López Obrador y su 3 de 3

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López Obrador es el mejor comunicador político de México. No es mi opinión solamente, sino analistas prestigiados como Fernando Dworak lo reiteran. Y acaba de demostrarlo otra vez. Cualquier calificativo que suene medianamente positivo sobre Andrés Manuel le saca ronchas a muchos. Si usted es uno de esos, no se rasque, al menos no aún, porque no lo estoy halagando.

El motivo específico de la controversia fue la presentación de su “3 de 3”. Esta iniciativa empresarial conmina a los funcionarios y actores políticos a presentar su declaración de impuestos, la de intereses y la fiscal. En su momento fue una iniciativa de ley que resultó trunca y luego diluida. Al final, la convocatoria abierta a quien quiera usar la página de internet de la iniciativa tuvo eco amplio y muchos la han presentado, entre ellos los líderes formales de los principales partidos políticos. Faltaba Andrés.

Como fue el último dirigente partidista –importante- en presentarla generó mucha expectación. Llevaba algunos días diciendo que la presentaría, no sin antes haber renegado generosamente contra lo que llamaba “una vacilada”. En uno de esos golpes mediáticos que le salen tan bien, el Peje se aventó una puntada muy aguda: la presentó en ceros, salvo su sueldo como presidente de Morena y un saldo a favor del ISR por 779 pesos. Ni casa, ni un Tsuru. Nada. La de las propiedades, tarjeta e hipoteca es su esposa. O sea, es todo un hombre del siglo XXI. Para sazonar, remató exigiendo que Fox y Salinas presenten las suyas.

Y ¡¡¡boom!!! Hágase el escándalo. De inmediato surgieron “dudas” sobre la veracidad de la declaración. Y no es para menos, pero sinceramente tampoco para más, de todos modos, llevaba años diciendo lo que al final sería su 3 de 3: que no tiene patrimonio. Claro que surgen una tonelada de preguntas, la más importante sin duda es ¿de qué ha vivido desde 2006? No importa cuántas veces se lo pregunten, no contesta ni lo hará. Con ello, muchas cosas más.

El editorial de La Jornada, que defiende al Sr. López (como gustan escupirle sus enemigos más pretenciosos y menos avispados), señala que las declaraciones de la perredista María Alejandra Barrales Magdaleno y el priísta Enrique Ochoa Reza son escandalosas y que a nadie le llaman la atención; que la situación de López Obrador es la típica de un mexicano promedio (salvo su sueldo que está a años luz del común) y que lo realmente llamativo no es que AMLO no tenga propiedades, sino los cincuenta Tsurus de Ochoa, el depa en Acapulco de Barrales y largo etcétera de sus rivales políticos, que habiendo sido funcionarios públicos durante años tendrían que afinar sus explicaciones, porque las actuales no alcanzan a explicar colecciones de arte, predios por millones y bienes varios muy por encima de lo que sus sueldos podrían haberles proporcionado.

Pero me temo que los compas de La Jornada no tienen razón. Ni Ochoa ni Barrales serán candidatos presidenciales, ninguno presentó algo inesperado, ninguno de ellos jugueteó con las armas ajenas, sino que se plegaron a lo que les pidieron, a diferencia del Peje. Sin duda deben ser cuestionados, pero eso no hace mejor al moreno. Tampoco lo importante es la austeridad de nuestro personaje, todos sabemos que si todas las leyendas urbanas fueran ciertas ya las habría ventilado López Dóriga o Ciro Gómez Leyva.

Tampoco lo importante es que Andrés, en vez de alinearse, se haya burlado brutalmente de sus desafectos, usando la iniciativa de empresarios refractarios a sus postulados para hacer lo que mejor sabe: seguir haciendo campaña a cuenta de sus adversarios. En vez de asentir sin más, primero se negó para luego, con un gesto displicente, enfatizar su mensaje corolario “si fuera deshonesto, ya me habrían quemado, “no tengo nada que ocultar”, “ahí está mi 3 de 3, si es mentira, allá Hacienda”.

Lo importante es que el 3 de 3 terminó siendo parte del circo que se supone quiere evitar. Las preguntas siguen en el aire y siguen muchas sin contestar. Faltan el resto de los dirigentes partidistas, cuyas finanzas no parecen importarle mucho a nadie y son igual de… ¡importantes! Me parece que lo importante es que de poco sirve la transparencia antes de llegar a la silla si no hay consecuencias cuando la dejan. Porque por barato que sea y poco que nos guste López Obrador tiene razón: si hay duda, pregúntenle a Hacienda.


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