Gabriella Graf y Alex Schöer: Testigos de los años dorados de Cancún

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Gabriella Graf y Alex Schöer, compañeros de la misma aventura y tripulantes de un viaje que no tiene fin

Lejos de la atención mediática, tanto de la vida como de la obra social, Gaby y Alex son una pareja que se ha ganado el cariño de nuestra comunidad por su carácter amable, su apoyo incondicional y ser referente de una linda familia que abraza por igual y con la misma intensidad a todos sus amigos; este año celebran tres décadas de felicidad, de compartir un mismo sueño y verlo florecer al lado de sus hijas, quienes ahora continúan su vida en suelo y cielo cancunense.

Entre ellos es evidente el cariño que los une. No en vano los 50 años de relación que tienen y que comenzaron desde la infancia en el jardín de niños, primaria y secundaria. Siempre fueron mejores amigos, convivían y se apoyaban mutuamente, pero Alex quería algo más con ella; Gaby se resistía porque era muy ‘amiguero’ y agrega Gaby: “él sabía que me gustaba mucho por su carácter y su forma de ser, pero yo no creía que pudiéramos tener algo serio, así que éramos sólo amigos, hasta que un día coincidimos en Cuernavaca, donde él trabajaba en un restaurante y yo era productora de comerciales de televisión. Un día faltó un modelo para el llamado y contacté a Alex a las siete de la mañana. Ese año fue el modelo de ‘Adiós a las Mercancías de Liverpool’ y por la noche lo fui a ver al restaurante donde trabajaba para agradecerle y ahí fue el ‘flechazo’. Los dos teníamos 24 años, y desde entonces…

Para ambos, Cancún estaba lejos de sus proyectos de vida; sin embargo, Alex conoció primero Cozumel, a través de un amigo que tenía una pizzería y cada verano lo venía a ver, pasaba por Cancún pero siempre regresaba a la Ciudad de México. Gaby conoció primero Cancún en 1981 y cuando se paró en El Mirador se vio viviendo aquí. Fue una afirmación muy personal, así que Alex no tuvo que hacer gran labor de convencimiento porque Gaby ya lo tenía en mente.

“Siendo novios le propuse a Gaby mudarnos a Cozumel; yo ya no veía mucho futuro en la Ciudad de México y Quintana Roo era una ciudad en pleno crecimiento, lo comentamos con la mamá de Gaby, quien me dijo: ‘Te quiero mucho, te conozco de toda la vida, pero así no se van’, así que nos comprometimos, fijamos la fecha de la boda en un año y nos lanzamos a la aventura”, comentó Alex.

La pareja llegó a Puerto Morelos, donde administraron un hotel pequeño. Alex era el cocinero, Gaby se iba de pesca con el dive master y lo que sacaran del mar era la comida del día, hasta que un buen día llegó el huracán ‘Gilberto’ que, lejos de espantarlos, afianzó su deseo de quedarse y salir adelante.

“Literal, nos quedamos con ropa para tres días y la maleta donde estaban los pasaportes. Perdimos todo, nos quedamos igual que como llegamos, con una mano adelante y la otra atrás. En ese momento me preguntó Alex: ¿nos quedamos o nos vamos? Y yo le dije: ‘ahora nos quedamos’, y nos fuimos a Cozumel”, apunta Gaby “y comenzó una nueva vida de mucho trabajo porque estábamos juntos en nuestra hamburguesería. Fue una experiencia increíble, hasta que nos copiaron y empezamos una heladería con conos de wafle, ese fue otro hit, hasta que tuvimos una oferta de trabajo en Cancún; Gaby estaba embarazada de Michelle, nuestra primer hija, y vimos un Cozumel muy rural, le faltaban muchos servicios, así que aceptamos la oportunidad y nuestra hija nació en el Total Asist. Ya éramos toda una familia cancunense”.

Cancún los recibió con una población muy unida, pronto hicieron amigos y en el medio restaurantero y discotequero donde Alex se movía, todos se conocían. Eso es algo que hoy extrañan ambos de Cancún, “ha llegado tanta gente que ya se perdió ese sentido de familia hecha entre amigos. El punto más frecuente era el cine Blanquita’, donde íbamos todos, los fines de semana, o si no en la playa del hotel Fiesta Americana Condesa, que permitía el acceso a los cancunenses. Ahora ya no se puede ir a ningún lado y en breve ya ni al Mirador, porque estamos a punto de perderlo; a nosotros ahora nos gusta ir a Isla Mujeres, porque nos recuerda mucho al Cozumel y al Cancún que conocimos cuando llegamos, aún conserva ese estilo de pueblito caribeño”, coinciden Gaby y Alex.

Con el paso de los años, los Schöer han tratado de ajustarse a los cambios que ha sufrido Cancún, ya que el número de cuartos de hotel ha crecido y las forma de operarlo también, “se ha hecho muy fuerte el sistema All Inclusive y eso ha cambiado el panorama comercial. Ya no ves tantos turistas en el centro o en las plazas; ahora lo tienen todo adentro y salen menos a conocer qué hay alrededor, esos son ventajas y desventajas del crecimiento hotelero; creemos que nos tocó vivir los años dorados de Cancún cuando todo era virgen, informal, casual, más seguro también, pero en su forma natural sigue siendo un lugar maravilloso para vivir. Nosotros lo hemos comparado mucho porque hemos tenido que vivir fuera del país por el trabajo de Alex pero regresamos siempre convencidos que este es nuestro lugar”, afirma Gaby con una sonrisa, pero agrega Alex: “en algún momento pensamos en comprar una casa en Estados Unidos y mudarnos pero no sentimos esa solidaridad ni hermandad con su gente como cuando llegamos a Cancún. Vimos mucha indiferencia, todo es muy impersonal, por eso regresamos a Cancún donde siempre nos hemos sentido bien y la convivencia con su gente es sincera. Hoy estamos aún más felices porque nuestras hijas han decidido hacer su vida aquí mismo, con un esposo y un novio cancunense;, eso nos tiene felices y más arraigados a Cancún”.

Lo que más agradecen a Cancún es haber hecho una linda familia. Alex siempre tuvo tiempo de estar con su hijas, comer en familia; la distancia de su trabajo y la ausencia de tráfico se lo permitieron. Gaby, por su parte, hizo su sueño realidad y vio crecer a sus hijas en un ambiente natural, rodeadas de sol, vegetación, lejos de las grandes ciudades que posteriormente conocieron cuando estudiaron fuera, pero al final regresaron a seguir disfrutando de la vida en familia. Esos recuerdos no se pagan con nada.gabriella graf y alex schöer testigos de los años dorados de cancún

En tono nostálgico, Gaby comentó que si estuviera en sus manos hacer algo por Cancún, sería devolverle la seguridad y la paz a su mundo; Alex propondría hacer algunos ajustes a la hotelería, específicamente en el tema del All Inclusive, ya que muchos comerciantes como él, no disfrutan de esa ganancia que se queda en los hoteles; además, el turista se pierde la oportunidad de conocer mejor el lugar que desearon visitar. No salen, y se convierten en lugares de ciudad sólo para cancunenses, y todos nos perdemos de ese sentido cosmopolita al intercambiar culturas y conocer otras tradiciones, porque se pierde ese contacto con el mundo que nos visita.

“A casi 30 años de vivir en Cancún y 50 de convivencia juntos, no podemos ser más felices. Ahora estamos esperando los nietos que completarán esta felicidad que aún puede ser mayor. Nuestra vida en Cancún ha sido maravillosa y le agradezco a Gaby haber aceptado compartirla conmigo, porque este viaje no hubiera sido el mismo sin ella y sin las hijas que nos dio esta misma aventura”, apunta Alex con un romántico beso a la compañera de su vida, desde niño.


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