La amarga fuga que aún no es…

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Hace unos días, presidentes municipales de Veracruz exhibieron fotos de un Rancho en Valle de Bravo, cuya propiedad imputan a Javier Duarte. Es una lástima que no lo hayan hecho antes. Ahora el exgobernador está prófugo y ese racho sería una raya más al tigre, sin trascendencia en realidad. No es que se irrelevante: los caballos en ese rancho viven mejor que muchas personas en este país. Pero, insisto, el descubrimiento y la imputación llegan cuando Duarte ya no está.

La fuga de Duarte es mucho más amarga que la del Chapo, ésta que fue hasta celebrada por muchos por el desafío que representaba al incompetente Gobierno Federal. El caso de Duarte es vomitivo: todos dimos por sentado que iba a pasar. TODOS. Nadie supuso ni por un segundo que lo desaforarían y procesaría. ¡Ah no! Tenía que salir en prensa nacional, tenía que sacar su pasaporte y el de familiares suyos (¡no los había sacado, tranquilo que estaba el señor¡) y salir en helicóptero oficial a rumbo desconocido y desaparecer para que saliera la orden de aprehensión.

Da náuseas. Naturalmente, la afirmación que todos tenemos en la cabeza de que el exgobernador negoció su fuga, ha sido desmentida con mucho énfasis. El secretario Chong, hombre de mucha fe, lo recibió un día antes de la fuga. Y claro, eso lo tranquilizó porque seguramente el ahora prófugo fue a cooperar y prometer por sus hijos, por su madre, por el meñique y los Power Rangers que no se fugaría. Se diría que en realidad fue a despedirse.

La verdad es que la igual si en efecto fue a ponerse a disposición de la autoridad. Pudieron haberlo arraigado, pudieron retener los pasaportes, pudieron congelarle todas sus cuentas, como de hecho lo hacen así, a la brava, contra cualquiera que no tiene capacidad de represalia. En vez de eso lo dejan ir. Es un hecho consumado y dudo mucho que Duarte enfrente a la justicia.

Y todo esto tiene sabor a dèja vu: puede cambiarle el apellido de Duarte por Borge o cualquier otro gobernador y tiene la crónica de una fuga que aún no es. Esperamos que no sea así y que los responsables hayan tomado las medidas que con Duarte no se tomaron, porque si no, ésta fuga ya habrá sido y ni cuenta nos habremos dado.


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