La deuda más cara y dolorosa

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Por Gloria Palma

“Con el corazón en la mano les pedimos justicia”, decía en la pancarta que portaba y en su propio rostro el esposo de Margarita Cime Ek, la joven mamá que no sólo fue privada de la vida, sino víctima de un crimen de odio al ser sometida, violada, golpeada hasta desfigurarle el rostro y expuesta, desnuda, en el área verde donde abandonaron su cuerpo; la misma vereda, oscura y sin vigilancia, donde fue asesinada el 27 de octubre del 2015 la universitaria Karen.

Desempleado durante mucho tiempo y contratado apenas como cocinero, Francisco Santiago salió el lunes junto con una veintena de familiares y vecinos, para exigir justicia y cárcel a los responsables. En brazos llevaba a su hija de dos años, quien no sólo necesita, urgentemente, leche y pañales. Su mamá nunca regresó después de ir a la farmacia de la colonia. Cerca de su cuerpo estaban las galletas y el paquete de pañales que había comprado para la niña. A la ausencia, ahora, de la madre, se suma la ausencia de justicia.

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En el Palacio Municipal, donde se concentró la marcha del lunes, ninguna autoridad les dio respuesta. La Fiscalía declaró que tiene al presunto asesino; “de aspecto pandillero y drogadicto”, dice. Y los hechos exponen una escalada en los asesinatos a mujeres: cuatro en el último mes de julio; en total, 19 desde el primer mes del año.

Los cuerpos de Margarita, Agripina, Osiris, Victoria, María Isabel, Tamara, Leucadia, Erandi, Sara, Ruth, María Fernanda, Karen, Erika, Guadalupe, fueron torturados –sometidos-; violados –dominados-; estrangulados, golpeados o apuñalados –destruidos- y expuestos –degradados-. Fue odio y repulsión aprendida –“puedo hacer con tu cuerpo lo que se me dé la gana”-. Deberían ser entonces, feminicidios, término que no tiene que ver con el número de casos sino con la intensidad con que se lesiona, más allá de provocar dolor y, muchas veces, hasta la destrucción, el cuerpo de una mujer.

La línea del tiempo que han marcado los colectivos y organismos desde que el Consejo Estatal de Mujeres solicitó la Alerta de Violencia de Género el 4 de diciembre de 2015, está para su consulta en el Observatorio de la Gobernanza (observatoriodelagobernanza.org).

Desde que se entregó esa solicitud para que las autoridades adoptaran directrices, mecanismos y medidas de emergencia que garanticen la seguridad de las mujeres y detengan la violencia en su contra, se han reportado los 19 asesinatos que pudieron evitarse.

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Para Celina Izquierdo, del Observatorio de la Violencia Social y de Género, “el abandono institucional” es el culpable. “A un asesino se le atribuye un crimen, pero 19 asesinatos, que pudieron evitarse, son responsabilidad de las autoridades”, subraya la investigadora mientras borda un pañuelo en el Parque de las Palapas, donde el pasado domingo Las Bordadoras de la Paz pidieron también, aunque con aguja e hilo, justicia para Margarita Cime Ek.

Celina Izquierdo y Eva Aguilar, presidenta del Consejo Estatal de Mujeres, descartan que en esta administración, que está por concluir en septiembre, se lleguen a establecer los protocolos para las órdenes de protección, que corresponden al Tribunal Superior de Justicia, y mucho menos la apertura del refugio o centro de justicia, que le compete al Sistema Estatal para Prevenir, Atender, Sancionar y Erradicar la Violencia contra las Mujeres.

Los protocolos de protección y el refugio son dos de las 11 recomendaciones que emitió el grupo de trabajo encabezado por la Comisión Nacional para Prevenir y Erradicar la Violencia contra las Mujeres (Conavim), condicionando al gobierno del estado a cumplirlas en un plazo de seis meses; si no, sería una razón suficiente para decretar la Alerta de Violencia de Género.

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El plazo se cumplirá en los últimos días de octubre, un mes después de que rinda protesta el gobierno encabezado por Carlos Joaquín, y de que se haya instalado la XV Legislatura del Congreso local.

Por tanto, el equipo de transición del nuevo gobierno debería estar trabajando en saldar esta otra gran deuda –de justicia-, por la que todas y todos los habitantes de esta entidad pagamos una factura bastante cara; demasiado dolorosa.


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