la actualidad con la democracia como fue descrita por Robert Dahl?

Pero la realidad es que la esencia de lo que yo viví en el riguroso ‘test de actualidad política’, es un retrato de lo que hoy en día se consume en información. Por eso me pregunto, ¿sabemos qué es lo que realmente queremos recibir en los mensajes políticos y en las noticias? ¿O simplemente dejamos que los demás marcaran el modelo de lo que consumimos?

Si lo analizamos, estamos en una lucha inconsciente de una exaltación de lo bueno contra lo malo. En medio de gobierno y oposición, nos encontramos los ciudadanos.

¿Qué pasaría si durante el mensaje sobre el 5º informe que dará EPN este sábado, se hablara en porcentajes de avance y no sólo metas aisladas pero concluidas? “Se logró el 50% de la meta, aún hay mucho por hacer”. ¿Qué reacción tomarían entonces los ciudadanos? ¿Empatía, crítica o realismo?


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