Los derechos de autor en la frontera del absurdo

el autor de esta columna nos da un repaso de los tres tipos de transmisión de derechos patrimoniales, así como también expone algunos temas básicos y de importancia.

Luego de pasar 6 años litigando un juicio sobre la titularidad de derechos patrimoniales derivados de obras de programas de cómputo creadas a partir de una relación contractual entre un autor o programador de software y un patrón; que como muchos otros, utilizó una pagadora para la contratación de su personal, finalmente la Sala Especializada en Propiedad Intelectual del Tribunal Federal de Justicia Fiscal y Administrativa, resolvió a favor de nuestro cliente, no sin antes pasar por diversas aduanas administrativas.

En estricto sentido, cualquier persona que crea una obra es considerado por la Ley Federal del Derecho de Autor como el Autor de la misma, y por el solo hecho de su creación adquiere derechos morales sobre la misma, es decir, tiene el derecho de ser mencionado como el padre o creador de la obra en todo momento, puede negarse a que se le atribuya a otra persona, puede negarse a que su obra de modifique o se utilice por terceros, y si es que así lo decide, puede incluso retirarla del mercado. Estos derechos morales son eternos, no prescriben, no se pueden embargar, ni se pueden vender.

Sin embargo, para ser considerado como titular de los derechos patrimoniales de una obra no es necesario ser el autor, ya que existen titulares de estos derechos que adquieren mediante transmisiones, cesiones, embargos, herencias y otras formas reconocidas por la Ley, la titularidad de derechos patrimoniales de obras protegidas por el derecho de autor y con ello, la explotación comercial de tales obras.

En una clasificación básica, podemos considerar tres tipos de transmisión de derechos patrimoniales, como pueden ser:

  1. General: Estas son de acuerdo a la Ley aquellas que se realizan entre el autor y el editor, empresario o productor para comercializar una obra por tiempo determinado y a cambio de una contraprestación.
  2. Laboral: En este tipo de transmisión de derechos patrimoniales, se debe especificar en los contratos el tipio de obra que desarrollará el trabajador y el porcentaje de propiedad de la misma para el patrón y el trabajador de acuerdo al tipo de obra que se realice.
  3. Por encargo: Se trata de aquellas obras realizadas por creadores especializados en alguna rama, bajo la vigilancia y dirección del titular, quien adquiere de forma permanente los derechos patrimoniales de la misma.

En el asunto que nos ocupa, luego que el autor a sabiendas que se encontraba bajo una relación contractual realizando programas de cómputo en horario de trabajo, con material y capacitación patrocinada por el patrón, decidió registrar la obra a su nombre y demandar la infracción en materia de comercio en contra del patrón incoando un viacrucis litigioso que comenzó en 2011 y que apenas en 2017 fue resuelta la segunda instancia quedando pendiente el Juicio de Amparo.

Lo curioso del asunto, es el absurdo procesal en el que se encuentran los titulares de derechos patrimoniales derivados de obras protegidas pro derechos de autor, cuando al pretender hacer valer las sentencias administrativas que le reconocen la titularidad de derechos patrimoniales de obra registradas, el propio Instituto Nacional de Derechos de Autor, niega la inscripción de anotaciones marginales en el Registro Autoral señalando que el Instituto Mexicano de la Propiedad Industrial y la Sala Especializada en Propiedad Intelectual, no tienen facultades para determinar la titularidad de derechos patrimoniales, con lo cual, el mundo del absurdo se hace presente en el Derecho Mexicano.

Solo nos resta esperar para saber si el INDAUTOR reconoce alguna autoridad en los Tribunales Colegiados. Hasta no ver, no creer.


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