Orgullo mexicano: Rosalba Morales

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Rosalba Morales es un gran orgullo mexicano quien a pesar de haber sufrido grandes abusos siendo migrante en E.U. logró destacar con su sazón hasta convertirse en la embajadora de la cocina tradicional a nivel mundial

Tal como menciona el portal Vive USA, Rosalba Morales ha definido a la cocina tradicional como ‘su alma y corazón’. En una cazuela de barro se puede reflejar el gran esfuerzo que su madre hizo para alimentarla bien, ahí caben las enseñanzas que su abuela le daría para toda la vida.

La cocinera purépecha tiene 45 años y es originaria de San Jerónimo Purenchécuaro, Michoacán. En noviembre, realizó un viaje al centro cultural Harbourfront en Toronto, Canadá, con el fin de compartir por qué la cocina tradicional mexicana es Patrimonio Intangible de la Humanidad.

Frente a canadienses, asiáticos, estadounidenses y mexicanos, preparó buñuelos de trigo, gorditas rellenas y salsa de charales. Pero a pesar de su actual éxito, el camino para lograr ser promotora no fue sencillo de ninguna forma. Antes de lograrlo trabajó como migrante y lamentablemente fue víctima de abusos laborales.

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Esta gran mujer tiene un conocimiento profundo de la cocina tradicional. Con lo que el lago y el campo dan se pueden crear platillos sencillos y nutritivos. Basta ir a pescar peces y cocinarlos con verduras, cebolla, sal, ajo, cilantro y chile para obtener un banquete.

Su vocación por la cocina inició desde temprana edad, cuando de pequeña agarraba bolitas de masa al momento en que su madre hacía tortillas. Su espíritu curioso la llevó a preguntar y aprender de sus mayores. A los 14 años empezó a cocinar de manera formal.

Rosalba narró en una entrevista: “Mi mamá nos llevó de la comunidad a los 14 años porque ya no alcanzaba la economía para mantenernos. Nos fuimos a Guadalajara porque ahí había trabajo. Llegué a laborar a un lugar donde tenía que cocinar y cociné. Fui aprendiendo nuevos sabores y aromas. Ahora que estoy grande me gusta cocinar en las fiestas para que todo salga bien”.

De igual forma agregó: “Yo aprendí mucho de las personas mayores en las fiestas. Les preguntaba cuánto de sal, me guiaba por lo que ellas decían. Eso es darle su lugar a una persona mayor”.

 

Rosalba nunca dejó la cocina, pero al crecer tuvo que enfrentar situaciones difíciles. Entre sus memorias recuerda que cuando tenía 17 años todos en su comunidad hablaban de ir a trabajar a Estados Unidos. Ella quedó impresionada por los comentarios y decidió buscar al mejor ‘pollero’ para que la cruzara al otro lado, pero tristemente éste se negó diciéndole: “¿Y ustedes a qué cabrón van a ir a Estados Unidos, pónganse a trabajar aquí”.

Rosalba recuerda: “En aquella ocasión se me quitó la idea de ir porque nos platicó muchas cosas que se viven al cruzar”.

Siete años después tuvo que huir de México, por sufrir violencia doméstica. Ella narra: “Salí huyendo de México porque mi pareja me tenía bien amenazada. Vendía tortillas en Morelia y una señora me dijo: ‘yo veo que tú tienes muy mala vida. Fíjate que mi hija abrió un negocio en Estados Unidos y necesita una cocinera, ¿no te gustaría ir para allá?”.

Rosalba no lo dudó ni un instante. El pollero la llevó a la frontera de Nogales y ella lloró durante todo el trayecto pues tuvo que dejar a su hijo de año y medio en México.

Cuando llegó a Tucson, los coyotes le sugirieron rezar para que no hubiera personas que la maltrataran por el puente que debía cruzar. Corrió con todas sus fuerzas y, después de un tramo en auto, finalmente llegó al estado de Washington.

Rosalba Morales trabajaba de 6 a.m. a 6.p.m. en un restaurante y cuando llegaba a la casa de sus patrones, tenía que hacer la cena y limpiar. Las personas que la conocían le advirtieron que la estaban explotando.

Ella estaba consciente que no merecía tal trato, por lo que trabajó ahí menos de un año. Rosalba narra: “Cuando me retiré, la señora me dijo: ‘en una semana me vas a venir a pedir que te dé el trabajo’. Nunca volví. Esa misma noche le hablé al carnicero y al día siguiente estaba trabajando. Eso me hizo más fuerte”.

La cocinera emigró al país del norte dos veces. De 1997 al 2000 y de 2001 al 2003, durante este último periodo trabajó piscando espárragos. Cuando terminó de construir su casa, regresó definitivamente.

Aunque en ocasiones pensaba en volver a E.U., valoró la compañía de sus hijos y empezó a vender chiles en vinagre a 10 pesos la bolsa. Después, tras abrir un centro ecoturístico en su pueblo, ingresó como cocinera.

Pero debido a la mala organización y el machismo, tomó la decisión de empezar a cocinar en casa. Inició con una mesita y un bracero. Su sazón, fuerza e independencia la llevaron a ser una cocinera reconocida en la región purépecha.

El sabor de la cocina tradicional de Rosalba se corrió de plato en plato hasta que fue contactada por autoridades de Ciudad Hidalgo, Michoacán.

Ella declara: “Me invitaron como embajadora de su municipio para ir a Chicago, por eso tengo la visa. Después me fui a Turín, Italia, como delegada de la cocina tradicional. Recientemente fui a Canadá y aprendí cosas que me ayudan a seguir creciendo”.

Rosalba  menciona que los mexicanos debemos estar orgullosos de nuestra gastronomía ya que es la número uno del mundo.

Los sueños de Rosalba lograr hacerse realidad junto al fuego.  Ella relata: “La cocina me ha dado mucho. Mis sueños se están cumpliendo. Lo soñé, pero no pensé que la cocina me iba a dar tanto. Agradezco el don que Dios me dio para cocinar”.

Sin duda México es un país rico en muchos aspectos, y tal como Rosalba lo dice, debemos estar orgullosos de ser parte de él.


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