Natural y orgánico; el halo de las palabras

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Hay dos palabras que se utilizan a pasto en la publicidad de todo tipo de productos: natural y orgánico. La primera —especialmente en el caso de los productos milagro— se maneja como sinónimo de inocuo o inofensivo o efectivo. Es decir, que si es natural, por definición cura lo que sea, a diferencia de los productos sintéticos, de los cuales se ha creado mañosamente la idea de que son nocivos para la salud.

El segundo vocablo, orgánico, se utiliza para inducir a pensar que todo alimento producido sin uso de fertilizantes u obtenido a partir de animales en plena libertad es más nutritivo y seguro que aquellos cultivados con ayuda de herbicidas, insecticidas y fertilizantes o la carne, huevos y lácteos de animales confinados en establos y granjas.

Las cosas han llegado a tal extremo que ahora cierta bebida hidratante o isotónica, como también se denomina a este tipo de bebidas, ha lanzado una nueva versión de la misma, a la cual anuncia como “orgánica”… porque contiene azúcar de caña de la cual se afirma que fue cultivada sin pesticidas ni fertilizantes sintéticos. Esto —comentó un especialista en cuestiones nutricionales— es un magnífico ejemplo de cómo la mercadotecnia puede crear y explotar una imagen en torno a un 2 producto, aun cuando lo que de él se afirma carezca por completo de sentido.

En efecto, resulta —por decir lo menos— absurdo y contradictorio presentar el G Organic, que tal es el nombre de esta nueva presentación de la bebida en cuestión, como un producto saludable y conveniente por el hecho de contener azúcar orgánica, cuando durante décadas se han venido acumulando evidencias de los daños que causa el excesivo consumo de azúcar refinada, pues ello eleva los niveles de triglicéridos en la sangre, lo cual se traduce en mayor riesgo de trastornos cardíacos, provoca caries dental, sobrepeso y obesidad, y en general ocasiona o propicia otros problemas de salud, incluso algunos bastante serios, como la diabetes.

No importa si el azúcar es de caña orgánica o no. Un alto consumo de ella resulta indeseable. Pero los fabricantes de un sinfín de productos comestibles se la agregan porque los hace más apetecibles al paladar humano. Y es que —dicen los científicos— a lo largo de la evolución el hombre desarrolló una tendencia a consumir alimentos que le suministren calorías para el esfuerzo físico, como es el caso de aquellos que contienen abundante azúcar. Esto resultaba conveniente en los tiempos en que las labores cotidianas exigían un fuerte gasto de energía muscular. Actualmente, sin embargo, la situación ha cambiado gracias a las máquinas, llevamos una vida más sedentaria y es necesario en consecuencia limitar el consumo de alimentos ricos en calorías, particularmente aquellos con un alto contenido de azúcar.

Sin embargo, la industria necesita vender, y por ello recurre a la triquiñuela de endulzar sus productos. En el caso de la bebida hidratante de que hablamos, de esa manera tiene un sabor más agradable y se tiende a consumirla en mayor cantidad. Por otro lado, en los últimos tiempos para endulzar bebidas gaseosas y otros productos los fabricantes recurrieron a edulcorantes más baratos, como jarabe de maíz. Esto ha sido aprovechado por hábiles publicistas para presentar el azúcar de caña orgánica como una alternativa natural y por tanto conveniente.

Pero, que no le digan, que no le cuenten. No por ser orgánica el azúcar en exceso deja de ser nociva para la salud.

Por Juan José Morales


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