Secretos de la Familia

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La Iglesia lo sabe:

Las y los misioneros de la Iglesia Católica en las comunidades mayas han sido testigos del elevadísimo número de violaciones a las hijas, desde pequeñas, por parte de sus padres, abuelos y hermanos; es decir, dentro del seno de esas familias a las que la grey considera “sagradas” porque se ajustan al “diseño original”.

El sistema educativo lo sabe:

Maestras y maestros que imparten clases en escuelas conurbadas han reportado casos de abusos y violaciones que abarcan, en algunos salones, más del 70 por ciento de la población femenil, principalmente en primarias y secundarias.

Las autoridades de Salud lo saben:

En dispensarios, clínicas y hospitales se atienden frecuentemente a niñas y jovencitas que han sido obligadas por hombres de su familia a sostener relaciones sexuales. Algunos médicos atribuyen a esta especie de esclavitud sexual, el alto porcentaje de niños que nacen con diversos síndromes en comunidades mayas y suburbanas.

Los ministerios públicos y jueces lo saben:

Solidaridad ocupa el primer lugar a nivel nacional en violaciones; Othón P. Blanco, el segundo, y Cancún, el cuarto, tomando como referencia el número de población en cada municipio. Las denuncias son, en un porcentaje considerable, contra miembros de la propia familia.

La misma familia lo sabe:

Es frecuente que las madres de esas niñas y jovencitas se nieguen a respaldar las denuncias; hay casos en los que, incluso, defienden al padre, abuelo o hijo violador; acusan a la víctima y amenazan a maestros, médicos y ministerios públicos que pretenden proteger u ofrecer justicia a sus hijas.

Todo por la familia, por “la institución divina creada por Dios” que fue defendida, así tal cual, por cientos de miles de católicos, protestantes, evangélicos y cristianos durante la concentración del sábado en varias ciudades del país, ensayo de la gran marcha que realizarán el próximo 24 de septiembre en la Ciudad de México.

Más allá de defender a la familia tradicional -“como la de Nazaret”, dicen- los fieles religiosos han aceptado rechazar y hasta condenar sin cuestionamiento, mucho menos información, cualquier enfoque de género en la Constitución, los derechos humanos y la educación.

No lo saben:

El enfoque de género –que va más allá de la identidad de género incluida en la reforma presidencial al artículo 4 constitucional- le habría permitido a una madre la necesaria autosuficiencia, conocimiento y valor para defender a sus hijas de los abusos constantes en el seno familiar; a las niñas y jovencitas, recursos para auto proteger su integridad; a los hombres, conciencia y respeto hacia las mujeres que son consideradas, en esas comunidades, propiedad privada del progenitor y de los que siguen su línea parental.

La movilización del Frente Nacional por la Familia va, por eso, más allá del rechazo y condena al matrimonio igualitario. Va en contra de los derechos fundamentales de la humanidad. Atenta contra las y los homosexuales, las mujeres, los maestros, las y los jóvenes, las y los niños, las instituciones, la Constitución (fundamentalmente el artículo 1 y no sólo el 4, como difunden), los tratados internacionales, la salud pública, la seguridad, la estabilidad, la paz social.

Sentí miedo cuando, con el estruendo de tambores, la multitud de “fieles” entró el último sábado a la plaza cívica de Cancún. Me aterró su magnitud, no de manifestantes, sino de ignorancia.


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