SE LLAMA EMMA

lady coralina

Se llama Emma, pero la conocemos mejor como Lady Coralina. ¿Se puso prepotente, abusó de alguien inerme, sacó a relucir el cobre? No. Sencillamente una “amiga” suya le hizo el favor de subir a las redes fotografías en las que aparece besándose con un chico que no es su prometido. Y claro, el novio de Emma se sintió agraviado y cortó el compromiso. El asunto se supo y se convirtió en comidilla en toda Latinoamérica.

No deja de ser irónico que el anuncio del compromiso fue publicado en las páginas de sociales de su lugar de origen. ¿A alguien le importaba un rábano que Emma se comprometiera? No. Tampoco nos importaba en absoluto que ella le fuera infiel a su novio. Tampoco el morbo de tres al cuarto que la gente exhibió resulta relevante. Tampoco lo es el lloriqueo que pretende poner a la Lady de moda como una víctima del machismo. Habrá que abundar que, en todo caso, al que sí le importaba el asunto era al novio de la señorita, que afortunadamente se enteró de la conducta de su prometida, y tomó la decisión que bien le pareció, y en su momento, si la hubiera perdonado, la crítica entonces sería contra el imbécil más grade del face en la semana.

Emma es una persona exhibida debido a su imprudencia. Noooo, nadie tiene derecho a emborracharse en una fiesta, hacer desfiguros y culpar a otros de la idiotez propia; siempre habrá gente morbosa y mal intencionada o bien que cree que el interesado tenía derecho a saber, lo cual me parece ético y correcto en aras de no ser cómplice de una actitud reprobable.

El problema es que estupideces divertidas como la que comentamos se convierten en El Tema, por encima de lo que realmente nos importa. Lo realmente relevante del asunto es la lección que todos deberíamos aprender: en la época de la redes sociales y la comunicación instantánea, nuestra privacidad se hace cada vez más importante y debemos evitar las actitudes que no queremos ver divulgadas, al menos en público. No es distinto sustancialmente al pasado, pero sí más amplio y violento por decirlo así. De hecho, las marejadas de información evitan que centremos nuestra atención demasiado tiempo en acontecimientos frívolos e irrelevantes como el de Lady Coralina, porque la nueva fuente de morbo viral viene en unos días literalmente, así que el chisme dura menos.

La actitud frente a banalidades como esta deberían ser no tomarlas en serio. Si acaso es una nota picante y divertida, nada que pase del chisme superfluo e inevitable que es, una vez que sube a la red. Entre menos le pusiéramos atención a hechos así, menos aparecerían en internet, pero es claramente una ingenuidad, siempre habrá quien haciendo caso a lo peor de su naturaleza se solace en historias salaces.

Tampoco es un camino la censura de todo lo que se parezca a la incomodidad de terceros. Insisto: no puede uno exhibirse y luego quejarse por el quemón. Lo que debemos hacer es mejorar un poquito nuestros gustos, ser un público más exigente, en vez de emular a Laura Bozo desde las redes y en definitiva, no darle más importancia a tonterías.

El debate relevante están en otras cosas, de entrada está en el debate en sí y no en el voyeurismo, está en cómo construimos una realidad distinta y satisfactoria, en el humor a partir del ridículo, la burla de lo sagrado, el empuje de lo que se diga inamovible, renovar nuestra ética pública sobre las bases de lo razonable y equilibrado, no sobre prejuicios e ideas excluyentes y moralinas que hacen del morbo más deseable y sabroso; esos son nuestros temas, y en todo caso señalar cuando se gira en círculos, porque entonces sí, no se va a ningún lado.


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