LA TESIS DEL PRESIDENTE

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Durante las últimas semanas hemos sido bombardeados por diversos medios acusando al presidente de México de haber plagiado su tesis de licenciatura, incluso señalando directamente a la Universidad Panamericana de permitir la existencia de infracciones y delitos en materia de derechos de autor.

Incluso, el rector de la Universidad Iberoamericana de Puebla, Fernando Fernández Font, declaró que el plagio de la tesis presidencial debería tener consecuencias, poniendo de ejemplo que en esa universidad los estudiantes o maestros que son descubiertos en un plagio son expulsados de esa casa de estudios.

Asimismo, portales como el de la periodista Carmen Aristegui han conseguido permear en la opinión pública una falsa idea del plagio presidencial, tal como podemos observar en la publicación en línea denominada “INADMISIBLE E IRRESPONSABLE PLAGIO DE TESIS DE EPN: KRAUZE”, en donde expresamente el historiador mexicano dice:

En la tesis se entreveran líneas y páginas extraídas de autores diversos, debidamente citados, con otras páginas y líneas que carecen de la necesaria adjudicación, sostiene el historiador y director de “Letras Libres””.

En la versión entrecomillada de Krauze, que difiere del título de la publicación de Carmen Aristegui se puede apreciar que los textos utilizados fueron debidamente citados, es decir que se reconoce el derecho de autor primigenio.

En este orden de idea y en un claro estudio del marco jurídico aplicable al caso que nos ocupa, tenemos que la Ley Federal del Derecho de Autor expresamente manifiesta que la cita bibliográfica es una excepción al derecho patrimonial, es decir al cobro de regalías por el uso indebido con fines de lucro de una obra literaria ajena:

“Artículo 148.- Las obras literarias y artísticas ya divulgadas podrán utilizarse, siempre que no se afecte la explotación normal de la obra, sin autorización del titular del derecho patrimonial y sin remuneración, citando invariablemente la fuente y sin alterar la obra, sólo en los siguientes casos:
  1. Cita de textos, siempre que la cantidad tomada no pueda considerarse como una reproducción simulada y sustancial del contenido de la obra;
III. Reproducción de partes de la obra, para la crítica e investigación científica, literaria o artística;”

Es decir que no existe violación alguna de derechos patrimoniales de una obra literaria cuando exista cita del autor y no se trate de un aparte sustancial, o bien, cuando exista reproducción de partes cuando se trate de investigación literaria, lo que en estricto sentido es una Tesis de Licenciatura o de Posgrado; esto es, una investigación.

Asimismo, la Ley nos señala que para que exista un plagio como tal se requiere de la sustitución del nombre del autor, o la omisión en los ejemplares del nombre del autor, o bien, hacer pasar una obra literaria ajena como propia, situación que no se ajusta al hecho concreto:

“Artículo 229.- Son infracciones en materia de derecho de autor:
  1. Publicar una obra, estando autorizado para ello, sin mencionar en los ejemplares de ella el nombre del autor, traductor, compilador, adaptador o arreglista;”

En este sentido, si de respetar el Estado de Derecho se trata, como mencionan otra vez los impulsores del escándalo literario, debemos empezar por respetar el marco jurídico normativo en materia de derechos de autor.

Por otra parte, en materia penal, el Código Penal Federal es muy claro y por su naturaleza no admite interpretaciones de la autoridad jurisdiccional para su aplicación, por lo que menos aún se admite la interpretación de un periodista, y el contenido el artículo 427 tal como se aprecia a continuación, es claro y conciso:

“Artículo 427.- Se impondrá prisión de seis meses a seis años y de trescientos a tres mil días multa, a quien publique a sabiendas una obra substituyendo el nombre del autor por otro nombre.”

En este sentido, el presidente hizo una tesis de investigación para culminar un grado académico, en el que empleó partes de otras obras relacionadas con su tema de investigación citando a los autores y a las obras bibliográficas empleadas, mas no publicó una obra de otra persona sustituyendo su nombre por el de aquel.

En este sentido, desde nuestro punto de vista acorde al derecho vigente en materia autoral, no se configura el plagio como infracción o como delito. Ahora bien, en supuesto de que sí hubiere plagio, en estricto apego al Estado de Derecho solo el autor de la obra primigenia o sus causahabientes tienen interés jurídico para accionar y en el caso concreto, siguiendo con el marco jurídico actual, estas acciones están prescritas, por lo que a mi consideración este tema es meramente un escándalo publicitario sin fundamento legal que poco abona al desarrollo de México.

Tal parece que los periodistas encargados de hacer el escarnio público rasgándose las vestiduras a través del Estado de Derecho, parecen no conocer el fondo de la legislación autoral pidiendo que se haga justicia, pero únicamente en los bueyes de mi compadre, como reza el refrán.


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