Palabras desde el corazón tseltal

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Lía Villava presentó en la Feria Internacional del Libro, en Guadalajara, ‘La bordadora de sueños’ que escribió basado en historias cotidianas de los tseltales, descendientes de los antiguos mayas

Itzel tiene sus manos ásperas sobre las piernas. Una hermosa camisa bordada y un enredo azul con cintas de colores. No lleva zapatos, sus pies trabajados rozan la tierra y las estrellas. En Chilón la conocen como la intérprete de los sueños. Sus enormes ojos miran sonrientes. Pareciera que no tiene edad. La saludo diciendo: “¡Qué hermosa blusa!”. Y me dice con seriedad: Yo la hice, la soñé cuando mi ahijado iba a nacer, fui a visitar a mi comadre, le di una sobada en la panza. Al regresar a mi casa, me tiré en la hamaca, y cerrando los ojos, mis brazos comenzaron a temblar. A la mañana siguiente, elegí los hilos de colores para plasmar el sueño. Tomé la aguja dejando que mis manos escucharan lo que vi la noche anterior”, así inicia el primer cuento del libro. Se trata de una recopilación de 72 relatos de historias que ‘hilvana con auténtica sensibilidad bordadora’ y que apetece leerse despacito, saboreándolo de a poquito, pues expone a los personajes ante la cosmovisión de una cultura antiquísima, la de los tseltales.

“Hace 10 años, en Chiapas, haciendo guardia como paramédico de la Cruz Roja durante la reunión de la Organización Mundial de Comercio, fuimos apoyadas por la Cruz Roja de Chiapas. Uno de esos compañero nos relataba la magia que hay en ese estado”, recordó Lía durante la presentación.

“Luego conocí a un antropólogo social, Eugenio Maurer, con 35 años viviendo en Chiapas, y quien me invitó a regresar; fue como pude llegar como no cualquiera puede hacerlo. Conocí a gente que aceptó contarme sus historias, y a partir de ahí conocí otro México; pude acercarme a comunidades con ayuda de traductores de tseltal, con lo que pude aprender sus costumbres y tradiciones. Tuve que quitarme toda una serie de prejuicios para poder conocerlos, sentirlos y entender un poco su cosmovisión. Regresé cambiada. Fue un regalo muy grande descubrir esa otra parte de México, y hacer amigos. Al día de hoy puedo llegar a comunidades y la g dsc0012ente me llama ‘hermana lía’. Son gente con un corazón extraordinario que me han enseñado a mirar a estas zonas, que solamente son tomadas en cuenta durante elecciones, que han perdido la salud porque están muy lejos de centros médicos, pero que siguen manteniendo la esperanza”.

Lía trabaja con una cooperativa de mujeres mayas en Quintana Roo. “Se reunieron en mesa redonda para ver si me aceptaban, y fue un honor que lo hicieran. Hoy me siento parte de ellas, quienes me dicen, ‘queremos trabajo, nuestra vida es muy aburrida’, y es que a pesar de la cercanía con Cancún, están muy lejanas. Quiero creer que con este libro pueda seguir bordando con ellas más historias. Estoy muy feliz de compartir la vida de estas mujeres y de compañeros que trabajan con estas comunidades”.

“La bordadora de sueños es un libro que ya no es mío; se los dejo. Lo comparto con todos ustedes con mucho gusto”, finalizó.


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