Inquieta e incansable, esta mujer nacida en Hong Kong se da un tiempo para recordar los paisajes de la montaña que la vio crecer, la misma que descendía cada mañana para llegar a la escuela, la misma que volvía a subir para saludar a sus abuelos y de nueva cuenta, continuar el ascenso hasta la casa materna.
En los ojos negros de Kit se refleja la alegría al evocar los panes al vapor y la horchata de soya que preparaba su abuela para ayudar con el ingreso de la casa.
“Mi abuelo era el del negocio, él se levantaba a las cuatro de la mañana para preparar la masa para pan que vendía como desayuno. A las seis ya estaban listos y entonces salía mi abuela con su horchata y su pan al vapor... Una buena parte de mi familia paterna se dedica al negocio de la comida. Tengo un tío que es chef ejecutivo de una cadena restaurantera de especialidades chinas, y otro tío que trabaja la comida rápida, otra tía es capitana, una más cajera general de restaurante... Casi todos estamos en este negocio. ¿Cómo empezamos? Bueno, en realidad la historia comienza con mi padre; él a los 12 años tuvo que salir a trabajar para ayudar a su familia. Es el primogénito, y en China es tradición que el primer hijo se responsabilice de lo que pasa con el resto de la familia. Así que con apenas 12 años le dieron trabajo como ayudante de cocinero; fue así como aprendió y tal fue su avance que terminó por enseñar a su padre, es decir, a mi abuelo, el arte de la gastronomía y el negocio restaurantero. “Yo también soy la mayor de mi familia, y como lo manda la tradición mi papel ha sido también el de proteger y trabajar para el desarrollo de mi familia.
Ese es un hecho que me marcó de manera definitiva porque me hizo sumamente responsable de mis actos y consciente de mis responsabilidades. Nací en 1970 y mi padre (Hon Kee) llegó a la Ciudad de México en julio de 1973 como chef del restaurante Mauna Loa; estuvo ahí tres o cuatro años y cuando abrió el Mauna Loa de Cancún, él vino también.
“Mientras tanto, nosotros continuamos en Hong Kong al lado de mi madre, con mis abuelos. A mi padre lo veía un mes al año; nunca venimos a visitarlo sino hasta que nos trajo para quedarnos. Para 1982 mi madre (Kam Ling) alcanzó a mi padre en Cancún y así siguieron haciendo lo que han hecho toda su vida: ahorrar al punto de que mis padres estuvieron casi tres años sin comer carne. Es la verdad, en casa se ahorraba hasta el último centavo. En 1984 mi padre tuvo la oportunidad de comprar el local de la Av. Cobá, donde puso el primer Restaurante Hong Kong; era muy pequeño, acaso cuatro mesas, con servicio para llevar de medio turno. De ahí se regresaba a su trabajo en el Mauna Loa como chef ejecutivo.
“Sí, somos una familia que ha crecido a base de mucho trabajo. Los nuestros son logros que vienen después de mucho sacrificio y esfuerzo diario. Yo llegué junto con uno de mis hermanos (Shun Shing) en 1986; recuerdo que fue una experiencia maravillosa, mágica.
Yo pensaba en México y me imaginaba a la gente con traje de charro y sombrero, caballos y vacas. Cuando vimos el mar, la arena, el sol y las palmeras fue maravilloso, ¡como llegar a un paraíso! Un paraíso en el que no entendía nada de nada, porque no sabía ni decir “sí”. Cuando iba al restaurante, todos los días pasaba frente a la casa de una niña y ella se me quedaba viendo y me decía “hola”. Yo sólo la veía... ella me enseñó a decir hola y entonces aprender español se convirtió en un reto, un reto que es permanente porque no acaba uno de aprender los numerosos significados del español en México”.
La risa clara de Kit llena la sala de juntas del corporativo Hong Kong; de la carcajada a la sonrisa que ahora dibuja sus labios, puede adivinarse un estado de plenitud, de confianza, de alegría. Atrás quedaron los años de limitaciones, sacrificio y esfuerzos.
“Quizá no sea fácil entenderlo pero la nuestra es una cultura del ahorro,una cultura de sacrificio, porque nos queda claro que sólo así es que puede uno crecer. |
De verdad, y lo digo con mucha satisfacción porque gracias a ello es que Hong Kong pasó de ser un restaurante de cuatro mesas a uno de setenta y cinco y luego a ser el corporativo que es hoy, con sucursales, tiendas de importación, agencia de viajes, una estancia infantil y una plaza comercial que aunque difícil de llevar, nos ha dado también muchas satisfacciones.
“Me gusta recordar nuestros primeros años en Cancún porque definitivamente era otro Cancún. Con decirte que mi papá me llevaba a pescar jaiba a lo que hoy es el Canal Sigfrido. Había tanta que nada más ponías una cuerda con pellejo de res como carnada y con sólo tirarla rápidamente sacabas jaibas. De verdad pasábamos tres o cuatro horas seguidas comiendo jaiba sin parar. Era muy lindo y fíjate que las atrapábamos bien grandes. Aquel era un Cancún que me hacía escribir cartas que parecían de fantasía; les contaba a mis amigas en China que el mar es de colores y que la arena es como un polvito fino, y a veces no me creían.
“Papá nos contrató una maestra por tres meses para que aprendiéramos español y el resto lo hemos aprendido en la práctica y en el diccionario chino-español. Mis dos hermanos se dedicaron a estudiar, mientras yo me quedé a hacer fuertes a mis padres en el restaurante; empecé desde anotar los consumos de las cuentas, después como cajera, hostess, ayudante de cocina, auxiliar contable, recursos humanos, coordinación y supervisión de la construcción de la plaza y hasta ahora como Directora Corporativa.
“Ser madre es lo más maravilloso que me ha sucedido, mis dos hijos son la luz de mi vida, son mi todo. Me encanta estar con ellos, jugar, brincar, arrastrarme; ellos sacan lo mejor de mí y creo que lo mejor de mí es mi niña interior. No sé si a todos les pase pero aún después de 14 horas de trabajo continuo, sus caras, sus risas, su mirada, son justo lo que necesitas para recuperar la energía vital y continuar trabajando. Te mueres cuando les pasa algo, que si se cortan la pierna que si se rompen la cabeza, un brazo, el pie... uno siente la muerte cuando sufren, cuando lloran. Yo creo que aprendemos a ser mejores personas cuando tenemos hijos y entendemos que la vida tiene sentido cuando la compartimos con los seres que amamos..."
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Kit guarda un breve silencio, han pasado por su mente las personas que ama. Sus ojos rasgados apenas maquillados con una delgada línea oscura, permiten descubrir su capacidad de amar, de soñar, de entrega. Sabe que hoy es la mujer que es gracias a los seres que le aman, que la ayudan a proyectarse, a hacer realidad los sueños surgidos sobre la almohada o maquinados en colectivo tras los escritorios del corporativo. Sus hijos, sus padres, sus hermanos, su pareja, sus tíos, sus socios y amigos, su personal, cada uno ocupa un sitio en su mente, en su corazón.
“La primer persona que marcó mi vida fue mi tía Ho Kam Yuk; ella me enseñó a trabajar, a coordinar gente, a entender lo que significa ser empresaria. Mi tía distribuía en casas trabajo de maquila, luego lo recogía para volver a distribuirlo comercialmente. Yo le ayudaba a cuidar a sus hijos, a preparar la comida, hacía las compras, la despensa; con ella aprendí también a cocinar.... Me gusta que mi familia coma mi comida”, nos dice con satisfacción.
“En la noche mis hijos y yo tenemos como costumbre ver una película en chino para que ellos fortalezcan su cultura, para que sepan que aunque son mexicanos, sus orígenes también están en Hong Kong, que la suya es también la cultura china. Recuerdo que la primera vez que los llevamos a mi tierra no podían creerlo, regresaron más maduros, con una claridad mayor de quiénes son y de dónde vienen. Son los primeros en promover la cultura china en su escuela y gracias a que una vez tuvieron que exponer en clase la cultura china, hoy cada año realizamos una muestra de ella, que se lleva a varias escuelas”.
Hoy, Kit Bing Wong Ho es la flamante presidenta de la Canirac; fue elegida de manera unánime y el suyo es un trabajo que firma con un verdadero compromiso por la unidad del gremio, por la participación y la consolidación de metas, como la realización de un Festival Gastronómico Internacional gracias al cual Cancún podría posicionarse como un destino gourmet en el que el arte y la cultura vayan de la mano. “El gobierno de Hong Kong –afirma- implementó este tipo de medidas y hoy por hoy está dentro de los primeros tres lugares más visitados del mundo”.
Kit sueña hoy con hermanar a la ciudad de Hong Kong con la ciudad de Cancún y seguramente así será, porque si hay algo que caracteriza su personalidad, es su capacidad para hacer realidad cuanto imagina. La mente de esta emprendedora mujer viaja de nuevo hasta Hong Kong, hasta la montaña que le vio crecer y que año con año le recibe ahora como visitante.
A Hong Kong regresaron sus padres y desde hace cuatro años, ella y su hermano han estado al frente de un corporativo que está marcando la historia de Cancún, porque el Hong Kong donde los cancunenses se reúnen y revitalizan con la exhibición de sus colecciones, el Hong Kong donde juegan ajedrez o celebran cumpleaños, es hoy por hoy un innegable ícono de la vida en Cancún. |