“¡Fidel, Fidel, ¿qué tiene Fidel…

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…que los imperialistas no pueden con él?!”, es una cantinela que hemos escuchado a lo largo de muchos años. Las respuestas son diametralmente opuestas dependiendo de quién contesta. Sus seguidores dirán que era un héroe, quien se opuso al imperio tenazmente y mantuvo la revolución viva con conquistas sociales en los rubros relevantes. Quienes lo odian dirán que era un tirano, un asesino y un pisoteador miserable.

Incluso decirle Fidel o Castro a secas es un signo ideológico. La familiaridad con el compañero contra la distancia frente al dictador. Así de ese tamaño es el hombre que vivo ya era leyenda. Parece que no hay neutralidad ni punto intermedio. Pero sí lo hay.

La óptica de todo o nada es un vicio que tanto los fans de Castro como los detractores de Fidel abrazan con pasión. Al calor de la identidad o el rechazo, se pierde el pensamiento crítico. Y es algo que nunca debe perderse cuando se habla de políticos. Verán, los políticos son seres humanos. Tienen defectos y muchos. Es una obviedad, tan simple como olvidada cuando las pasiones se ponen en marcha. Y vaya que nuestro invitado de hoy las levanta.

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Primero a lo básico e irrebatible: era un hombre. Ahora a lo hiperbólico pero cierto: era un hombre de esos que marcó una época. Hizo historia en toda dimensión imaginable. Y eso nunca es neutral, porque el costo de hacer la historia siempre es un buen trozo del propio hombre, de quienes fueron sus gobernados y sus enemigos, por lo tanto de los defectos y virtudes de uno y otros. Esto es evidente. Somos lo que hacemos con lo que otros han hecho de nosotros, Sartrè dixit, quien por cierto profesaba una admiración errática por el entonces Profeta de las Revoluciones.

De modo que examinando la obra, más que al sujeto (conociéndolo por sus frutos, como le habrán dicho los jesuitas que lo formaron en su adolescencia), no puede obviarse que generó un país encerrado en sí mismo que no soportó los cambios. El Período Especial, cuando la economía se derrumbó ante la fragilidad de un diseño dogmático e ideológico antes que económico, demostró que Cuba no soportaría sin la URSS. Y la cercanía con la extinta república soviética se debió, sobre todo, a que el revanchismo ideológico e imprudente de un país controlado por élites económicas, arrinconó a una isla pequeña declararse socialista cuando no había sido la bandera de la Revolución. La Revolución depuso a un Batista sádico y complaciente con Estados Unidos, pero Cuba no se declaró socialista al llegar los Barbudos al poder, sino tiempo después.

Por otro lado, el embargo declarado por el gobierno del nepotista Kennedy, un demócrata oscuro con demasiados problemas internos, le dio al ya Primer Secretario del Partido Comunista Cubano, el enemigo exterior que necesitaba, como lo tiene todo demagogo que se precie. Claro, el joven JFK era tan nepotista como los hermanos Castro, y éstos tan demagogos como el Presidente norteamericano, que combatía la segregación interna pero aislaba a sus vecinos y alimentaba atentados y asesinatos contra un gobierno legítimo y su líder. De ambos lados del Estrecho de Florida, se autodenominaban próceres de la libertad sin mínimo pudor. Ninguno lo era, ni lo es.

patria o muerte

Fidel Castro sobrevivió a su propio fracaso y eso es explicable, sea por el brutal magnetismo que generaba y su talento de político sin fisuras, o bien por el aparato de vigilancia interno y el control, también sin fisuras, sobre toda la política de la isla. Fidel Castro Ruz era impresionante, su magnetismo brutal podía sentirse en la cercanía, me consta. Escucharlo gritar “Patria o muerte” y la respuesta de más de un millón de cubanos a mi alrededor, el temple de su voz a unos cuantos metros durante uno de esos discursos kilométricos me conmueve hasta las lágrimas, porque nunca se repetirá. La sensación de ver a Cuba pobre, que me vendía puros en las esquinas y sueña en dólares, también me mueve a las lágrimas, porque no cesa.

Él no verá la victoria del comunismo, creo que de todos modos era demasiado inteligente como para que realmente le importara. Pero cuando el resto de nosotros seamos olvidados, nuestros descendientes saludarán a la memoria del Comandante o del Criminal, no sé cuál, pero estoy seguro que seguirán preguntando qué tenía Fidel.


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