EL SILENCIO DE LOS CANCUNENSES

img 20160930 140916

En los años 80, más en los 70 y todavía en los 90, Quintana Roo era sólo Cancún para el país y sobre todo, para los mercados extranjeros -ni siquiera la ciudad, únicamente el destino turístico-. Hoy, en cambio, parte de la población de México está pendiente de lo que ha pasado y pasa aquí, una vez que la realidad desbordó al discurso tradicional de “no escupir para arriba”, aunque estuviéramos ya con “el agua hasta el cuello” desde que inició este siglo.

Hace más de 10 años todavía podía creerse que Quintana Roo era multiplicador de empleos y derrama económica. Que era, se decía, el “sueño mexicano” para la gente que buscaba mejores condiciones de vida.

Ya no.

Quintana Roo ocupa, ahora, los primeros lugares a nivel nacional en impunidad, corrupción y, por tanto, en deuda pública; también en violencia familiar, crímenes ambientales, violaciones, embarazos de adolescentes y, año con año, va escalando en los índices de desempleo, pobreza y hambre.

Del “paraíso” no quedan ni las playas, únicas en el mundo, que tardaron miles de años en formarse y bastaron cuatro décadas para que se perdieran, sepultadas por la corrupción e impunidad que permitió el asentamiento de cientos de hoteles sobre las dunas costeras. Nadie, entonces, dijo nada.

Obligados, por el gobierno y sus agentes turísticos, a “no escupir para arriba”; enajenados, por el sistema, para que nuestra vida comunitaria girara siempre vertiginosamente en torno a la consecución de dinero, no como medio sino como fin; amedrentados, sistemáticamente, con perder la seguridad económica por la que emigramos de nuestros lugares agotando lazos familiares, aceptamos durante décadas la censura que, finalmente, se transfiguró en autocensura hacia los temas que expuestos al exterior podían –nos dijeron- poner en riesgo la entrada de divisas y la derrama económica que genera el turismo.

Nos silenciaron con aquella norma extraoficial y extrajudicial que nos declaraba “personas non gratas” si emitíamos, y más si difundíamos, alguna opinión que cuestionara “la vida en el paraíso”. También llegaron a identificarnos, comunitariamente, como “enemigos de Quintana Roo”, de la misma forma en que Roberto Borge se refirió, hace algunos meses, a las y los manifestantes que salieron, por miles, a exigir justicia ante los asesinatos de mujeres que aquí se contabilizan a un promedio de dos por mes. ¿Quién era y es el enemigo real?, sería una buena pregunta.

Habíamos vivido permanentemente en el silencio, y ya lo dijo Salvador Camarena, coordinador de la Unidad de Investigaciones Periodísticas de Mexicanos contra la Corrupción y la Impunidad: “Cuando hay silencio en una comunidad, esa comunidad está prácticamente muerta”. En el Foro de Transparencia “Transformar 2016” donde participó el viernes pasado Camarena, me di cuenta, más que en otro momento, que el país está pendiente de nosotros –ya no como destino turístico, ni como Cancún, sino como estado; es más, como ciudadanos-.

Los motivos de esa atención no son los mejores pero así, creo, tenía que ser. “Lamentamos lo que les ha pasado”, fue una frase recurrente de los panelistas en este foro: además de Salvador Camarena, Pedro Kumamoto, diputado independiente de Jalisco; Lilia Saúl, periodista especializada en investigación de datos, y Edna Jaime, directora de México Evalúa.

Camarena nos advirtió: “Las alternancias no son garantía de nada; de nada. Hoy lo único que está garantizado es la impunidad. Este es el punto del que hay que partir: si no se vuelve permanente el ejercicio ciudadano expresado en las urnas, la frustración será mayor, el cinismo igual y al final se paralizarán los procesos ciudadanos. Es una oportunidad histórica de cambio, pero también lo puede ser de fracaso. Si no se involucran les va a volver a pasar; la pesadilla Borge no ha terminado y las segundas partes siempre son peores”.

No hay razón para el silencio. Cifras de la Secretaría federal del Trabajo nos dan el histórico de empleos durante la última década: en 2005 la tasa de desempleo en Quintana Roo era de 2.7% en promedio, y en 2015 fue de 4.3%. La pérdida de las fuentes de trabajo fue paulatina, mientras aumentaba la deuda pública y el saqueo a las finanzas y los recursos de la entidad.

Desde el 2008 los registros del IMSS marcan el más drástico desplome en el número de trabajadores asegurados en Quintana Roo. Hasta 2012 se dieron de baja o fueron despedidos más de 11 mil trabajadores en la entidad, mientras los sueldos bajaban también drásticamente.

Desde entonces y amparados por la Reforma Laboral que firmaron en pacto el PRI, PAN y PRD, los trabajadores perdieron todas las garantías. Los contratos son temporales para que los trabajadores nunca generen antigüedad y pierdan todos sus derechos.

Casi la mitad de las vacantes en la entidad ofrecen sueldos de dos mil a cinco mil pesos mensuales, y una tercera parte de seis mil a 10 mil pesos. Por esos sueldos tienen que trabajar dos y hasta tres personas de una familia para poder subsistir; para comprar alimentos y cubrir gastos básicos como transporte, agua, electricidad.

¿Dónde están entonces los beneficios del turismo si para un gran porcentaje de los empleados en Quintana Roo es prácticamente un lujo pagar por servicios de salud y educación; por vestido, calzado y vivienda?

¿Qué nos han aportado los gobiernos que llegaron al poder? De nosotros depende -como se dijo en el Foro organizado y convocado por la asociación Ciudadanos por la Transparencia- que los gobernantes no lleguen con nuestros votos a, simplemente, seguir con sus privilegios, sus negocios, sus saqueos, a costa de la mayoría de la población de Quintana Roo que está, ya casi, en niveles de sobrevivencia.

Depende, también, que los responsables del desvío de recursos, sobre-endeudamiento y despojo de bienes, no sólo a ciudadanos sino a particulares, no queden impunes. “La justicia no se logra con un borrón y cuenta nueva. Quintana Roo no olvida”, se lee en el perfil de muchas y muchos ciudadanos que han empezado a manifestarse en las redes sociales, después de haber exigido justicia a gritos durante el primer mensaje de Carlos Joaquín como gobernador. ¿Cumplirá? De nosotros depende.


Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Diseñado por Octopus Agencia de Marketing Digital