Los fantasmas de ‘La Cumparsita’ viven en la vieja casa de su autor

los fantasmas de 'la cumparsita' viven en la vieja casa de su autor

Sobre ‘La Cumparsita’ se conoce prácticamente toda la historia, pero poco se conocía de una serie de hechos misteriosos y fantasmales en torno a la casa de su autor

El famoso tango ‘La Cumparsita’, de cuyo estreno se cumplieron cien años este 2017, nació de un delirio febril de su autor, el uruguayo Gerardo Matos Rodríguez (1897-1948), cuando estaba convaleciente por un cuadro de tuberculosis. Y junto a la fama de la obra, también los fantasmas de su autor perviven en una vieja casona de Montevideo.

Según contó a dpa poeta e investigador uruguayo Ignacio Suárez, que acaba de publicar el libro ‘Yo fui Matos Rodríguez’, fue en “una tensa noche, insomne y afiebrada”, cuando Matos Rodríguez “comenzó a percibir, desde la angustia vivencial de su posible enfermedad, una línea melódica” en lo más profundo de su “alma de músico sensible y de joven culto y bohemio”.

Aquel delirio original inspiró a una serie de artistas uruguayos y argentinos que el pasado 25 de noviembre, bajo el título ‘El Delirio’, presentaron un mega-espectáculo multidisciplinario que congregó a una multitud en el estadio Centenario de Montevideo y fue uno de los puntos más destacados de todo el año de celebraciones.

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Sobre ‘La Cumparsita’, que está entre las obras más reproducidas y difundidas del mundo, se conoce prácticamente toda la historia, pero poco se conocía de una serie de hechos misteriosos y fantasmales en torno a la casa de su autor y que el folklore local atribuye a cuestiones paranormales.

Pasaron 50 años desde la muerte de Matos Rodríguez hasta que su casa, ubicada en el barrio La Aguada, a cinco minutos del centro de Montevideo, fue comprada por el matrimonio Domínguez-Garisto, en 1988. Su objetivo era convertirla en un espacio para escuchar tangos ya que sus dimensiones limitaban la posibilidad de transformarla, por ejemplo, en una sala de baile.

En el libro de Ignacio Suárez, Blanca Domínguez -viuda del recientemente fallecido ex futbolista y entrenador Luis Garisto-, contó que “siempre hubo problemas con la casa, porque habían ruidos raros”.

“Dejabas algo sobre el piano y volaba… Pero no que se lo llevara nadie, volaba como si alguien ¡le pegara un golpe!” En otra ocasión, charlando con una actriz y un músico, “de golpe y porrazo apareció una luz, como de una vela que flotaba y pasó entre nosotros”. Luego hubo “como una explosión contra el aparato de aire acondicionado” y la actriz le dijo: “¡Yo nunca vi una cosa igual!”. “¡Yo tampoco!”, le contestó Blanca Domínguez.

Otra vez, se estaba preparando la casa para una fiesta. El barman tenía la costumbre de tener todo brillante y cuando estaba limpiando una copa y la dejó sobre una estantería que estaba detrás de él, la copa se levantó, sola, voló y fue a romperse contra el piso. “¡Nadie la había tocado! Y él se pegó tal susto, que se fue para la vereda y después ¡no quería entrar!”.

La propietaria de la casa de Matos Rodríguez abunda en anécdotas de este tipo, que han agregado un perfil complementario a la vieja  y famosa construcción declarada Patrimonio Nacional en el año 2002. Sin embargo, por falta de apoyo para su conservación, fue cerrada ese mismo año y permanece así, con riesgos de deterioro creciente.

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Hasta ese año todos los visitantes, principalmente extranjeros, querían conocer la casa de Matos Rodríguez, pero ahora casi nadie llega hasta allí porque está cerrada al público y apenas se distingue por un cartel en la fachada que dice ‘La casa de Becho’, apodo de Matos Rodríguez, y un afiche de ‘La Cumparsita’ entre los balcones de la planta alta.

Luis Garisto confesó, alguna vez, que nunca creyó en brujas y fantasmas, pero reconoció que en la casa pasaban cosas raras. “También había ruido de sillas que se mueven, se oyen pasos en la escalera, algo que no puede ser porque no había nadie, y además no había vecinos. Yo, por las dudas, cuando entro, muy respetuosamente, le digo: Buen día Becho. ¿Cómo andas?”, agregaba risueño el ex futbolista uruguayo.

 

dpa


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