Todos somos iguales

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“La coherencia es madre de la credibilidad”

La Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos dice en su Artículo 1, que “en los Estados Unidos Mexicanos todas las personas gozarán de los derechos humanos reconocidos en esta Constitución y en los tratados internacionales de los que el Estado Mexicano sea parte, así como de las garantías para su protección, cuyo ejercicio no podrá restringirse ni suspenderse, salvo en los casos y bajo las condiciones que esta Constitución establece”.

No es la primera ni la última vez que cito este artículo, y los abogados dedicamos muchas horas y utilizamos mucha argumentación basada en este importantísimo precepto de nuestra carta magna. Además se ha puesto de moda y ya son muchos los mexicanos que lo citan. Parece que comienzan a saber por fin, que tienen diversos derechos. Vaya que es un avance.

La interpretación más popular que se hace cuando se habla de este párrafo de la Constitución, es que “no existen ciudadanos de primera ni de segunda”, lo mencionan desde ministros de la Suprema Corte, hasta personas que discuten por un asiento en el autobús. Déjeme jugar un poco con este argumento y sugerirle que los ciudadanos, a pesar de que exista una lucha enorme por la igualdad en la aplicación de la ley y la impartición de justicia, somos los mismos ciudadanos los que nos ponemos en los supuestos de diferenciarnos “unos de otros”, aunque siempre tengamos los mismos derechos.

El 19 de septiembre de 1985 y de 2017 -misma fecha 32 años después- nos mostró a una sociedad impresionantemente solidaria, humanitaria y unida, por mencionar sólo algunos adjetivos. En una tragedia global, la solidaridad de los mexicanos reconstruiría al mundo entero. Es tal y tan abundante que hubo manos que se quedaron sin ayudar, pues no cabían en la zona de derrumbes en la Ciudad de México. La historia también muestra que durante el paso del huracán ‘Wilma’ en 2005, en Cancún, los ciudadanos salimos a reconstruir nuestra ciudad, nos apoyamos, retiramos desde ramas hasta paradigmas como el de conocer y convivir con quienes eran nuestros vecinos y que aun no conocíamos.

Ahora recuerde esto, en Cancún, durante las oscuras noches posteriores al huracán, sin luz, los vecinos tuvimos que quedarnos a cuidar las entradas de las calles para evitar robos, así es. Y ¿sabía usted que en la Ciudad de México hace ya casi dos meses mientras rescataban gente con vida en la Ciudad de México, hubo robos, asaltos, uso de tarjetas de crédito de los ciudadanos fallecidos, etcétera? Mientras la gente ayudaba, había otros que abusaban de la tragedia.

Yo sé que me dirá que “somos más los buenos”, “somos más los que queremos un mejor país”; sí, afortunadamente, pero ahí están aquellos, con su derecho a la presunción de inocencia por ejemplo.

La FIFA está multando a la Selección Mexicana de Futbol cada vez que en un partido se escuche el grito de “eeeeeeh puto”. Un grito que puede llevarse a una discusión aparte y en otra columna, pero que lo emiten un grupo, regularmente de aficionados ––o diputadas del PRI––, que como parte de su diversión ––o de su trabajo legislativo––, consideran que menoscaban el ánimo del portero del equipo contrario al momento de despejar el balón ––o del diputado en la tribuna–– , ‘ofendiéndolo’. Las razones están sujetas a diferentes interpretaciones, pero que muestran una ‘agresión’ y ‘falta de respeto’ según varios especialistas. todos somos iguales

El tema aquí, mi querido lector, es que usted haga una reflexión, analice si los mexicanos que salen y hacen una fila humana durante muchas horas para retirar con sus propias manos cientos de piedras de un edificio derrumbado con olor a muerte, sean los mismos que gritan en el estadio ofendiendo a un solo jugador que hace su papel profesional. ¿Habrá dos clases de ciudadanos, o serán los mismos con un doble rol?, ¿será que tenemos idea de que además de tener los mismos derechos tenemos las mismas obligaciones?

El ciudadano ahora entiende que tiene los mismos derechos por un asiento en el transporte público, pero también está obligado a asumir que debe respetar a los demás, pues “todos somos iguales ante la ley”.

  • Dicen amar a Cancún pero bloquean la Av. Cobá.
  • Califican al Congreso del Estado pero sus empresas desdeñan a sus clientes.
  • Dicen ser verdes y ecologistas y autorizan la construcción de un hotel en El Mirador donde desovan las tortugas.
  • Exclaman que no hay resultados, transparencia ni rendición de cuentas, pero por 42 años utilizaron el Congreso y el Gobierno del Estado como el terreno para gestar los peores fraudes financieros, económicos, políticos y sociales de nuestro estado.
  • Dicen defender los derechos humanos, pero ofenden con el mismo grito del estadio al diputado que habla en la tribuna del Congreso de la Unión.

¿Hay ciudadanos de primera, segunda y hasta octava? Todo depende de la congruencia entre pensar, decir y hacer. Sígame en @obercancun.


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