Un ‘rebelde’ que atrapó el paraíso

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Manuel de Jesús Paredes Zugi, mejor conocido por todos como el ‘Doctor Zugi’, es un verdadero personaje que hace tres décadas llegó a Quintana Roo a quedarse para siempre

“Aunque en 1975 estuve un tiempo en Leona Vicario, regresé a finales de 1984 y hasta hoy aquí vivo, muy feliz en Cancún”, comentó para abrir la charla.

De su paso en el Cancún de 1975 recuerda que no habían muchas casas, todos se conocían prácticamente y la vida era más tranquila. Nueve años después, en 1984, cuando ya se estableció definitivamente en el paraíso, tampoco había crecido mucho la ciudad y en el caso de Tránsito, donde fundó el primer consultorio médico, sólo le daba servicio a 14 policías.

“Cancún ha crecido de manera vertiginosa, se ha expandido con fraccionamientos, centros comerciales y, por supuesto, más población”.

Nacido en Mérida, Yucatán, un 5 de enero de 1952, se define como un hombre agradecido con la vida, creyente de Dios y que lo ha dado todo por Quintana Roo, aunque el pago, no económico pero sí de gratitud y reconocimiento, no le ha llegado más que con una sola excepción.

“La política de Quintana Roo no me ha dado lo que yo me he esforzado por el estado. He estado en campañas del PRI y no he recibido ni las gracias, con excepción de don Mario Villanueva’, reflexiona.

En Cancún ocupó cargos dentro del PRI, donde conoció a Miguel Borge Martín, quien junto con Mario Villanueva Madrid, influyó en su cambio de plaza al Hospital General de Cancún.

A todo Quintana Roo, pero en especial a Cancún, le tiene un gran aprecio. “Agradezco infinitamente a Quintana Roo, en forma muy sincera, porque aquí encontré la tranquilidad y la paz”, reflexiona.

Actualmente Zugi ejerce como médico de urgencias en el Hospital General en Cancún, y en Puerto Morelos está a cargo del consultorio médico de Tránsito, invitado por la presidenta municipal Laura Fernández, además de presidir la Asociación de Yucatecos del Estado de Quintana Roo.

Campeón mundial de luchaun ‘rebelde’ que atrapó el paraíso

Luego de tener una infancia en la colonia Mayapán, de Mérida, Manuel de Jesús viaja a la Ciudad de México a terminar su primaria y educación secundaria.

Con un talento natural para los ‘catorrazos’ (peleas) presenta su examen para ser luchador en la modalidad de grecorromana, logrando entrar y tener igual la oportunidad de representar a México en los Juegos Panamericanos de Wynipeg, Canadá en 1964. “Logré el campeonato mundial y eso me abrió las puertas directas en el Ejército, sin examen; pero eso me traería también problemas con los compañeros porque decían ‘este yucateco cómo pudo entrar libre’”, menciona.

En el Ejército fue objeto de bullying, hasta que una vez no aguantó y respondió… hasta ahí llegaría su carrera en las fuerzas armadas. “Le fracturé la quijada a un compañero, Hugo Bernal, de un derechazo porque sabía muy bien boxear y eso hizo que causara baja”, recuerda.

Lejos de desalentarse en la ‘gran ciudad’, Manuel de Jesús siguió estudiando y en 1968 coordinó 74 secundarias en el gran movimiento de ese año.

Años después, debido a problemas económicos, regresó a su tierra y ahí concluyó la preparatoria, alcanzando la presidencia de la Sociedad Cultural de Alumnos. A su paso por la entonces Universidad de Yucatán conoció a Víctor Cervera Pacheco, quien lo ayudó a continuar sus estudios de medicina. Mientras estudiaba, ocupó cargos en el PRI y fue diputado suplente por el Distrito Local de Umán, alcanzando la titularidad al fallecer en un accidente el diputado propietario.

En 1978 dirigió el movimiento estudiantil para darle a la universidad su autonomía, teniendo como resultado lo que se conoce ahora con orgullo: la Universidad Autónoma de Yucatán (UADY).

‘El Alka-Seltzer de la suerte’

En los ochentas, Manuel de Jesús formaba parte en Yucatán de la campaña presidencial de Miguel de la Madrid Hurtado. Se había programado un evento en Valladolid y él como parte de la avanzada iba hacia ese punto, cuando decidió detenerse a tomar un refrigerio y se desvió un poco.

Recuerda que vestía su bata médica cuando a lo lejos observó la comitiva que se acercaba hacia donde él estaba. “Se paró el autobús Morelos que era en donde viajaba el candidato. Se abre la puerta y baja Miguel de la Madrid y que me dijo que todavía no llegábamos a Valladolid. Por la noche, en el edificio donde descansaba el candidato, se lo topó en la cocina, a donde bajó a tomar un Alka-Seltzer. “Me preguntó lo que hacía, y le dije que estaba estudiando para un examen de medicina. Me dijo que me invitaba un Alka-Seltzery que me iba a ir bien”.

Años después, en 1984, cuando tocaba puertas en la Ciudad de México, ya como egresado en medicina, se topó con el ya presidente Miguel de la Madrid, frente a las oficinas del Sindicato de la Secretaría de Salud. El ex presidente se acordó de él por su bata blanca y le reiteró que le iba a ir bien.

Días después lo llamaron del Sindicato y le ofrecieron una plaza que él solicitó fuera en Chetumal… ahí comenzó su historia en Quintana Roo.


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