Lourdes y Abelardo Vara, amor altruista como forma de vida

lourdes y abelardo vara, amor altruista como forma de vida

“Si tienes la oportunidad de influir positivamente en tu entorno y no lo haces, eres un irresponsable y malagradecido”

Instalados en su sala, y rompiendo el silencio una fuente que caía por una de las paredes de su sala, comenzamos nuestra plática con Abelardo y Lulú Vara. “Cuando inició Cancún yo trabajaba en Camino Real, Mazatlán. Tenía aproximadamente 25 años. Era el gerente del hotel. De ese lugar veía fotos en los periódicos y revistas, con arena blanca y maquinaria que hacía las calles; se hablaba de una ciudad en formación. En 1976 me trajeron para conocer el hotel Camino Real, y llegué a vivir en 1977. Sólo había un carril, no había ni una avenida; la Tulum no existía. Después escuché hasta una canción que le compusieron: Me está llamando Cancún”, sonríe Abelardo con dejo de añoranza.

“Un hotel famoso de esa época era el Garza Blanca; había una rotonda y de ahí te regresabas. Estaban también el Cancún Caribe, Aristos, MayaCaribe. Siempre había sobreventa y una demanda espantosa. Era difícil cancelar las reservaciones, por lo que los salones para convenciones se llenaban de camastros; era muy divertido. Los fines de semana nos íbamos de paseo todo el comité ejecutivo a los alrededores de Cancún para ver qué más había. Así conocí con ellos Punta Allen, Chichén, Cobá, Holbox, y después conocí más lugares con mi esposa con quien he pasado momentos maravillosos”, comentó Abelardo, quien continuó diciendo, “para ese entonces yo me sentía el personaje de Chanoc, explorando mar y selva, pero fracasado; no sabía nada del territorio ni de actividades como el buceo y el snorkel, así que mejor me dediqué a trabajar y posteriormente conocí a Pancho Morales, quien trajo a Quintana Roo los clubes de los que me siento precursor como La Chaine des Rotisseurs y el Club Skal, primero en Cozumel. Todo eso fue hace 37 años, y después lo llevamos a Cancún cuando ya tenía suficientes miembros. Participé también en la creación de la Coparmex, junto con Francisco López Mena y Eduardo Solís. Era un empresario muy activo.lourdes y abelardo vara, amor altruista como forma de vida2

Lourdes por su parte, nos comenta que su corazón siempre ha estado de este lado de la península ya que sus padres son yucatecos, aunque nació en la Ciudad de México. “De niña, todas mis vacaciones eran en Mérida; viví hasta los 14 años en la capital y después nos mudamos a Mérida donde viví casi tres años. Recuerdo que antes de cumplir 18 viajé a Cancún; fue el 15 de enero de 1979 y al llegar al lobby del hotel Camino Real, me recibió un joven que me preguntó a quién buscaba y amablemente le dije que mi papá trabajaba en el hotel y en seguida le entregué mi maleta, pensando que era el bell boy. Hoy ya puedo decirle que me llamó la atención su sonrisa. Así pasaron dos años; primero me pidió que fuera su novia y luego nos casamos, ese hombre nacido en Coahuila es Abelardo”.

Cuando Abelardo llegó a Cancún, ya contaba el destino con una Asociación de Hoteles que creó Ernesto Barberi, primer gerente del hotel Camino Real, y a pesar de su corta experiencia y juventud, aceptó el cargo de presidente de la Asociación de Hoteles de Mazatlán, y fue ahí cuando se afianzó la idea de ser hotelero; “tenía trato con empresarios pero yo me veía como un hotelero y siempre me quedó esa idea; pero para eso hay que prepararse, ser tenaz, consistente y paciente, incluso me ofrecieron la dirección de operaciones de los hoteles de Mazatlán, Vallarta y de Saltillo con sede en Puerto Vallarta, pero a la par tenía ganas de crecer en un destino nuevo, y hacer realidad mi sueño dorado, ser vicepresidente de operaciones de hoteles Camino Real.

Estaba cerca de los 30 años cuando renuncié a Camino Real. Me di un año para crear algo por mí mismo. Tenía ahorros suficientes para sobrevivir un año y la vida fue muy noble conmigo y lo logré; un negocio me llevó a otro. Compré mi primera casa en la Avenida Náder, era de Irma Dorantes, con quien llevo una buena amistad, y después la convertí en oficinas”, recuerda.

Abelardo comentó que el mejor momento de lucidez como empresario lo tuvo cuando se dio cuenta que no había muchos inversionistas. Muchos de los hoteles que había los hizo el gobierno. Nadie imaginaba el éxito que tendría el destino. “Fonatur daba créditos con intereses bajos a plazos largos y ellos mismos invirtieron en la infraestructura. El Banco Mundial no quiso prestarle al gobierno porque los directivos vieron el destino tan incierto, con ratos de sol y otros de lluvia; era un clima muy voluble y la gente no viaja a destinos tan inciertos. Más adelante, el Banco Interamericano finalmente otorgó créditos por encima de lo que les habían pedido. Pero lo que se hizo bien en un principio se descompuso después con los años por los abusos y los malos manejos de los recursos que produce un destino tan exitoso, y hoy estamos viendo algunas consecuencias, pero estamos a tiempos de frenar esas malas inversiones con gente comprometida con el Estado y sus riquezas naturales, respetando densidades y usos de suelo”, opinó el hotelero.

“Cuando renuncié y decidí aprovechar el crecimiento de Cancún para crecer yo también, nunca me imaginé ser un pionero, simplemente quería desarrollarme y así construí un hotel con espacios dignos, eso lo traigo desde niño, porque vengo desde abajo, pero aun así, en mi familia me dieron un lugar para vivir donde tenía un espacio digno. Nunca vi como un sacrificio ceder terreno para construir más jardines que cuartos, ni más áreas públicas que invadieran la playa, eso ha sido el común de mis negocios, he tratado de respetar o cuidar más la naturaleza. En Lagos del Sol por ejemplo, hay muchas áreas verdes, construí un lago para darle más vida al desarrollo. He sido muy respetuoso del
ecosistema” agrega Abelardo.

En ese sentido, también ha sido muy respetuoso de las inquietudes de su esposa Lourdes, quien le agradece toda la confianza porque mientras los hoteleros trabajaban, muchas de las esposas estaban en sus casas y sólo se veían en algunas cenas. Por eso, lo que nació como un grupo de convivencia, se convirtió en el Club de Damas Hoteleras que fundó al lado de su comadre y mejor amiga Anamari Irabién, al que se fueron sumando las esposas del gremio hotelero, y más adelante visualizaron la ayuda que podían brindar a las comunidades nacientes. “Abelardo ha sido un excelente esposo pero es también un maestro de vida; por eso he querido seguirme preparando intelectual y moralmente para ayudar y sacar adelante a mis hijas: Daniela e Ivanna”, comenta Lourdes, quien años más tarde fue reconocida también por la Cruz Roja como su reina de carnaval, por el compromiso social que mantiene con la benemérita institución.lourdes y abelardo vara, amor altruista como forma de vida3

Como protagonistas y hacedores de la historia de Cancún, Lourdes y Abelardo piensan que, “para quienes hemos visto crecer a una ciudad como Cancún, nos preocupa que se descuiden temas como la inseguridad; no queremos convertirnos en un Acapulco. Mucha gente, como nosotros, hemos apostado e invertido años de trabajo. Nuestro patrimonio está aquí, nunca nos interesó invertir en otro lado porque vivimos enamorados de Cancún. Lo vimos nacer desde sus raíces”, señalan y agrega Abelardo: “cuando veo la playa me  acuerdo de las primeras imágenes que guardo en mi cabeza y me emociona ver todos estos cambios, pero debemos agradecer a todos los empresarios que han fortalecido con sus inversiones a un destino tan exitoso. Nuestro reto para el futuro es mejorar la infraestructura de Quintana Roo, que llegue hasta las comunidades, aún tenemos poblados en medio de la selva que nadie conoce; sigo viajando por el interior del Estado y veo gente muy amolada que no ha sido involucrada en este avance y no se vale. La riqueza que produce este destino turístico alcanza para todos. Quintana Roo no es un estado que se valga de industrias para salir adelante. Todo está concentrado en sus playas, en el verde de sus paisajes, su historia, el legado maya, esa es su fortaleza y debemos ser muy cuidados de que nada de eso se pierda”, enfatizó.

Actualmente, Lourdes y Abelardo gozan de una vida llena de recuerdos a casi 40 años de haber llegado a Cancún, pero sobre todo, gozan de una gran vinculación con la sociedad porque ya están viviendo la tercera generación, y al respecto coincidieron los dos: “Debes opinar si estás o no de acuerdo porque los resultados te van afectar el día de mañana; más, porque has sido parte de un avance y  nosotros nos sentimos parte del crecimiento de una ciudad”.

Por último, Abelardo señaló que ese sentimiento de honestidad, de conservación y de cuidado por el entorno para que lo disfruten el día de mañana sus nietas y las generaciones venideras, es una extensión tangible de su educación porque le gusta que su mundo, del tamaño que sea, esté limpio, ordenado, en armonía y de calidad. Así visualiza a Cancún en una fotografía utópica, pero puede ser real si respetamos todo lo que nos rodea. “Hoy tengo más de lo que necesito. Me convertí en el empresario que siempre quise, pero hoy sólo quiero invertir mi tiempo en mi casa, en mi familia, mi esposa y mis nietas. La parte fuerte y de sacrificio ya pasó. Hoy sólo necesito tiempo para estar en paz, disfrutando las bondades que nos ha dado la vida a mí y a mi familia”, apunta Abelardo y Lourdes afirma, que gracias a su ejemplo, ella ha crecido espiritualmente con sus hijas: “Daniela, hoy convertida en madre, ha desarrollado esa faceta de ayuda por el amor que tiene a su hermana Ivana, a través de Casa Xiipal, asimismo, se ha convertido en un ser muy especial en la familia por todo lo que hemos aprendido con ella. Después de haber recibido tanto, dar es una necesidad y agradecer es la forma de corresponder; así funciona nuestra vida y nos gustaría que así la vieran los demás”, finalizando así una historia coleccionable con Lourdes y Abelardo Vara.


Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Diseñado por Octopus Agencia de Marketing Digital