EVER THINE. EVER MINE. EVER OURS.

EVER THINE. EVER MINE. EVER OURS.

Por Ana Hernández

En esta columna no vas a leer lo que me han escrito mis exes, pero sí te voy a compartir, que estando ayer lunes en la sala de espera de la nutrióloga, mi vecino de silla me preguntó que es lo que busco en un hombre…

Lo primero que respondí fue que sea alguien que tenga ganas de conquistarme, le platiqué que estoy leyendo “París era una fiesta” de Ernest Hemingway, obra en la cual, despacito, seductoramente y casi sin darte cuenta, el autor te atrapa y  transporta a la época donde a las borracheras las llamaban poivrottes, que en francés quiere decir alcohólico pero en mujer. En este libro Hemingway cuenta que Michaud era el nombre del restaurante favorito de James Joyce, donde con su esposa Nora Barnacle, era asiduo comensal en la  época de la génération perdue, de los años donde Gertrude Stein – la judía  gay de gran volumen que estudió filosofía en Harvard y que sobresale como la Medici de Francia- se convirtió en la principal mecenas, amiga y guía de Picasso, Matisse, Cézanne, Monet y Renoir.

Siendo esta la época –a la que se refiere el libro- en la que a mi me hubiera gustado vivir y enamorarme.

¿Conoces alguna de las grandes cartas de amor de la historia?

Sí viste la película Sex On The City sabes a cuales me refiero, son  las que Mr. Big le mando a Carrie por mail para obtener su perdón.

Te comparto una probadita de 5 de estas cartas:

  • Enrique VIII, Londres, 1491, estando casado con Catalina de Aragón -su primera de 6 esposas- conoció a Ana Bolena, con quien se obsesionó de tal manera que, como el Papa se negó a darle el divorcio,  Enrique rompió toda relación con Roma creando la iglesia Anglicana, teniéndolo a él como ser supremo (era un hombre sin problemas de autoestima) la historia ya sabemos como termina, con Ana decapitada en la Tower of London. Este párrafo es de una carta que Enrique le mandó a Ana: I send you the thing which comes nearest that is possible, that is to say, my picture, and the whole device, which you already now of, set in bracelets, wishing myself in thir place when it pleases you. This is from the hand of Your servant and friend, H.
  • Ludwig van Beethoven, Bonn, 1770, este compositor, director de orquesta y pianista alemán revolucionó la música, ¿imaginas su pasión? se dice que él le dedicó la tercera sinfonía a Napoleón -la que también llamó Heroica- pero cuando Napoleón se declaró emperador de Francia, a Beethoven le molestó tanto su autonombramiento que decidió dedicar esta sinfonía “a la memoria de un gran hombre”. Nunca se caso, pero se dice que se enamoro de varias de sus aristocráticas pupilas,  después de su muerte encontraron 3 cartas dedicadas a Inmortal beloved, de las que mi favorita termina así:  Of your beloved, L. Ever thine. Ever mine. Ever ours.
  • Víctor Hugo, Besanzón, 1802, el gran autor de Los Miserables, fue un monarca que se volvió socialista, estuvo exiliado de su país por 20 años, su mamá nunca estuvo de acuerdo en su relación con su amiga de la infancia  Adèle Foucher, por lo que hasta que quedó huérfano, se atrevió a casarse con ella, tuvieron 5 hijos, pero ambos eran infieles, años más tarde él se enamoró de Juliette Drouet una actriz que los últimos 50 años de su vida fue su amante, secretaria y compañera de viaje. Una de las cartas que él le dedicó a Juliette, termina diciendo: Amada mía, duerme plenamente, permite que tu marido tome los 12 besos que le prometiste y los que aún no prometes.
  • Charles Darwin, Shrewsbury, 1809, cuando a Charles siendo un estudiante de la Universidad de Cambridge le dieron la oportunidad de navegar a “La Tierra del Fuego” a bordo del Beagle él no sabia que este viaje le cambiaría la vida; Se casó con su prima Emma Wedgwood, con quien procreó 10 hijos y a quien le dedicó la siguiente carta unos días antes de su boda: My own dearest Emma, I earnestly pray, you may never regret the great, and I will add very good, deed, you are to perform on the Tuesday, my own dear future wife, God bless you…
  • Oscar Wilde, Dublín, 1854, este irlandés, fue una gran celebridad en su época, estudió en Oxford, estuvo casado con Constance Lloyd, mujer a quien dejó con 2 hijos, porque al conocer a Alfred Douglas,  marqués de Queensberry se enamoró de él, siendo Alfred su musa a quien  le dedicaba cartas de amor desde el fastuoso Hotel Savoy de Londres -el que las habitaciones tienen vista al Tamesis- las cuales iniciaban así: Dearest of all boys, your letter was delightful, read and yellow wine to me…

Los grandes hombres tienen en común que vivieron grandes historias de amor, tórridos romances que los unen a través del tiempo y el espacio.

¿Sabes cómo conquistar a una mujer que tiene un corazón del siglo pasado?

Es muy fácil, con detalles,  flores, sorpresas, cartas, es decir, a la antigüita, compartiendo con ella un atardecer o preparando una cena.

Por más candentes que sean los mensajes que los hombres emiten a  las 4am por whatsupp, nunca tendrán el mismo efecto que una carta escrita de su puño y letra.

Un mail erótico jamás competirá con la belleza de una peonía.

Los inboxes o direct messages no cautivan, ni sonrojan como un poema.

Ernest Hemingway es una de las plumas que más admiro y auguro que si tuvo 4 esposas dominaba el arte de conquistar mujeres.

Lástima que siempre estaba casado.

Lástima que sus personajes siempre tenían hambre.

Lástima que se suicidó.

Él es un hombre de quien –en su etapa de soltero-  y viviendo en París, me hubiera gustado recibir una carta de amor.


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