El Sistema Nacional Anticorrupción y los productos milagro

el sistema nacional anticorrupción y los productos milagro

 

Durante gran parte del sexenio del presidente Enrique Peña Nieto, el Sistema Nacional Anticorrupción, por sus siglas SNA, ha sido el caballito de batalla, la promesa de un mejor mañana, el punto de quiebra, el fin de la era perdida, el Oráculo de Delfos de la democracia participativa con cuyo candor limpiará la imagen política de los actuales dirigentes de la nación para transformarlos en inmaculados próceres de la Patria.

Pero como todo en este país, el proyecto de partidizó y perdió todo sentido acabando con su fulgor inicial. Aún con la inigualable presencia de una mujer de la talla de Jacqeline Peschard, quien es reconocida por sus atribuciones a la democracia como exconsejera fundadora del entonces Instituto Federal Electoral y constructora del sistema de protección de datos personales en México, cuyo trabajo como miembro del Consejo del SNA, simplemente no termina por avalar a este gran elefante blanco.

Las reformas constitucionales en materia anticorrupción se publicaron en el Diario Oficial de la Federación (DOF) el 27 de mayo de 2015, y son la base que da sustento a toda la legislación secundaria en la materia, publicada el 18 de julio de 2016 dando vida al Sistema Nacional Anticorrupción, que entró en vigor precisamente el 19 de julio de 2017, es decir, esta semana.

Llama la atención que sea precisamente el día 19 de julio de este año cuando el SNA, tan criticado por todos los sectores por su opacidad entra en vigor, dado que es precisamente en esta fecha que la Fiscalía Especializada en Delitos Electorales, por sus siglas, FEPADE, cumple 23 años de existencia como uno de los puntales de la democracia mexicana y persecutora real de los delincuentes del cuello multicolor, o multipartridista.

Es así, que, en un ambiente de espionaje telefónico, con un estado dividido, con gobernantes presos y una sociedad que no quiere cerrar los ojos ante tales descaros, llega esta vacilada de Sistema Nacional Anticorrupción que de inicio no será autónoma, y por ende, sujeta a los criterios del Fiscal General de la República y de cuyos procesos conocerán las salas anticorrupción del Tribunal Federal de Justicia Fiscal y Administrativa.

Sin embargo, el día que entra en vigor este SNA, no existe la figura del Fiscal General de la República, no existe un Fiscal Anticorrupción, y no existen magistrados designados para las salas administrativas antes mencionadas. Hasta aquí la crónica de la muerte anunciada de un producto milagro.

 


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