Gorros de baño para pelo afro que contribuyen a la inclusión social

gorros de baño para pelo afro que contribuyen a la inclusión social

Los lugares de baño en los que es obligatorio el uso de gorro estaban completamente vetados para esta fotógrafa de 40 años, ya que con semejante mata de pelo ningún gorro le cabía

Con sus largas rastas, Nomvuyo Treffers casi siempre tenía que observar a sus hijas desde el borde de la piscina mientras se bañaban. ‘¡Métete, mamá!’ gritaban las niñas. Pero Treffers, que vive con su familia en Ciudad del Cabo (Sudáfrica), pensaba en todas las horas que tarda en secar su espeso y rizado pelo a pesar del cálido clima, y se quedaba fuera.

Los lugares de baño en los que es obligatorio el uso de gorro estaban completamente vetados para esta fotógrafa de 40 años, ya que con semejante mata de pelo ningún gorro le cabía. “A lo largo de los años me he probado montones de gorros, pero incluso los diseñados para cabellos largos me quedaban pequeños”, cuenta Treffers. Algunas veces intentó ponerse dos al mismo tiempo -uno en la parte delantera de la cabeza y otro en la parte trasera- pero eso tampoco funcionaba.

La diferencia entre melenas lisas y cabellos muy rizados, que se dan sobre todo en personas de origen africano o afroamericano, es enorme. Cada pelo de un rizo afro no sólo es más gordo, sino también más poroso. Los cabellos absorben más agua -los gruesos pelos afro a menudo necesitan 36 horas para secarse al aire-, por lo que se dañan más rápido con el cloro y se enredan más.

gorros de baño para pelo afro que contribuyen a la inclusión social

El problema de los gorros de baño se convirtió en una barrera que marginaba a Treffers. “Tenía constantemente la sensación de estar perdiéndome momentos importantes con mis hijos”, dice la sudafricana. Un verano incluso se rapó la cabeza de pura frustración, pero no se sentía a gusto con el pelo corto. “Comprendí que una simple prenda de vestir puede tener enormes consecuencias para la autoestima”, cuenta. El mensaje implícito era que quien quisiera ser parte de la sociedad tenía que cambiar.

Entonces tuvo una idea salvadora: diseñó sus propios gorros de baño de silicona. La primera línea la lanzó a mediados de 2016 bajo el nombre comercial de Swimma, inicialmente para adultos y poco después también para niños. El modelo más grande mide 36 centímetros de largo y puede cubrir incluso rastas que llegan hasta las nalgas.

“La demanda fue enorme desde el primer momento”, recuerda Treffers. Los gorros, que cuestan entre 6 y 12 euros (7-14 dólares), enseguida volaron de su tienda online. Llegaron pedidos de clientes de Sudáfrica pero también de Alemania, Suecia, Reino Unido, Italia, Estados Unidos, Jamaica y Brasil. “Entonces comprendí la cantidad de personas que hay luchando contra el mismo problema.”

La escasez de productos para personas fuera de la ‘norma europea’ es un fenómeno a escala mundial, explica Melissa Steyn, profesora de Estudios de la Diversidad en la Universidad Witwatersrand en Johannesburgo. Según Steyn, “el cuerpo blanco sigue siendo el estándar, no importa que se trate del color de piel o de la estructura del cabello”. Detrás está, entre otras cosas, la aceptación de las multinacionales de que este público objetivo tiene el mayor poder adquisitivo, opina la profesora.

Por eso las tiritas siguen siendo casi siempre de color beige, las muñecas se diseñan por lo general con rasgos faciales europeos y los champús están pensados en su mayoría para cabellos europeos. Por lo general, el surtido para el mercado ‘africano’ es más pequeño y sus precios son prohibitivos, dice Steyn. Incluso en países como Sudáfrica donde, según estimaciones del instituto nacional de demografía Stats SA, menos del 10 por ciento de la población de 56 millones de personas está categorizada como ‘blanca’, las estanterías acumulan productos para clientes de ascendencia europea.

Esta forma de ‘eurocentrismo’ tiene consecuencias psicológicas graves, dice Steyn. “Incluso en Sudáfrica, donde las personas negras son mayoría, surge un sentimiento de exclusión, de no pertenencia”, dice. Los productos deberían reflejar la pluralidad en vez del conformismo, opina la experta.

Treffers espera que sus gorros de baño sean una pequeña aportación en ese sentido. “Mi marca apuesta por la inclusión”, opina. “No quería que mis hijos crecieran creyendo que su pelo es demasiado grueso, cuando son los gorros los que son demasiado pequeños.” Sus hijas Tamasha y Zawadi, de ocho y diez años, disfrutan más de los baños desde que usan gorros que cubren por completo sus melenas afro.

Entre tanto, hay gorros Swimma de distintos tamaños y colores. Colegios y clubes deportivos los encargan para sus equipos de natación. A principios de noviembre, Treffers presentó una nueva línea de productos: gorros de ducha para afros.

En la bandeja de entrada de Treffers se acumulan las cartas de agradecimiento de clientes felices. Una madre sueca le escribe para decirle que su hija no se quitó el gorro durante días e incluso veía la televisión con él puesto. Otra mujer sudafricana le cuenta que su pequeña se había negado durante cinco años a aprender a nadar hasta que recibió el gorro que se ajustaba a su melena. El cliente Tuno va más allá con su elogio en la página web de la compañía: “El mejor invento desde la verdura congelada.”

 

dpa


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