Pinos, 2019: el milagro Meade

Pinos, 2019: el milagro Meade

 

Finales de enero del 2019, el secretario de Gobernación, Luis Videgaray, tiene audiencia con el presidente de la República. Hay preocupación en el primer círculo de Los Pinos por la presión social que crece por los resultados del reciente proceso electoral.

El apretado margen con el que José Antonio Meade ganó las elecciones, está agigantando a Andrés Manuel López Obrador. Además organizaciones ciudadanas, lideradas por Claudio X. González Guajardo, candidato perdedor por el Frente Democrático, siguen destapando actos de corrupción.

Los últimos cinco meses, en la etapa de transición, el equipo saliente del presidente Enrique Peña ha estado bajo fuego por las denuncias de malos manejos e impunidad. El nuevo gobierno de Meade está obligado a dar un golpe de timón si es que quiere legitimarse y llevar a los hechos postulados de campaña.

Durante la carrera por la Presidencia, corrupción e impunidad fueron banderas de campañas de la oposición. Atributos que jugaron a favor de Meade para que Peña Nieto lo designara candidato fueron, además de su sólida carrera pública, su historial de honestidad y no ser priísta.

Pero ahora la sociedad le reclama al presidente electo actuar en congruencia. En la dirigencia del PRI, que encabeza Eruviel Ávila, hay división. El ala dura, representada por el senador Manlio Fabio Beltrones, quiere aprovecharse de la coyuntura, lo que podría derivar en un escenario de ajustes de cuentas.

Meade tiene que decidir entre actuar o dejarla pasar. Prospectos los tiene de sobra: Gerardo Ruiz Esparza, a quien como ex secretario de Comunicaciones y Transportes se le siguen acumulando expedientes; o el mismo Emilio Lozoya, el ex director de Pemex, que continúa litigando el caso Odebrecht.

El panorama económico no se ve muy alentador. El sector productivo cabildea una auténtica reforma tributaria, pero duda que haya voluntad para alentarla. Y es que Videgaray sigue teniendo una fuerte ascendencia en el presidente, otro negativo que a Meade le achacaron durante la campaña.

La luna de miel del sector privado y Meade, a quien apoyó incondicionalmente para verlo en Los Pinos, se está agotando porque la cancelación del Tratado de Libre Comercio y la reforma tributaria de Donald Trump están erosionando la economía mexicana. La Coparmex ha sido particularmente crítica.

El presidente Meade y su secretario de Hacienda, José Antonio González Anaya, están en el dilema de mantener la tóxica política fiscal que hace cinco años impuso Videgaray o de avanzar en una verdadera reforma tributaria que libere de la carga fiscal a las empresas y se avance en un IVA generalizado.

En Banco de México, que gobierna Alejandro Díaz de León, la inflación es el tema que más preocupa y ocupa. Los niveles no bajan del 6%, el doble del objetivo de 3%+- un punto porcentual que había fijado como objetivo el ahora presidente del Banco Internacional de Pagos, Agustín Carstens.

El presidente Meade, el gobernador Díaz de León, su secretario de Hacienda Pepe Toño y el también flamante secretario del Trabajo, Roberto Gil, deben hacer frente a otro tema que impactó la fallida renegociación del TLCAN y que incide en la inflación: los salarios mínimos.
La Reforma Energética sigue dando frutos: las subastas de campos petroleros y alianzas estratégicas con firmas internacionales va adelante. El precio del petróleo está ayudando. El dilema de Meade es qué hacer con el oneroso sindicato y su líder Carlos Romero Deschamps.

No se ve que los titulares de Gobernación Videgaray, Hacienda Pepe Toño, Trabajo Gil Zuart y su jefe Meade, tengan una hoja de ruta clara qué instruirle a Mikel Arriola, el director de la llamada “empresa productiva del Estado”. El tratamiento al sindicato es la única asignatura pendiente de la Reforma.

Dos de los grandes proyectos de infraestructura inconclusos en la pasada administración de Peña Nieto fueron el Nuevo Aeropuerto Internacional de México y el Tren México-Toluca. Ambos están desfasados en el tiempo. El reto es para el secretario de Comunicaciones y Transportes, Ernesto Cordero.

Así podría empezar un fantasioso arranque de gobierno de José Antonio Meade, en caso de que fuera ungido —como parece ser— candidato del PRI a la Presidencia. Un gobierno si bien respaldado por el tricolor, apoyado en la campaña por panistas que, no se descarta, ocuparían posiciones en su gabinete.

CUARTO DE GUERRA

Volviendo a la realidad: un movimiento inusual del Estado Mayor Presidencial se empezó a percibir en una de las calles más emblemáticas del Pedregal. Dicen los vecinos de esa zona del sur de la Ciudad de México que las huestes del general Roberto Miranda ya tomaron posesión de un inmueble cercano a la Calle de Niebla que podría ser el cuartel general del candidato del PRI. La casa de campaña de quien será ungido por el presidente Enrique Peña en cuestión de unos días.

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