El Grito del Engaño

El Grito del Engaño

Con la entrada triunfal de Agustín de Iturbide y su Ejército Trigarante a la Ciudad de México, el 27 de septiembre de 1821, el país alcanzó su anhelada libertad del Imperio Español proclamando su independencia; sin embargo, este hecho suele ser olvidado y es completamente eclipsado por el evento ocurrido 11 años antes, a las 8 de la mañana -sí, no fue en la madrugada; pero esa es otra historia- del 16 de septiembre de 1810, cuando en el Pueblo Nuevo de los Dolores, Miguel Hidalgo se quejó públicamente del ‘gobierno impostor’ que ocupa el trono español y, vitoreando a Fernando VII, llama al pueblo a levantarse para exigir su regreso (claro está, nadie contaba que el pueblo, cansado de los malos tratos, lo tomara como un llamado a la independencia; pero esa también es otra historia).

Pero ¿por qué celebrar el inicio y no la culminación de la lucha por la independencia como tal? ¿Por qué ‘el grito’ es el 15 y no el 16? Como siempre en México, la verdad es muy diferente a lo que nos cuentan…

El proceso que derivó en la conformación del Plan de Iguala, del Ejército Trigarante y, finalmente, en la firma de los Tratados de Córdoba, que oficializan la Independencia de México, proviene de una suerte de armisticio entre dos generales representantes de los grupos que en ese entonces se disputaban el país: realistas e insurgentes; comandados por Agustín de Iturbide y Vicente Guerrero, respectivamente.

El 26 de mayo de 1820, el intendente de la provincia de Veracruz, José Dávila, proclamó una nueva constitución redactada unos años antes en España: la Constitución de Cádiz, seguido unos días más tarde por el virrey de la Nueva España, Juan Ruiz de Apodaca. Tal hecho hubiera sido sólo anecdótico, de no ser porque dicha constitución no sólo establecía la soberanía de España en la Nación -ya no en el rey-, la libertad de imprenta, de industria, el derecho de propiedad y la fundamental abolición de los señoríos en todo su imperio; sino que -además- otorgaba la nacionalidad española a todo aquel nacido en cualquiera de los territorios a los que dicha carta regía; es decir, le daba los mismos derechos a los pueblos indígenas de América que a los ibéricos.

Claro está, dicha noticia tomó por sorpresa a quienes ejercían el poder económico en este lado del Atlántico, pues se temía que se suprimieran los privilegios de raza, clero y ejército, dando paso a una época liberal en el territorio. Los criollos, acaudillados por el inquisidor general Matías de Monteagudo, se reunieron en la Iglesia de la Profesa y ahí resolvieron separarse del Imperio Español para conservar todos sus privilegios.

Así pues, tras un elaborado engaño, Guerrero acepta la invitación de Iturbide -tras el ‘Abrazo de Acatempan’, el 10 de febrero de 1821- de crear una monarquía constitucional mexicana: el Imperio Mexicano; ignorando que, en realidad, esto resultaría más perjudicial para el pueblo mexicano que el seguir siendo parte de España.

Años después, tras conocer el engaño -entre otros-, el primer Imperio Mexicano es disuelto por Guadalupe Victoria, fundando la primera República Mexicana en medio de pugnas entre conservadores y liberales.

Así, en medio de esta incertidumbre política, en 1823 se decide establecer la primera celebración oficial del ‘Grito de Independencia’, dejando de lado el hecho de festejar el engaño de la independencia para conmemorar en su lugar la determinación de un pueblo para romper con el esquema ideológico y político establecido en la época de la Colonia.

El tiempo y los sucesivos gobernantes fueron agregando detalles al calor del momento, creando un halo de pureza y leyenda alrededor de dicho ‘grito’, santificando el hecho y a quienes formaron parte de él; cubriendo lo mejor posible un engaño con otro. Tiempo después, en época de Porfirio Díaz, los festejos se adelantaron al 15 de septiembre por la noche, para que coincidiera la ‘fecha patria’ con el cumpleaños del dictador mexicano; tradición que continúa hasta nuestros días.

Y así es como terminamos festejando, un día que no fue, un levantamiento en armas que nunca lo fue, para lograr una igualdad que, al final, tampoco llegó a concretarse.

 

xa.xavieralexandro.com


Comments

  1. Rolando Losanios : septiembre 15, 2017 at 7:45 pm

    Es muy interesante y reveladora tu artículo, Ojalá que te des el tiempo necesario para publicar “otras” historias verdaderas d nuestra Historia. Si alguien participa contigo, también podrás enterarte d “anécdotas” d la Historia que son también iteresantes. Comparto con tus lectores la siguiente anécdota:

  2. Rolando Losanios : septiembre 15, 2017 at 7:48 pm

    Te platico la que se basa en un diálogo entre Don Manuel Gonzales que sustituyó a Don Porfirio en la única vez que este soltó la
    Presidencia (1880-1884).

    Ya iba en su tercer año de gobierno de los cuatro que entonces duraba el periodo presidencial y había muchos rumores que Don Porfirio planeaba recuperar el puesto.

    Llegó Don Porfirio con su compadre Manuel, apodado “El
    manco”, a visitarlo.

    La anécdota dice que Don Porfirio comenzó a insistirle una y otra vez que el nunca iba a aspirar nuevamente a ser presidente. Una y otra vez repetía, “…le doy mi garantía de amigo y compadre que yo ya estoy en paz, que el único trabajo al que aspiro es ser un buen ranchero, etc”

    Entonces Don Porfirio se percató que Don Manuel le había dejado de ponerle atención y se había puesto a abrir y cerrar los cajones de su escritorio. También una y otra vez.

    Lo hizo hasta que puso nervioso a Don Porfirio que le preguntó ya molesto, “Pues que tanto busca , Compadre?”

    Y Don Manuel le contestó:

    Estoy buscando al pendejo que se lo crea compadre!

    😂😂😂😂

    (Está anécdota la contaba el gran historiador que fue Don Jesus Reyes Heroles).

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