Entre desafíos y milagros

entre desafíos y milagros

Por: Esteban Torres 

Este mes rendimos homenaje a un grupo de mujeres sobrevivientes de cáncer, quienes nos comparten su experiencia de vida que las ha salvado de caer en depresión; ahora forman parte de un grupo de autoayuda que fomenta la vida

Cada 19 de octubre se celebra el Día Internacional Contra el Cáncer de Mama y el mundo entero se viste de rosa como símbolo de apoyo a esta lucha que desea frenar esta enfermedad que cada vez ataca con mayor incidencia a las mujeres, tanto en los países desarrollados como en los países en vías de desarrollo. Afortunadamente ha aumentado la esperanza de vida, gracias a las campañas de prevención para evitar la enfermedad con la detección temprana.

Gloria CarranzaGloria Carranza

“Pasar por esto fue muy duro y me dejó grandes lecciones”

El 20 de febrero de 2005 acudí a mi revisión de rutina, como lo venía haciendo cada año. Inmediatamente el doctor consideró necesario hacer una cirugía. Al día siguiente estaba en quirófano. El tumor, si bien era pequeño, también era sumamente agresivo, por lo que recibí seis quimioterapias y 35 radiaciones con resultados positivos, gracias a Dios. Fueron momentos muy difíciles, pero sin duda el apoyo de mi esposo, mi hija y mis amigas, me ayudaron a pasar por esto; fue una parte vital para que el tratamiento diera resultado.

Hoy, 12 años después, la vida me cambió. Valoro todas las bendiciones que la vida me da y busco compartirlas con las personas que más quiero. Pasar por esto fue muy duro y me dejó grandes lecciones, como fomentar las revisiones tempranas que me permitieron un diagnóstico a tiempo de algo que nadie quisiéramos oír jamás. Quiero regresarle a la vida la oportunidad que me dio, apoyando en la prevención del cáncer y seguir siendo tan feliz como hasta hoy. Actualmente soy vicepresidenta de Grupo Desafío, donde nos dedicamos a la prevención del cáncer de mama y a apoyar a mujeres con este padecimiento.

Jéssica RábagoJéssica Rábago

“Disfruto lo amargo y lo dulce, porque así es la vida”

Al principio fui detectada sin síntomas aparentes; sin embargo, inesperadamente me dijeron: ‘tienes cuando mucho, tres semanas de vida o intentar un tratamiento, ya que padeces carcinoma etapa cuatro’. Han pasado casi seis años de haber sobrevivido. Para mí, más que un sufrimiento resultó una bendición; el dolor físico era insoportable, pero mi doctor, Luis Ferbeyre, se sorprendía de los avances, y me decía: ‘tranquila, que Dios no te dará nada que no puedas soportar’, y en sus manos estuve todo el tiempo.

Dos amigos crearon una página en Facebook en la que cientos de personas me enviaban sus mensajes de apoyo con mucho cariño y que me hacían despertar con esa ilusión de leerlos una y otra vez. Me llegaron libros, oraciones, se hicieron varios eventos: una rifa, una carrera organizada por mi tío y mi mamá, una hermosa cena, fotos de apuesta con mi papá y un gran amigo, donde todos mis hermosos amigos y familiares participaron, y hasta gente que no conocía. Fue un milagro de amor y así logramos terminar mi tratamiento por meses.

La falta de cabello y la falta de una parte de mi cuerpo pasaron a último término, porque estuve completamente llena de luz y fortaleza.

Hoy quiero mandar un único mensaje: todos deberían saber que siempre hay un rayo de luz en la oscuridad. Cuando logras transformar tu pensamiento llegan cosas hermosas. Nunca me rendí. Le di a mi vida un propósito y un sentido a mi existir. Eso es lo que me mantiene en pie. Dios siempre tendrá la última palabra, vivo en un eterno agradecimiento a cada ángel que ha cruzado mi camino. Mi manera de ver la vida cambió, ahora disfruto cada momento que respiro, atesoro los compartidos. Todo es perfecto en su imperfección. Valoro la nobleza de los corazones buenos. No olvido que sólo estamos de paso y que hay que dar lo mejor de uno siempre. Disfruto lo amargo y lo dulce, porque así es la vida.

Yolanda HernándezYolanda Hernández

“Somos sobrevivientes todas; el cáncer te hace más sensible y valiente”

Cuando recibí la noticia entré en estado de shock, lo bueno es que se me detectó a tiempo, fue un proceso difícil y lo primero que pensé fue en proteger a la familia de un impacto: si no lo tomas como es, no sales adelante. Cuando empecé con la quimio y el doctor me dijo: ‘¿estás lista?’ Yo le respondí mirando a una cruz: ¡échele, pero agua bendita, porque de esto no me voy a morir! Ahora que lo he superado, el cáncer es una experiencia bonita porque te hace más sensible en unas cosas y valiente en otras. Veo los días hermosos. Ya no ‘miento madres’ cuando me rebasan; ahora los bendigo y que les vaya bien. Ya no me molesta hacer fila, puedo esperar porque la vida ya me dio la oportunidad para poder hacerlo. Ahora vivo para ayudar, me cambió el carácter, me río y disfruto más.

Me siento muy feliz de ser la presidenta de Grupo Desafío, pero cuando llegué se respiraba pura depresión. Nadie sonreía; era puro llorar. Ahí llegas a ser una más; no existen clases sociales y eres tal cual, pero le faltaba chispa para que nadie se hunda en la depresión. Somos sobrevivientes todas, algunas están en el proceso y debemos animarlas, para eso se hizo el grupo y eso es lo que motiva. Respeto el caso de cada una, pero no permito que nadie se deje caer. Somos una fortaleza, y si alguna muere en el campo de batalla, nos duele mucho y pedimos por ella, pero nosotras debemos seguir. El día que tomé la presidencia recibí una gran alegría, pero también una gran tristeza cuando llegué a mi casa; recibí una llamada: había fallecido una compañera. Ahí te das cuenta que no hay felicidad completa; por eso debes estar preparado, disfrutando cada día con intensidad. La vida es un desafío y cada día es un milagro.

Elena VillarrealElena Villarreal

“Las cicatrices son mis huellas de batallas”

La noticia no me sorprendió mucho. Intuí que algo no estaba bien. Cuando el doctor me comentó que no le gustaba dar los resultados por teléfono, confirmó lo que yo pensaba: había un tumor en mi seno y crecía muy rápido. Salí del consultorio sabiendo que tenía que enfrentar la guerra contra el mal. En ese momento estás sola tomando una decisión de vida o muerte, así es que dije: ¿cuándo empezamos?. Tomé la decisión con calma y optimismo, confiando en que me estaba poniendo en manos de expertos, y con una actitud positiva, sobreviviría el proceso. Mi vida se puso en stand by. Regresé a la Ciudad de México durante 17 semanas a recibir ‘mi coctel’ (así bromeaba con mi familia y amigos). Con todo y que mi aspecto se empezaba a deteriorar, no dejé de arreglarme en toda la cuenta regresiva. Estoy segura que la actitud optimista es lo más importante.

Aprendí a visualizar mi mejoría y a confiar que cada día estaba mejor. Me ayudó mucho el cariño, cartas, e-mails, llamadas de tantos afectos que estuvieron acompañándome en el tiempo que estuve enferma.  Me levantaba diario a agradecer a la vida estos gestos de afecto.  En vez de pensar que me estaban bombardeando con veneno las células malignas, pensaba que me estaban inyectando salud. Faltando siete semanas de radiaciones diarias, tenían que tatuarme las coordenadas en el seno y me dije: ¡un tatuaje, que chic!, y sólo yo lo vería. Están de moda los tatuajes y el mío sería minúsculo y privado.  Otra huella de guerrera ganadora.

Para ganar la guerra se necesitan ganar varias batallas, incluyendo la de tu mente. La última etapa de mi experiencia fue la más difícil porque eran las cirugías que tenía que enfrentar, pero estoy viva y las cicatrices son mis huellas de batallas. Agradezco estar viva. Valoro mucho más mi salud; viajo, salgo, aprendo, me divierto y le sonrío a la vida en cada momento.  No dejo de estar agradecida por haber sobrevivido.

Martha Aviña Martha Aviña

“Vivía enojada por todo…  ahora disfruto mi vida al máximo”

Cuando recibí esa triste noticia  mi vida cambió totalmente. Incrédula de lo que me estaba pasando caí en shock por completo. Estaba sola porque mi esposo se encontraba de viaje. Hablé a una amiga y juntas lloramos por esta nueva preocupación. De inmediato me puse en contacto con personas que ella conocía y que estaban en tratamiento de cáncer. Me entró un coraje contra el mundo, como si de ellos fuera la culpa. No quería palabras de aliento, mucho menos escuchar ‘¡échale ganas!’ Odié esa frase. Pensaba: ‘como no estás en mi lugar, por eso lo dices’. Después  agarré al toro por los cuernos y me di valor para lo que venía: la hospitalización. Aunque no hice tanta publicidad como Angelina Jolie, decidí quitarme totalmente un busto y opté por la reconstrucción de mi pecho para estar más tranquila.

Esto pasó hace ocho años, y desde hace siete pertenezco a Grupo Desafío gracias a mi hija Briget. Me pidió que fuera a este grupo porque yo vivía enojada por todo. Escuché que no era la única y me tranquilicé. Me sentí más feliz y ahora disfruto mi vida al máximo. No pasé por las quimio ni las radiaciones. Cuando escuché que era la única del grupo sin haber recibido este tratamiento, y únicamente haberme sometido a la reconstrucción mamaria, me sentí bendecida.


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