Los “héroes” de los huracanes

huracan earl afp

Los huracanes han servido para remontar, con sus fuertes vientos, la popularidad de los gobiernos. Por ejemplo, Félix González Canto fue declarado, en su momento, “el gobernador de los huracanes”, como si fuera el título de un héroe. Él aprovechó el desastre provocado en 2005 por Wilma y la prensa lo secundó: “Creo que el mayor éxito de mi administración pública fue la reconstrucción de Quintana Roo”, declaró, años después, al periódico Por Esto!

La realidad, sin embargo, fue otra: el viernes 14 de octubre de 2005, el entonces gobernador estaba en España en un “viaje de acercamiento”, del que no se tuvieron más noticias que los nombres de los que integraban la comitiva: su esposa, cinco diputados y otros tantos integrantes del Poder Judicial.

El fin del viaje, programado inicialmente para el miércoles 19 de octubre, tuvo que adelantarse un día. El Centro Nacional de Huracanes de Miami ponía a Wilma en la categoría de los huracanes más peligrosos de la historia. La intuición y los cálculos fueron reales.

El jueves 20 de octubre comenzaron a soplar vientos de tormenta. El viernes y sábado alcanzaron los 260 kilómetros por hora. En el ínterin del paso del huracán se dieron los saqueos, y después de la devastación la crisis continuó. La policía estaba desbordada, el ejército no llegaba. A la hora de buscar culpables, las miradas se posaron sobre el gobierno del estado, por su morosidad para actuar y su inexplicable negativa de aceptar la llegada del ejército, 36 horas antes de que Wilma tocara tierra.

La lista de errores fue más amplia: los refugios no estaban en condiciones de albergar a turistas ni ciudadanos locales, y el mensaje sobre la peligrosidad real de Wilma fue poco claro a nivel local. El reparto de despensas fue, además, un caos. La comida se amontonó en galpones; las láminas para reparar viviendas se demoraban o se perdían; las órdenes de reparto venían desde distintas fuentes y pocos sabían realmente a dónde ir.

El lunes 23 de octubre el presidente Vicente Fox ya estaba en Cancún. Entonces nombró al secretario de Turismo, Rodolfo Elizondo, como el encargado de la reconstrucción. A la vez, Fox lanzó duras críticas hacia los gobiernos locales por la imprevisión para frenar los saqueos. Prácticamente la llegada del ejército y las fuerzas federales de apoyo marcaron el inicio de la intervención federal.

Rodolfo Elizondo despachó desde la oficina de Fonatur en Cancún. Desde allí, a escasas cuatro cuadras del Palacio Municipal, hacía las veces de un gobierno paralelo. Ejecutaba acciones, daba órdenes, recopilaba información y luego las vertía en conferencias de prensa. Hasta el control del reparto de despensas había quedado ya en manos del ejército, ante las denuncias del uso político de esa ayuda por parte del PRI. Ante la prensa, Elizondo había llegado a decir que ya ni el gobernador ni el alcalde, Francisco Alor, tenían poder de decisión en ese momento.

Las tiendas volvieron a abrir sus puertas cuando el ejército les garantizó seguridad. La misma Asociación de Banqueros puso condiciones similares para proveer de dinero a sus cajeros: “que las fuerzas federales sean las que cuiden nuestro patrimonio”, dijeron.

El 27 de octubre, un grupo de empresarios locales, nacionales e internacionales le pidió al presidente que las fuerzas federales de apoyo no abandonaran la ciudad hasta que no se restableciera la normalidad. El gobierno del estado estaba ausente, pero Cancún ya había dejado de ser tierra de nadie. De nuevo había garantías para las grandes inversiones.

En cambio, a medida que pasaban los días, crecía la inconformidad por el reparto de apoyos y despensas. La red de apoyos tenía que ver con la red de simpatías reales o compradas del PRI y de sus líderes vecinales. El descubrimiento de bodegas de despensas no declaradas sólo terminó de causar una sensación de desagrado con el manejo de la crisis por parte de las autoridades locales.

En su reunión del jueves 27 de octubre con funcionarios federales y locales, Fox era el único dueño de los reflectores. Anunció un paquete de medidas para levantar Cancún y lo hizo bajo la mirada atenta y silenciosa del gobernador. El presidente dijo que el 15 de diciembre Cancún estaría recuperado en un 80 por ciento.

El lunes 31 de octubre, el escenario cambió y los reflectores giraron. El gobernador ofreció ese día una conferencia de prensa conjunta con el secretario de Turismo Rodolfo Elizondo, y ahí Félix González volvió a ser el eje de poder en el estado. Le estaban devolviendo lo que le habían quitado cuando la crisis lo sobrepasó.

Y con la recuperación del poder estatal se volvió al viejo sistema de control de medios para mitigar la verdad que podía verse en cada esquina de Cancún. Entonces, Félix González Canto pudo ser convertido, por la prensa, en “el héroe de los huracanes”.


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