Me hubiera preguntado antes, Sr. Presidente

me hubiera preguntado antes, sr. presidente

El primer deber de todo político es ser un buen comunicador. Hay ejemplos de sobra, desde Alejandro Magno derramando agua de su casco, hasta Obama ganando con optimismo e internet. Incluso pésimos políticos ganan elecciones con discursos populistas, falaces, manidos y mentirosos, pero efectivos. Pero el buen político debe ser claro y sobre todo oportuno. Herbert Paul Grice formuló una serie de máximas conversacionales, entre ellas una que brilla “Que lo que hable oportunamente sea relevante”. La relevancia y oportunidad van de la mano, son indisociables.

La violación a estas reglas, decía Grice, no es sancionada socialmente, pero añado muy a mi pesar, cuando la conversación es política, las consecuencias de palabras dichas a destiempo pueden ser graves y retribuidas más allá de lo verbal. Si a ello le añadimos desafío y verdades a medias, la cosa empeora y entonces puede ser una chispa a la gasolina. Literal.

Es el caso del presidente Peña. Habitúe de este espacio nuestro, don Enrique es una referencia obligada de los errores comunicativos, que se vuelven históricos por sí mismos. El aumento a las combustibles, reversible sólo desde el Congreso y Los Pinos, nos cayó como balde de gasolina, inflamable, abusiva. Incluso los opositores que aprobaron el alza se baten en retirada, con mil malabares verbales se desdicen y ahora hablan de tomar medidas para bajar el precio.

Pero no así el Presidente. De manera clara y directa dice que la apeste a gasolina es un mal necesario, que provoca molestia (la cual comparte, bien buena onda), cuya ausencia nos hubiera arrastrado a una espiral de problemas mayores, y además, no es culpa de él, sino de quienes lo precedieron. Todo esto es discutible, por decir lo menos. Pero lo más importante, a decir del Presidente, es que él debe tomar las decisiones ingratas y la que tomó pues ya está, porque ¿qué harían ustedes en mi lugar?

Las respuestas a semejante pregunta no hicieron esperar. Yo tengo una, señor Presidente: mire usted, aparte de asumir la responsabilidad histórica de su partido, de decir la verdad y aceptar que sí aumentaron los impuestos sobre la gasolina y por eso TAMBIÉN está más cara, que la verdadera solución es apretarse el cinturón todos y en serio, bien pudo preguntar antes. Pero nooooooo, como el gandallita del salón que primero roba nuestra torta y luego nos canta un tiro a la salida, nos desafía cuando nada podemos cambiar contestando sino protestando, presionando a nuestros empleados representantes para que moderen el golpe.

Arrojarnos un yunque y luego decirnos que nos dolió porque pesa, es un insulto. Pudo haber pactado con los gobernadores, abrir el debate, compartir el peso de la decisión, pudo haber mandado un mensaje a la nación explicando lo que pasaría, puedo preguntar entonces. Prefirió irse de vacaciones, luego llamar a su lado a su amigo Videgaray, y presentarlo cual padre orgulloso de quinceañera, que atender la molestia generalizada, explicar, comunicarse, hacer política, ser oportuno. Nos hubiéramos ahorrado la arrogancia y a lo mejor las cosas pudieron resultar mejor.

Ahora lo que nos queda es no relajar la presión y seguir empujando a los legisladores, por un lado, y por otro no hacer caso de los rumores. El que no sabe comunicarse golpea para intimidar, para desviar la atención, para cambiar el tema. Somos ciudadanos, adultos, capaces de actuar ponderadamente, ser mejores que la basura que a veces nos rodea, ser relevantes y oportunos.


Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Diseñado por Octopus Agencia de Marketing Digital