Las sutiles bases de la violencia

okiceberg

Hace un par de años participaba en un foro político y un hombre, entre el público, me dijo: “… nos hubieras regalado aunque sea una sonrisita”. Me pareció una muestra de esas sutilezas, comentarios (“no es acoso, es que le amo”) o “chistes” (“mientras pese más de 39 kilos, ya es mayor de edad”) que están siempre ahí, sosteniendo una violencia que va emergiendo entre más se fortalecen las bases del iceberg donde, en la punta, están los asesinatos de mujeres que aquí, en Quintana Roo, se contabilizan a un promedio de dos por mes; 19 en lo que va del 2016.

A muchas y muchos les pareció una grosería que le haya respondido a esa persona que yo no estaba ahí en plan de animadora. Grosero había sido que alguien quisiera valorar la presencia o participación de una mujer con base en las sonrisas, o “sonrisitas”, que pudiera “regalar”. Fue, sin embargo, una ínfima sutileza comparada con la desvalorización que padeció la gimnasta Alexa Moreno sólo por su físico, y no su desempeño, en las Olimpiadas de Río.

Fue una sutileza ínfima también, comparada con el intento de un panel de periodistas por valorar a Cynthia Dehesa Guzmán, enlace de Transparencia y Anticorrupción en el nuevo gobierno de Quintana Roo, repitiendo que “bueno, está muy guapa”, aunque ella haya sido la más incansable promotora de la Ley de Transparencia y Acceso a la Información Pública, que no sólo es una plataforma para ver, solicitar o bajar datos, sino una oportunidad para reducir la corrupción, la impunidad, las violaciones a los derechos humanos; para mejorar, en suma, la vida de las personas.

Sobre esas sutilezas, que a muchas y muchos les parecerán piropos o críticas “por nuestro bien”, se van asentando expresiones francamente violentas: “Hay mujeres que necesitan, porque son histéricas, ser violadas; psicológicamente lo necesitan porque tienen culpa y porque no quieren tener sexo libremente”, comentó hace unos días el cantante argentino Gustavo Cordera, quien calificó, además, como “aberración de la ley considerar que es abuso tener relaciones sexuales con jovencitas de 16 años”, refiriéndose a hombres como él, de 54.

El simplismo de ese cantante, desconocido fuera de Argentina antes de sus declaraciones, es comparable al del gurú new age Alejandro Jodorowsky, quien días antes se había desbordado con estas frases: “Disfrázalo del que abusó de ti, y te excitará”, “Disfrázalo de tu padre, y retén el placer”, “Un abuso sexual puede ser feroz o puede ser seductor si es un incesto”.

Como justificación, posterior, el cantante dijo que intentaba provocar a los estudiantes de Periodismo ante los que había ofrecido una plática, y el gurú argumentó que sus recomendaciones eran terapéuticas. Muchas y muchos les aplaudieron. Otras y otros los condenaron. En el fondo, sin embargo, con sus expresiones, “provocadoras” o “terapéuticas”, la pederastia, el abuso a menores y las violaciones dejaron de ser delitos para convertirse en fuentes de placer. La atención y justicia a las víctimas quedaron anuladas y reducidas a un orgasmo.

Frente a ese iceberg de violencia, sutil o explícita, visible o invisible, están luchando de frente -aunque pareciera que siempre es a “contracorriente”- los colectivos y organismos que piden para Quintana Roo la Alerta de Violencia de Género (AVG) la cual, como destacó el investigador Pedro Moncada Jiménez, es ante todo una alerta social que constata que el problema ha rebasado ya las capacidades y recursos con que cuentan las autoridades locales. La AVG permitiría que se dé, por tanto, una respuesta del Estado Mexicano en su conjunto.

Es una alerta social que involucra, como vemos, a todas y todos, no sólo a las autoridades. En palabras de Moncada, “se debe reconocer que la violencia feminicida es, en lo social, el equivalente a un huracán, terremoto, inundación o cualquier contingencia grave; y que así como en esos casos se hace la declaratoria de desastre natural con la mayor celeridad posible, para poder acceder a dinero y recursos extraordinarios con el fin de atender la emergencia, la misma celeridad debe mostrarse para emitir la AVG y poder contar con los medios y recursos para atacar la violencia en general y la feminicida en particular. No hacerlo con la prontitud debida, hará que la sociedad lo sufra”.


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