La historia no se repite, pero rima

xavier

Para muchos estudiosos, las Guerras Mundiales del siglo pasado (primera, segunda y fría) son en realidad un mismo conflicto separado por periodos de paz relativa. Para ellos, la Guerra de Corea y las secuelas de la Descolonización en África y Asia son tan sólo otro escenario más de los muchos nacidos desde el asesinato de Franz Ferdinand en 1914.

De todos esos ‘reductos’, el más importante e irónicamente el menos conocido ha sido la Guerra de Corea. La llamada “guerra olvidada” marcó un punto de inflexión que la humanidad rara vez tiene en cuenta. No sólo hizo que las guerras aisladas en torno a la Guerra Fría evitaran un conflicto directo -y potencialmente catastrófico- entre la URSS y USA, también sirvió de excusa para sus respectivas carreras armamentistas, las cuales aceleraron el crecimiento industrial y científico de ambas naciones. Claro, de los coreanos y su milenaria cultura destruida por 500,000 toneladas de bombas, nadie pareció acordarse, pues el papel de Corea en el mundo era insignificante.

Pero lo que Occidente olvidó en el lejano Oriente se convirtió en una semilla alimentada desde el mítico Paralelo 38º. Si bien el conflicto bélico cesó, hay que tener en cuenta que fue debido a un armisticio, no a un tratado de paz; por lo que técnicamente hablando, las dos repúblicas coreanas, hoy grandes protagonistas culturales y económicos, siguen en guerra; una guerra que se extiende desde la búsqueda de su independencia en 1919.

Por eso no extraña que sea Guam, la más grande de las Islas Marianas y piedra angular del contraataque estadounidense al Imperio Japonés, el primer objetivo del régimen de los Kim. La pequeña ínsula del Océano Pacífico resulta un escenario perfecto, pues no solamente es un punto estratégico militarmente hablando, sino que también lo es en la moral de su enemigo.

Mientras tanto, el mundo observa impotente cómo Kim Jong-un y Donald J. Trump toman el papel dejado por Iósif Stalin y Harry S. Truman para representar a esas mismas ideologías que asesinaron a 1/3 de los coreanos y cómo hoy, sobre su ego, la vida de 7,000 millones de personas se tambalea mientras ellos juegan a ver quién grita más fuerte.

En 1951, Pablo Picasso regaló al mundo ‘Masacre en Corea’, inspirado en el cuadro ‘El 3 de Mayo en Madrid’ de Francisco de Goya. Como el cuadro del aragonés, que busca dar luz a los hechos acontecidos durante la guerra de independencia que España libró sobre Francia, Picasso creó un testigo de cómo nuevamente una cultura podía ser dividida a los antojos de las máximas potencias de su época. Cómo la historia, “la ciencia que tiene como objeto de estudio el pasado de la humanidad” según la Enciclopedia Británica, también es el arte de venerar los peores capítulos de nuestro pasado, lamentarnos por ellos y, aun así, centrarnos en repetirlos en el futuro; a la espera de que un nuevo artista le recuerde a las siguientes generaciones cómo la humanidad ha aprendido a ser víctima de su propia memoria.


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