PISTOLA BAJO LA ALMOHADA

armas

En agosto de 2012 activistas mexicanos de la Caravana por la Paz destruyeron en Guadalupe Plaza Park de Houston, Texas, un rifle AK 47 y una Magnum 357 –las armas que más civiles han matado en México- y cuatro años después el senador panista Jorge Luis Preciado propone, ahora, una enmienda a la Constitución para que podamos, como en Estados Unidos, portar armas.

Houston es la ciudad fronteriza donde se venden más armas. El Movimiento por la Paz organizó la caravana desde San Diego hasta Washington, para protestar contra el contrabando a nuestro país de las armas que Estados Unidos importa bajo el amparo de su segunda enmienda constitucional, la misma que inspiró a Preciado en su propuesta publicada, el último jueves, en la Gaceta del Senado.  

Cada día en México, según el Sistema Nacional de Seguridad Pública, 56 personas son asesinadas; 1,700 al mes. En contraste, los atentados del Estado Islámico (EI) han provocado en Afganistán, según la ONU, la muerte de 1,600 civiles en los primeros seis meses del año.

Aun considerando que la población de Afganistán (30 millones) es la cuarta parte de la de México (122), los asesinatos en nuestro país son comparables a los de un Estado en guerra; en los últimos 10 años han muerto 150 mil personas y la mayoría han sido víctimas del narcotráfico, diversificado en secuestro, trata de personas, tráfico de órganos, derecho de piso, piratería y prostitución.

El 84% de las armas incautadas en las escenas de esos crímenes provienen de Estados Unidos, como el rifle calibre .50 capaz de derribar un helicóptero, encontrado en la casa donde se refugiaba “El Chapo” Guzmán antes de ser reaprehendido en enero de este año.

El arma más común en los crímenes que se cometen en México, desde Ciudad Juárez hasta Cancún, es el fusil de asalto AK-47, fabricado en Rumania, importado en Estados Unidos y enviado, después, a México.

“No podemos permitir la enmienda que propone Preciado; sería el desquiciamiento y la aceptación de que el Estado puede abdicar a su función de protegernos”, comentó Teresa Carmona, integrante de la Caravana por la Paz que llegó hasta Ottawa, Canadá, “ejerciendo”, dice ella, “la diplomacia ciudadana para el desarme. Eso es lo que debemos hacer: obligar a los gobiernos a que cumplan su función; no empezar a matarnos entre nosotros en autodefensa”.

Por incapacidad -aunada a corrupción, impunidad y desvío de recursos- los gobiernos en México han transferido a los ciudadanos las funciones que les corresponden; no garantizan seguridad, salud, empleo ni educación gratuita. El Estado está prácticamente desmantelado y la población, en el abandono.

La enmienda propuesta por Preciado contempla reformas al artículo 10 constitucional para que se permita a los mexicanos estar armados en sus casas, negocios y autos. “Tenemos derecho a la legítima defensa y si un delincuente se mete a mi casa o va a mi negocio, por lo menos va a saber que del otro lado hay alguien que tiene un arma para responder”, señaló el senador. “Tenemos grupos organizados completamente armados y tenemos a la sociedad completamente en estado de indefensión”, argumentó.

La propuesta del senador panista es, en este contexto, atrayente, pero en realidad ¿es la solución dormir con una pistola bajo la almohada?  El sistema judicial no está en la práctica actualizado -aunque lo esté en el papel con las últimas reformas- para discernir si una o un ciudadano actuó en defensa propia. Las cárceles en México están saturadas de historias de corrupción e injusticia, mientras los criminales que portan armas de alto impacto andan sueltos asesinando a civiles.

Desde enero de 2013, meses después de la Caravana por la Paz, empezaron a detectarse grupos de autodefensa en varios estados del país, armados con los mismos rifles de asalto que portan los grupos criminales.

Un niño, de 13 o 14 años, me llamó la atención entonces; empuñaba un fusil automático entre el grupo de autodefensa que había tomado la ciudad de Apatzingán, Michoacán, bastión de Los Templarios. Era la cara infantil de la confrontación con los miles de niños que han sido reclutados por los cárteles de la droga; pares, sin embargo, en la falta de oportunidades y garantías a sus necesidades más básicas.

Sin resolver la indefensión con que crecen esos niños en México, no habrá nunca una efectiva autodefensa menos cuando, para obtener la protección, se arma la guerra.

Es, como dice Teresa Carmona, el desquiciamiento.


Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Diseñado por Octopus Agencia de Marketing Digital