TRIXIA VALLE

TRIXIA VALLE

Por Ana Hernández.

Fue una hija muy anhelada por sus papás. Primogénita, creció arropada por el amor de su familia, especialmente el de sus “Litos”, sus abuelos. Pero un día entró a la escuela.

Una alumna de extraordinarias calificaciones que soñaba con formar parte de una bolita de amigas e integrarse a sus compañeros de salón. Trixia siempre tenía sus cuadernos perfectos, escribía bonito y amaba jugar resorte. Anhelaba tener fiestas de cumpleaños llenas de invitados, ya que en su grupo eran 40 compañeros.

“¿A poco crees que le gustas a alguien? Tu no le gustas, ni le vas a gustar a nadie”.

Renata era una niña egocéntrica y sin autoestima, desde la primera semana de clases convirtió a Trixia en el blanco de sus ataques. Creció creyendo ser la líder de la escuela, la que dominaba a las amigas más cool. En realidad era el monstruo psicológico del recreo, hizo que Trixia sufriera cada mañana al entrar por la puerta de la escuela, la convirtió en objeto de burlas, la acostumbró a sentirse fea, inferior, la ridiculizo por ser una niña larga y flaca, por el olor de su lunch.

Renata muy tarde aprendió que “las palabras hieren más que la agresión física, porque tardan mas en sanar”.

Casi al terminar la primaria, Trixia milagrosamente logró que sus papás la cambiaran de escuela, a una que estaba construida con ladrillos rojos, que tenía árboles y donde los salones eran máximo de 20 alumnos, aquí los alumnos portaban uniforme todos los días, las maestras sí ponían limites y estaban muy al pendiente de los adolescentes; fue donde se originó la amistad de quienes al día de hoy siguen siendo sus mejores amigas.

Los años pasan, Trixia conoce a Raúl, con quien se casa y comienza a vivir un matrimonio en el que la bulleaban su esposo y sus amigos. Imposible no compartirles la anécdota del libro donde los “invitados de Raúl” en una cena le graffitean los muebles de la sala blanca o peor aún, su esposo no la acompaña al velorio de su Lito ¾el hombre al que ella más quería¾ únicamente la alcanza en la misa de cuerpo presente a la que llega quejándose de no haber tenido tiempo de comer.

Hoy sé, que todo lo que Trixia sufrió de niña a ayudado a sensibilizarnos a los mexicanos, para que cada quien desde su trinchera haga algo para que, siete de cada niños que van a la escuela en nuestro país ya no sean bulleados.

Ella, no claudicó, se convirtió en una mujer que a mis ojos, es un ejemplo a seguir.

Cerrando cicatrices, fue como salió a la luz, la luchadora más destacada de México contra el bullying.

Trixia hoy es una mujer que no practica el autobullying, cuando da una conferencia presidentas Estatales del DIF escuchan, la consultan productores de películas como “Después de Lucia” y líderes de opinión gestores de campañas contra el bullying.

Hoy, es mamá de Ximena y Raúl, el bebé que esta en camino se llamará Alejandro.

Está casada por segundas nupcias con un hombre que la ama, la apoya y con quien está viviendo la historia que siempre soñó.

La niña que escribía bonito, también es autora de

  1. No tengo ganas de ir a trabajar
  2. Ya no quiero ir a la escuela
  3. Ciber reventón y vida Light
  4. La dama presidenciable
  5. Fueron felices para siempre

Diseñado por Octopus Agencia de Marketing Digital